martes, 21 de septiembre de 2010

Conversación con Diego de la Texera (Primera Parte)







Un astro del Cine: De Ponce a Brasil


Diego de la Texera es todo un personaje: altivo, minucioso de ojos, de voz fuerte y sonrisa confundida con los bigotes.

Conocí a este cineasta durante un reportaje que preparé para el Festival de Radio Amigos 2010 de Radio Universidad de Puerto Rico. Luego, tras la muerte del prócer, Juan Mari Bras, no me pareció curioso el verlo llegar a compartir el doloroso duelo. Nos confundimos en un saludo fraternal y con la mirada repasamos las mil historias que compartimos en lo poco que interactuamos.

Para aquellos que no conocen a Diego de la Texera es un doctor del Cine, nacido en Ponce. A temprana edad visitó constantemente a Venezuela, acrecentando su amor por la vida Latinoamericana.

De la Texera es uno de los productores de Cine más discutidos en los países de habla hispana tras haber estado envuelto con los Revolucionarios Sandinistas. Fue el creador de una de las piezas del séptimo arte más importantes de El Salvador, titulada El Salvador: el pueblo vencerá en 1980. Además, fue director de la Escuela Internacional de Cine Televisión de la Habana, una de las más prestigiosas instituciones cinematográficas de nuestro hemisferio.

Comparto con ustedes la promoción de su magnum opus Meteoro y parte de la conversación sobre política y cine que sostuvimos.

¡Que lo disfruten!






Meteoro de Diego de la Texera, una película que toca diferentes temas con un matiz cuasi mágico donde se ve mucha literatura, donde se ve mucho tema, que diríamos, tan latinoamericano, entre nosotros así, que tenemos ese estilo de narrar. ¿Qué es meteoro? ¿Cuándo surge Meteoro?


Meteoro surge…he…la idea surge como en año 97. Así son las cosas en América Latina, tú tienes una idea en el 97 y la realizas en el 2007, fueron 10 años de trabajo para poner esa película en la pantalla. Surge a través de un encuentro puramente fortuito. Yo estaba buscando sinopsis en la oficina de un amigo mío en Río de Janeiro para hacer un paquete de películas para Universal. Y el tenia una gaveta de sinopsis y empezó a sacar sinopsis y una de las que sacó la volvió a meter y me dijo “esa no es sinopsis, mira las otras esa no es sinopsis”.

Y yo me quede curioso. Cuando termino la sesión y escogí mi sinopsis, dije: “No me dejas ver esa que está ahí. Esa que me dijiste que con era sinopsis.” Y era la historia cruda de Meteoro.

Era la historia documental de estos trabajadores que estaban haciendo la rodovia federal 020 de Brasilia a Fortaleza que habían sido abandonados en el medio del certaon junto con 16 prostitutas visitadoras. Cuando vino el golpe militar los abandonaron allá en medio del certaon y ellos construyeron una sociedad perfecta. Un pueblito que se llama Nueva Holanda. Que todavía existe.

¿Cómo termina un ponceño: número uno, cruzando prácticamente América Latina y luego de esto, terminando en Brasil haciendo una película tan trascendental como esta?

¡Diablo! Pues esa es la historia de mi vida. ¿NO? Eso es correr detrás de, quizás lo que está de moda, pero que desde chiquito yo, que tengo familia venezolana, tengo un tío que se fue para allá en los años 30 en la época de Gómez, descubrí tempranamente a América Latina cuando tenía 13 o 14 año. Que íbamos a pasarnos los veranos allá a la playa de Choroní en la casa de mi tío. Ahí me despertó esa hambre por América Latina y como la fascinación de que esa gente era tan parecida a nosotros. Que nosotros de verdad, yo lo que conocía era americanos que venían a Ponce a la cosa de las refinerías de petróleo y los hijos de los americanos. O sea, yo nunca había conocido un venezolano, ni nada de esas cosas. Y me fascinó. Ahí me fui por el mundo viajando y por esas cosas de la vida, pues, me enamoré de varias brasileñas. Fue, te puedo decir, pasó todo eso por amor.

¿Cuál es la importancia de desarrollar un cine que desarrolle un puente entre Puerto Rico y Brasil y de ahí para el resto de Latinoamérica?

Pues eso. Eso en cierta manera, pues es, verdaderamente nosotros somos aislados, somos una isla, por lo tanto somos aislados y los únicos puentes que nosotros tenemos verdaderamente son hacia el norte. Como nosotros somos una colonia, una dependencia de los Estados Unidos todo, todo, nuestros vínculos, todos nuestros puentes, son hacia el norte. Y nosotros prácticamente que estamos, te lo pongo entre comillas, pa’ que no me digan que estoy diciendo embustes, estamos prácticamente prohibidos de viajar para el sur. No es que estemos prohibidos, pero que todos los incentivos son para que tú vayas al norte. Las universidades del norte, Princeton, Harvard, pero nadie nunca habla de la USPI, de San Paolo o de la UCD, de Venezuela. ¿Entiendes? Entonces, hay cierto condicionamiento, un lavado cerebral pa’ que tú te vayas pal norte y no pal sur. ¿Y por qué? Porque cuando tú te vas pal’ norte, tu vas a hacerle trabajos meniales a los americanos, tu vas a hacer un acólito de los americanos, y cuando, si tú te vas pal’ sur, tú te vas a encontrar un chorro de primos y primas igualitos que nosotros, que bailan salsa, que les encanta la magia, y las cosas como son. Y quizás nosotros podamos querer unirnos a ellos en vez de a los americanos. Y eso a ellos no les interesa. Entonces por eso es que nosotros los puertorriqueños si queremos buscar verdaderamente somos como si fuéramos hijos adoptivos, que nos adoptó un padre americano y de repente nos damos cuenta de que ese tipo no es nuestro papá. Y que nosotros entonces nos viramos hacia el sur, y vamos a buscar quienes son nuestros verdaderos padres biológicos que están en Venezuela, en Brasil, en Argentina, en Perú, en Paraguay, en Uruguay. Que eso es nuestra familia lingüística y nuestra familia cultural. Nosotros pertenecemos a ese mundo y no a aquel otro que nos están tratando de forzar.

CONTINUARÁ

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