martes, 13 de julio de 2010

Relecturas: Crítica de Libros Enero 2010



El hombre que amaba a los perros
Leonardo Padura
573 páginas
Tusquets Editores

Leonardo Padura es un obrero de los dos jefes más exigentes del mundo de las letras, la ficción y la historia. No por eso deja de ser un artesano fijo en su trabajo y certero en su palabra. Sin embargo, el aclamado escritor cubano, arduamente leído tanto en su Habana como en Hispanoamérica, ha despuntado con una nueva faceta, aleccionadora y voraz. Su más reciente obra, El hombre que amaba los perros, es un recuento que dista un poco de su usual novela negra o policiaca y deja a un lado a su tenaz Mario Conde.
Esta vez el narrador de Mantilla reconstruye la historia de Ramón Mercader, asesino del revolucionario político, Leon Trotsky. El hombre que amaba los perros, es un ajedrez donde tres piezas principales se funden entre personajes rusos, mexicanos, turcos, franceses y cubanos. Como es de esperar, Leonardo Padura desgarra el velo del mito y nos presenta a un León Trotsky más humano y sentimental de lo que se acostumbra a leer. En su otra mano lleva el relato de Ramón Mercader a través de una extensa narrativa que resalta lo sicológico y lo militar que, según el propio Padura, llevan al comunista español a convertirse en un suspiro de la historia. Sin embargo, se revuelca entremedio de las tramas políticas y la realidad de una Cuba que transcurre del 1970 hasta el presente, un germen de escritor llamado Iván quien se despega del autor para convertirse en testigo de un relato que cambiaría la perspectiva de la Antilla Mayor y sobre todo del mundo entero.
El hombre que amaba los perros, lleva al lector a través de una prosa que cruza la purgación bajo el mandato de Yosef Stalin, la Guerra Civil Española y hasta el avance de la Alemania Nazi. A pesar de esto, Padura desdobla las fibras de la ficción en esta logradísima obra, producto de casi más de cinco años de investigación.
Al final el lector tendrá que enfrentarse al más crudo relato de todos y comprenderá que El hombre que amaba los perros lo ha llevado a ver los espacios más recónditos de una serie de personajes que jugaron un papel estelar en el mundo que hoy vivimos. Sin duda, Padura ha usado la ficción para entrar en un mundo en el cual pocos historiadores han tenido la gracia de penetrar.
El hombre que amaba los perros es la antítesis de la teoría del iceberg de Hemingway, pues en esta novela el autor nos da todo: las pasiones, el odio, la desesperanza, la libertad y los sueños y solamente, luego de una lectura no apta para principiantes, el desocupado lector comprenderá que la historia puede ser una gran novela.
Le recomiendo El hombre que amaba a los perros a los amantes de la novela histórica, los sociólogos, politólogos y a todo aquel que desee explorar lo que puede lograr un veterano novelista cuando se lo determina.






Vivir del Cuento
141 páginas
Varios Autores
Terranova Editores

El cuento es una necesidad humana. Surge de un sentimiento innegable de relatar algo a alguien. Una necesidad que podría decirse que es hasta visceral. En el pasado año 2009 se publicó un ejemplo de esto en la antología Vivir del Cuento, escrita por los estudiantes del programa de maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón.


Vivir del Cuento es una experiencia de escritura tanto para los lectores como para aquellos que la han escrito. Dentro de este libro se podrá observar una docilidad hacia el relato de voz cotidiana y trama sorpresiva. Cuentos como sacados de alguna película de ciencia ficción se entrelazan con historias cargadas del factor de lo moral. No cabe duda que este grupo de escritores comparten un sueño a la vez que se distinguen entre sí.


Isamaris Castrodad, Juan Algarín, Shara Lávender, Blancairis Miranda, Héctor Morales, Luccía Reverón, Sandra Santana y Andrés O’Neill se desdoblan en este libro. En él se encontrarán relatos donde el elemento catalítico es la variedad narrativa.


Lejos de ser un microcosmos particular, el libro es un encontronazo con una literatura contemporánea caracterizada por el relato de “lo común pero morboso”. Aquí no hay excelsos escritores sino gente de carne y hueso que se aventura a entretener al desocupado lector. Existe en Vivir del Cuento esa sensación de conversación personal como si cada uno de los autores detuviera a uno en la calle para narrarnos un poco del Puerto Rico de hoy.


Ante un complejo panorama cultural por el que atravesamos, los lectores ávidos que deseen una experiencia variada la encontrarán en este libro. Hay relatos cortos, relatos largos, relatos verosímiles, relatos profundos, relatos macabros…en fin, de todo para el lector curioso.
Vivir del Cuento añade un capítulo más a la tradición narrativa puertorriqueña y se mezcla con la tendencia de recopilar autores en revistas literarias al estilo de las generaciones del ‘70 y el ’80.




Resta por decir que al estos autores aventurarse al mundo literario como forma de vida no me sorprendería que se redescubrieran en sus textos. Hay una posibilidad grande de que de este grupo surjan nuevos libros, nuevas vivencias e incluso nuevos géneros. Por ahora, le recomiendo Vivir del Cuento al lector aficionado, al estudiante e incluso a aquellos que gocen de analizar las corrientes literarias de la historia puertorriqueña.

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