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jueves, 3 de marzo de 2011

Problemitas, problemitas, problemitas…

(Tomado de grockit.com)

Hablar de la UPR ahora es “cool”. Es una manera de demostrarle a los demás que tu puedes hablar de lo que está “in”. Por obra de los medios, seguramente lo que diga cualquier persona recobrará algo de interés no porque sea correcto, interesante o acertado, sino porque meramente es de la UPR y hay que problematizarla hasta que nos emborrachemos de suposiciones y preguntas. Y no se tome a mal, hay que hablar, hay que discutir, hay que escribir; no obstante, no se puede hacer por el mero hecho de hacer, hay que tomar postura y abalanzarse con esmero hacia una solución lógica y retórica, no sólo discursiva o estética.


Esta semana afloró en uno de los rotativos nacionales una columna titulada “La UPR es el problema”. Como la canción de Ricardo Arjona, trillada hasta la saciedad, el problema parece ser la inhabilidad de identificar el problema. O mejor dicho, la cuestión es el tratar de desenfocar las controversias actuales y querer darles esa significación puertorriquenísima de que nuestro presente es culpa de un pasado que se asemeja al relevo de batuta (la cansada doctrina de que somos vagos porque los taínos eran vagos etc., etc.).

Al hacer lectura de esta columna nos topamos inevitablemente con dos elementos: el distanciamiento y la antítesis. El artículo comienza con una separación del sujeto y el problema mediante el “se” pasivo e impersonal. “Se continúa arguyendo…”; “Se alega…”; “Se piensa…”; “Se cree…” etc., etc., etc. Queda claro, ab initio, que el autor no tiene nada que ver con el asunto (que tampoco tiene interés en intervenir constructivamente al mismo) y que disfruta de la visión del tercero enajenado en la torre de marfil. Así, poco a poco esboza que el problema universitario se va transformando en una cuestión de “gubernamentalidad puertorriqueña” (el issue generalizado de todas las controversias sociales de P.R.).

En el caso de las antítesis, el artículo apunta que el argumento del conflicto versa sobre el financiamiento y, más aun, el regresar al “financiamiento público de antaño”. ¿Qué rayos es eso del “financiamiento público de antaño”? ¡Sabrá Dios! ¿Cuál es el nuevo financiamiento entonces? No conozco otro mecanismo de fisco para la UPR que no sea el que tenía constituido por ley desde los momentos de su creación.

El artículo retoma el camino de lo que “se arguye” y denota que el problema universitario proviene de la política económica y fiscal que ha ido mermando el Fondo General del Estado Libre Asociado. No podemos dudar que esta perspectiva sea acertada por cuanto ese ha sido el modus operandi del gobierno de Puerto Rico en los últimos dos años: recorta aquí, quita allá, disloca acá. Sin embargo, ¿dónde es que este artículo desenfoca la problemática con la UPR?

El autor señala que la cuestión universitaria se ha atendido con un discurso anacrónico y “sin contenido alguno” por parte de los propios actores del conflicto. E aquí la barranca de la confusión. O sea, ¿la lucha por una educación de primera a un costo módico con la cual el Estado fomentaría la salida del estancamiento del sector menos privilegiado del país es un discurso vetusto e inservible? Partir de una premisa tan simplista como la expuesta en la columna arrojaría que los universitarios- que viven en carne propia el problema de su institución- no tienen la herramienta discursiva adecuada para trabajar con la presente crisis. Pensar así muestra una falta de interés y conocimiento sobre el asunto que, más allá de la ignorancia, raya en la morbosidad. Este tipo de paternalismo disfrazado de análisis financiero produce ecuaciones como: los maestros no tienen el discurso para atender los problemas magisteriales, los pescadores no tienen el enfoque adecuado para lidiar con los problemas de la pesca, y así sucesivamente, alabando la intervención de terceros, corrigiendo como el buen padre de familia, mentando la soga en la casa del ahorcado.

Este tipo de retórica, más que acunarse con los pronunciamientos gubernamentales de turno, prostituyen lo que todo ciudadano debería hacer: El aportar a la discusión para solucionar el conflicto de una de las instituciones más antiguas y más beneficiosas para Puerto Rico. El abordar el asunto según los fundamentos del artículo de marras es darle la razón a los dictámenes puramente políticos que llenan a la Junta de Síndicos de administradores comerciales carentes de una lógica académica, es ratificar los sellos de goma politiqueros que asumen puestos con el fin de dragar el fisco universitario, en fin, llevaría a la ruina total de la UPR.

Además: ¿Cómo es posible que se pretenda indicar que el problema de la Universidad de Puerto Rico ha sido su desligamiento con el país? Darle un espaldarazo a esta propuesta sería el pecar con lo que el propio artículo critica, lo anacrónico y lo irreal.

La Universidad de Puerto Rico es una de las entidades de mayor participación ciudadana en comparación con otras instituciones estatales en otros países. Es parte de nuestra cultura el aceptar que hay algo más allá de la escuela superior. Contrario a Australia o al propio EE.UU. (la referencia por excelencia según algunos), los jóvenes puertorriqueños optan mayormente por proseguir estudios con el fin de desarrollarse económicamente, social e incluso familiar. En las conexiones sanguíneas, de afinidad o amistad siempre nos toparemos con alguien que haya decidido estudiar luego de su cuarto año, y más aun, que haya tomado la decisión de estudiar en la UPR.

¿Cómo tapar el sol con un dedo? P.R. es una esmeralda de 100 x 35 en medio del Caribe, con 11 recintos distribuidos en su mapa: Aunque sea para ir a un pub, hay una interacción con gente enlazada a la UPR. Esto sin dejar a un lado el hecho de que hay un grupo de ciudadanos que trabaja en la UPR y que benefician a sus dependientes, o sea que la UPR llega a tocar incluso a aquellos que ni siquiera se proyectan a pertenecer a ella. Quien haya leído un libro de Mayra Santos Febres o de Luis Rafael Sánchez, interactúa, en parte, con la UPR. Lo mismo sucede al escuchar las opiniones radiales de José Alameda, Inés Quiles e incluso del Prof. Carlos Díaz Olivo. Hay una vinculación con la universidad, negarlo es ignorar la realidad.

(Tomado de jungnewyork.com)

Por otro lado, el acusar a la institución de ser una fábrica de personas enfiladas a una sociedad de consumo bajo el manto de Jaime Benítez a la vez que se habla de un supuesto enajenamiento con la naturaleza del país es otra contradicción. Hacer ese tipo de apuestas es dejar a un lado la labor de maestros, enfermeras y otros servidores públicos que mediante una educación de primer orden se dieron a la tarea de trabajar con una sociedad enfrascada en la miseria en tiempos pasados. Primordialmente, esa pobreza vino acentuada por el yugo económico de la metrópolis española y luego la americana. Es más, la primera se caracterizó por su constante negativa de dar una universidad a la Isla con el fin de mejorar su condición económica y social. En puridad, el análisis del artículo peca al creer que la historia puertorriqueña comenzó en el 1952.

Lo anterior se une al concepto de la Universidad como centro de hipnosis política sumada a una cultura consumista y occidentalizada. No se cómo estas palabras caben en una misma oración sin tropezar entre sí. No obstante, reenfoco en el hecho de que esta aseveración no representa la realidad de la historia universitaria. Veamos.

La UPR siempre ha sido un centro de cuestionamiento político, de problematización y crítica social. No existe tal cosa como un ser civilizado y obediente (colonial, que se sabe la Ley Foraker, la Jones y la 600 al dedillo) que se pare de frente a los estudiantes que desde la corriente del pensar comenzaron uno de los procesos de resistencia más significativos de la historia de Puerto Rico. Tampoco es pertinente el calificar de occidental a una educación que cada vez experimenta una inclinación más profunda hacia lo puertorriqueño en su contexto antillano. Esto es pretender sustituir la realidad, la historia, la materialidad de la universidad e incluso del pueblo. Seguir este tipo de discurso sólo propende a que caigamos en la carnada dudosa de sustituir las propias fibras sociales e históricas por la opinión del autor. Esto sin duda es irrespetuoso.

Certificar que “la educación universitaria estimuló la obediencia como credencial de ciudadanía y la productividad (vía el individualismo y la competencia) como propulsor de “bienestar”, debilitándose la solidaridad social y las capacidad colectivas del puertorriqueño” es cometer uno de los atentados más torcidos en el presente debate universitario. Esto se suma a la dislocada noción de que la universidad contribuyó a que le quitaran al jíbaro su felicidad pueblerina. Dudo mucho que hubiese una intención capitalista en la mente de Don Enrique Laguerre cuando, recién graduado de la UPR, regresó a su humilde pueblo a impartir clases en una comunidad que sufría por la carencia de una educación adecuada. Como lo atestigua el pasado ejemplo y cientos de otros más, el ceder ante una opinión trillada que busca deconstruir la visión de una institución que por años ha redefinido los parámetros del pensar borincano es caer en la política barata. Aceptar las aseveraciones del artículo sería una afrenta a la sinceridad.

Más aun, el autor indica que la UPR fue la que nos educó para administrar nuestra pobreza. Nos topamos entonces con el fenómeno de la sustitución, del reenfoque y la desviación. El artículo le echa la culpa a la UPR de lo que el propio gobierno ha fomentado, más aun, lo que la propia cultura del consumismo y la política del mantengo han entronizado.

A modo de conclusión, se pregunta cuánto más tendrá la ciudadanía que escuchar la retórica de la falta de fondos y cuándo se propondrá algo diferente para fortalecer la autonomía política y las capacidades de los ciudadanos.

Las contestaciones son sencillas: El discurso de falta de fondos no cesará porque es una realidad-agravada en parte por la Ley 7- y, en segundo lugar, los universitarios si han hecho propuestas que buscan la autonomía política y la capacidad ciudadana. Si a estas alturas un artículo como el que discutimos hace este tipo de preguntas es porque está tan alejado de la sociedad, tan ensimismado y separado de la realidad (incluso la realidad histórica) que su único propósito es plasmar un sentimiento abyecto hacia la UPR y el País. ¿Vergonzoso no creen?

viernes, 18 de febrero de 2011

Contestación a Iván Chaar López

Apelando a la comunicación y, más aun, a un proceso de dialéctica producto de la invitación del colega Iván Chaar López, me apresto a realizar un pequeño ejercicio en torno a su escrito Seguimos, publicado en su espacio virtual, Multitud Enred(ada). Iván, con aprecio,…elaboremos un espacio de discusión:


La huelga en la Universidad de Puerto Rico (UPR) ha producido un sinnúmero de discursos que mayormente redundan en la convalidación o no del fenómeno de la huelga. Sin lugar a dudas, vale la pena sentarse a analizar los pro’ y contras de este movimiento, tal cual lo hace Chaar López. No obstante, a pesar de que su conclusión es un tanto acertada, en cuanto conglomera el pensar de muchos de los estudiantes que se encuentran en una situación que implica difíciles decisiones, algunos fundamentos para sostener la misma son, en cierta medida, focalmente dislocados.

La Ley del Fondo Especial para Becas de la Universidad de Puerto Rico, P. del S. 1895, firmada por el primer ejecutivo el 30 de noviembre de 2010

La llamada Ley de Becas fue uno de los intentos de disuasión por parte de los políticos para detener el apoyo de un nutrido grupo de estudiantes a la vez que cimentaba el juego político del Presidente del Senado. Una granadita: Eso fue lo que simbolizó esta medida, la cual era en esencia un mecanismo para medir la disposición política de Luis G. Fortuño. El P. del S. 1895 fue el barómetro político con el cual se determinó, para bien o para mal, que el asunto en la UPR se ha convertido en uno de los catalíticos que determinarán las elecciones del 2012.

Sin querer queriendo, los estudiantes se vieron en medio de un vórtice de propuestas y tirijalas entre los líderes de la mayoría partidista mientras debatían si la huelga ponía o no la acreditación en juego. Al final del tramo, el Gobernador firmó la ley, no por presiones departe del estudiantado (cosa que certifica Chaar López) sino por el costó político que conllevaba el negarla.

A razón de lo expuesto, vale la pena formularse: ¿En huelga o no, se hubiese firmado el P.del S. 1895? La contestación es en lo afirmativo.

El proyecto no estaba determinado a las consecuencias de un movimiento de paralización, era un planteamiento de política pública, de discurso para las masas que se sientan a ver las noticias a las 6 (o la Comay), en puridad, era una cuestión de mejorar imágenes y limpiar un poco las manchas post Ley 7 y post Huelga (Primera Parte).

Hubiese o no huelga, dando por sentado que la radicación del Proyecto se dio en un contexto donde no existía tal paralización, iba a ser firmado por el miedo a una reacción popular. La intransigencia palmaria fue eclipsada porque forzosamente se tenía que llegar a un estado de neutralidad ideológica (aparente) en la imagen del Primer Ejecutivo (Me habían llegado rumores de que el Gobernador se había opuesto tenazmente al proyecto, pero varios asesores intercedieron).

Según lo expuesto, sin quitar méritos a la apuesta de Chaar López, la Huelga y la Ley de Becas, analógicamente, son: Vehículos que transitan por el mismo camino pero que no llegaron a un mismo fin porque no eran conducidos por los mismos intereses.

“Trial & Error” y el problema de los $$$

Como segundo punto, Chaar López apunta que el proceso de la huelga fue en cierta medida un ejercicio de experimentación. Principalmente, para “probar tácticas y retar límites”. Sin embargo, este proceso, claramente positivista, se enfrenta inevitablemente a uno de los argumentos que esbozan algunos compañeros, el cual puede resumirse en: ¿En realidad hubo una huelga?

O sea, a pesar de la existencia de un voto de huelga (que muchos han dicho que nos lo pasaron a la mala) la materialización de ese elemento nunca llegó formalizarse. Siguiendo esa línea, la cual necesita corroborarse por estar atisbada de controversias fácticas, el problema del llamado “trial & error” que cita Chaar López puede ser más el producto de la no-huelga: De una huelga natimuerta que se vio forzada a los métodos no tradicionales y que inevitablemente detonó en la confrontación como mecanismo del ejercicio político.

Sin embargo, la crudeza de lo antes expuesto no debe ser tomado como cierto totalmente, ya que si empleamos un poco la experiencia y las discusiones en los plenos, lo que tenemos en nuestras manos fue la “nueva huelga”: Una huelga que no trancó portones, que no se acuarteló y que en cada momento se presentó como una alternativa combativa (en todo el sentido de la frase) y que llamaba al careo con el intruso (la Policía de Puerto Rico). Inevitablemente, no puedo hacer un juicio de esto, ya que para algunos la huelga nunca se dio mientras para otros se dio de otra forma. Esto se lo dejo a quienes deseen pelarse los ojos pensando en esto. Empero, mi postura va más hacia al llamado “Trial & Error”.

Concluyo que ese fenómeno de la experimentación existió incluso desde antes de que se llevara a cabo esta Segunda Huelga (No-Huelga o Nueva Huelga). Ese evaluar de estrategias y límites siempre ha estado ahí, pero los recientes conflictos sirvieron de lupa; forzaron a prestar nuestra atención ante el tanteo del estudiantado. Tanteo necesario, que primordialmente surgió como consecuencia de las acciones de la administración (por soldar los portones, por meter la policía a los fueros, de noche y con un shock and awe de dimensiones absurdas, momento que presencié junto a Chaar López y que nos indignó muchísimo).

La filigrana de los argumentos presenta que tanto Chaar como este servidor, creemos que el proceso de experimentación no es ni malo y ni absurdo, sino necesario. Sin embargo, la cuestión que se muestra latente subyace en lo que Chaar denomina el problema de los espacios de discusión y en el intento de cuantificar los procesos de pensamiento. Esto, más que un problema característico de la Huelga, es un problema discursivo. ¿Quién le va a quitar lo económico al grupo de marxistas que ejemplifican la desigualdad en jerga económica? O sea, ¿esto es un problema por los chavos o es más un problema por el espacio de pensamiento universal? Sin lugar a dudas es una cuestión dual y lleva a replantearnos los fines de la lucha. Se pelea por el problema económico o por el problema de represión del pensamiento, o en el mejor de los casos, por los dos. No obstante: ¿Son opciones a escoger o son indisolubles? Forzoso es concluir que algunos luchan por ese espacio de justicia social y económica mientras otros lo hacen por salvar el pensamiento y que en una marcha no se distinguen con facilidad. Sin embargo, trazando esto a la huelga: ¿no es eso lo que unió al estudiantado? ¿No habían intelectuales tirando piedras? ¿No había combatientes que se preocupaban por la libertad de pensamiento en un estado de ponderación y aplicación del discurso? En todo caso, considero que había ejemplos de ambos.

A pesar de lo anterior, subyace el problema de que el discurso mediático se circunscribe a lo económico y esto es lo que a Chaar López le preocupa. O sea: ¿Dónde se quedaron los programas en pausa? ¿Qué pasó con la retórica de no se puede estudiar en un recinto sitiado?

Por mi parte, la preocupación del colega es genuina y creo que la metáfora de darle “play” a los programas en pausa recoge muy bien esa problemática que en gran medida fue soslayada. Sin embargo, no creo que este asunto haya aflorado tanto en el estudiantado (no creo que las piedras llevaran escrito “saquen a Hispánicos de la pausa”), más bien, a quienes trastocó este fenómeno fue a los claustrales (no sin dejar a un lado a un nutrido grupo de estudiantes que dieron la pelea) y yace ahí la esencia de la subida a escena de la Asociación de Profesores Universitarios. ¿Por qué no acapararon mediáticamente en contra del asalto al pensar? Quizás Chaar López tiene la contestación o por lo menos la profesó al publicar el ensayo del profesor Quintero Herencia en Multitud Enred(ada).

En cierta medida, hay que adjuntar a esto el hecho de que lamentablemente la cuestión con los medios y su visión comercializada del asunto en la UPR es producto de la maldita cultura capitalista que deja a un lado la preocupación que debe generar la puñalada al conocimiento. Jodidamente, la cobertura apunta al dinero porque el que ve desde su hogar el conflicto se identifica más con no tener un peso a no tener un espacio para discutir y pensar. Esto implica que se tiene un problema mediático, no relacionado a la huelga, sino a aquellos que transportan el mensaje de los estudiantes a los televidentes, lectores y radioescuchas, etc. He aquí mi principal crítica a la fundamentación que ofreció Chaar López: A mi entender, los medios contribuyeron al dejar a un lado una noticia que posiblemente demostrara la esencia de todo esto, o sea el problema de que en la Universidad se prohibía pensar, eso no fue un efecto de la huelga. Surge entonces mi pregunta: ¿Qué rayos le pasa a los medios que no están profundizando en el por qué de las acciones estudiantiles? ¿Tenemos que hacerle el trabajo de pensar mientras ellos se dedican a cubrir y hacer rating solamente?

Conclusión: Una nueva fundamentación/ Hacia el re-pensamiento de la Universidad y su discurso de defensa

Según fue descrito al inicio de esta vebo-diarrea, a pesar de que algunos de los fundamentos que ofrece Chaar López pueden ser re-elaborados, me inclino a darle la razón en cuanto a su conclusión. Creo que su llamado a desarrollar nuevos espacios de discusión e intercambio, promueven el resolver la necesidad que ahora mismo hace un llamado de auxilio.

Ante este marco de elaboraciones y construcciones pro UPR que expongo, le recuerdo a Chaar López que lo que está ocurriendo en el presente debate educativo (a nivel superior y quizás a un nivel supremo a este) no se circunscribirá meramente a la ratificación o no de una huelga.

Chaar López ha tenido la contestación durante todo este tiempo (Lo sabes Iván, pero me sorprende que el juego de semántica- Huelga, Boycot, Manifestaciones, etc, etc,- ha problematizado demasiado todo este asunto como para no darnos cuentas-me incluyo-) y siendo más claro, propongo un nuevo fundamento para tu apuesta a la transformación del discurso y la lucha:

No hace falta una asamblea, una huelga, no hace falta que la nombremos o no, porque la defensa del pensamiento y la discusión es atemporal y ajena a la existencia o no de los conflictos sociales (pero no indiferente), debe ser una defensa eterna. La universidad no se circunscribe a paredes, profesores, promedios y propuestas. La universidad sólo une nuestro pensar, mas no lo sitia. Creo que es hora de llevar el concepto universitario a otro nivel, a salir de la desidia y a enfrentar discursivamente. No porque haya estado ausente dicho paradigma sino porque una huelga universitaria sin la base ideológica del saber y el discutir es retórica vacía y cae en lo que en los pasados días hemos atestiguado: violencia. Todo movimiento se presencia con una teoría que lo solidifica y lo fundamente, hay que llevar a cabo ese ejercicio, porque la oposición ya lo ha hecho.

Además, indudablemente Chaar López lo había predicho ya que todo esto se convirtió en su propia propuesta-nos aparecemos de día, Pintamos, Bailamos, Marchamos, nos aparecemos de noche, algunos van a sus clases otros no, etc.- o sea, al final de la hora hay que admitir que todo esto se convirtió en la sublevación carnavalesca o su parecido.

Por mi alergia a Facebook no he podido leer, en su totalidad, las proclamas emitidas y suscritas por mis compadres Arturo Ríos, René Vargas y otros que llaman a la causa. Ante todo esto, certifico que lo menesteroso es contestar al llamado que se hizo en el ensayo ¿Seguimos?

Iván: Has tenido razón todo este tiempo. Creo que tu conclusión es acertada. ¿Seguimos? Seguro. Avísame, que en ese proyecto cuentas conmigo. Seguimos y seguiremos “por la defensa de una universidad abierta, crítica y reflexiva.”

Cordialmente,

NEVS

martes, 18 de enero de 2011

Reflexiones para una apuesta a la periferia*


A veces para pensar hay que dejar a un lado ciertos estigmas que llevan etiquetas que oprimen y destruyen por ser posiciones centristas y confeccionadas desde los valores de la supremacía. El dominio- el control- es en cierta medida una ráfaga de aquello que Dussel con tanto verbo ha criticado: La devaluación del nosotros ante la posición del ellos, o sea, de los dominantes. Es así que comienzo esta añadidura a la novela, otra entrada más a las discusiones que han fomentado ESTE y otros espacios. Volvemos a repensar la Universidad, esta vez desde el marco de lo centrifugado.


El dominio caracteriza el discurso que se ha dado tanto por parte de la administración como por algunas personas que no pertenecen a la misma. Sigue el mismo patrón de diferenciación, la construcción de la otredad y el fomento al desvinculo. Estos discursos siembran una línea de pensamiento que busca a todo dar el separarse del problema universitario. El “no es conmigo”, “yo no me meto en eso” y el “allá ellos” figuran como la nueva apuesta de algunos en un momento en que el eclipse se vislumbra al darse los procesos de pago matrícula.

Esa corriente discursiva es fomentada por la mediatización de dicha postura atribuible sólo a la parte con poder (confieso que este absoluto es debatible). Anuncios en periódicos, televisión y radio acaparan el enero del 2011, acentuando de esa forma las ansias de “nuevo comienzo” que algunos auguran. Otros, terceros en la relación con la Universidad (y en su mayoría familiares) dan esperanza al hecho de que su estudiante está próximo a graduarse. Ya se sale de ese revolú, ya no formará parte del desorden. Así, lo que hemos enunciado propende a la creación de un ex alumno ajeno a los procesos, un remojo en el río al igual que Aquiles. La llamada “universidad de pasadita”, “fábrica de desempleados” etc., etc. y etc.

Aquí yace el nuevo terror, o sea el miedo al fracaso (que a la vez redunda en el miedo a asumir posturas políticas). El imperativo del dominante se combina con la imaginación a favor del caos. Es así que la relación sinalagmática entre poder y amenaza invisible se duplica o refleja así misma, omnipresente (endiosada). Slavoj Zizek, La suspensión política de la ética. Al final el coeficiente es una persona que prefiere no participar de los procesos porque se ha creado un miedo más allá al ser catalogado como inferior por los apoderados, sino a ser parte de un llamado fracaso.



Estas meditaciones no van solitarias por estos andares. Surgen mayormente de la noticia de la “pausa” al programa sub-graduado del Departamento de Estudios Hispánicos del Recinto de Río Piedras. Esta información debería revolcarle las tripas (por lo menos) a todo aquel que asegure tener por lo menos dos onzas de dignidad.

El aguijón al corazón fue fuerte porque, a pesar de ser egresado del programa de Mayagüez-fundado por los Profesores Álvarez Nazario y Josefina Rivera-, la sensación de arrebatamiento es genuina. Me han quitado algo, aunque- en puridad- ha sido el resquebrajamiento de la expectativa de alguna muchacha o muchacho que (como yo en el pasado) optaba por ingresar a dicho programa. La mala nueva me remontó a aquel tiempo en que confundido y deseoso llené la bolita para que enviaran los resultados de mis pruebas al Departamento de Hispánicos: Porque quise ser hispanista, porque amo la literatura, porque después de llenar la bolita en la hoja de opciones y tomar la decisión regresé a mi alcoba a terminar de leer Póstumo el transmigrado de Alejandro Tapia y Rivera (dicho sea de paso un excelente regalo de Reyes Magos de aquella última Navidad de Escuela Superior –Sí, tomé la buena costumbre de pedir libros en vez de juguetes-).

Sin embargo, el nuevo ex alumno ha recibido el duro golpe de la tergiversación, el no sentirse a fin con su alma mater. Desgraciadamente, ha aprendido a negarla. Puede haber diferencias de criterio con lo que expreso y ojalá no terminen en otro artículo de “tiraera” en el ciberespacio, pero la realidad es que el discurso de la minusvalía aflora aquí y allá. Se ha construido una UPR ajena, un lugar incómodo, un túnel donde uno entra por un lado y sale por el otro en busca de esa paca de dinero, de ese carro, de esa casa que a todos se le promete. Que es simbología del éxito en la idiosincrasia boricua.

Ante esto, mi experiencia fue un tanto distinta. El gran sufrimiento previo a dejar el Colegio fue mi preocupación desde el momento en que me envicié con la savia del Departamento de Estudios Hispánicos: ¿En dónde iba a conseguir a las Humanidades? ¿Con quién iba a hablar de libros? ¿Dónde vería una obra de teatro? ¿Qué pasaría con las noches de tertulia?

Algunos argumentarán que en el Tapia, que en la Tertulia…PERO NO. Jamás existirá un espacio humanístico como la Universidad. Ese estado, ese sentido de permanencia, eso es lo que el discurso del dominio abunda y conspira a mancillar. O sea, la Universidad es nuestra, no tuya. Entra, coge las clases y vete.

El dominar implica el conquistar, ese ha sido el norte de aquel que impone. Si se quiere, llévese a lo político y observe como un país domina por fuerza, por moneda o por la voz de la ley. Llévese a lo histórico y lea los nombres de los que escriben dicha “historia”. Llévese a lo filosófico y encuentre La voluntad de poder, (sólo como ejemplo y hago mención con los debidos respetos). En fin, instancias en donde lo céntrico, la postura del dominio, abarca el discurso y luego sienta la pauta que los demás (conquistados) deben seguir por tener la potestad de bautizar como exitoso o como fracasado a los de abajo.



Afirma Dussel en Philosophy of Liberation, que aquellos que se mantienen en el centro optan por circunscribirse a esa realidad. Carecen de la visión que garantiza la periferia. O sea, que la capacidad creativa e innovadora proviene de aquellos fuera de la línea conductual del dominio. Ese juego está presente, se reconoce de antaño. Por tanto re-fraseamos: La abrumadora postura del que observa es capaz de traer ese cambio.

A razón de lo esbozado, mi apuesta es a los ex-alumnos. A que busquen en los recodos de la memoria, a negarse a la educación “de pasadita”. A valerse de su posición periférica para adentrarse a lo que es y será su alma mater. A no amedrentarse por el discurso de dominio y no sentirse excluidos de los espacios de fricción comunicativa. Allí puede urgirse el cambio, la transfiguración de las posibilidades.

Sentarse en la banca a ver como los de ahora juegan el partido es contraproducente. Aun es tiempo, aun son de la YUPI. No participar sería en cierta medida ceder a la subyugación invisible de la amenaza.

Si existiera esa subyugación no podría estar escribiendo en este espacio. Las discusiones- las que ya están plasmadas y las que vendrán- generan focos donde el dominio (censura) NO ES EL NORTE. De nada valdría utilizar esos puntos de fricción si los mensajes produjeran ese vacío perturbador que se allega al momento del aburrimiento. Porque para muchos, o para algunos, silenciar es una opción. Para otros, el dominio es la vertiente. Pero, para el resto la claudicación no puede ser un destino. Es hora de encausarnos hacia un pensamiento universitario puertorriqueño, un pensamiento de todos.