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miércoles, 31 de julio de 2024

Lullaby para Don Luis: Una semi-crónica interrumpida entre poesía

Alas le dé a tu sueño el éter de quimeras 

Clara Lair. "Lullaby Mayor".




Una vez me escabullí a casa de abuela a matar el tiempo y culminé en el cuarto de madera del fondo. Las luces estaban apagadas, las ventanas cerradas y el aire acondicionado encendido. Allí la matriarca dormía a uno de los más pequeños— hoy de los más grandes— en una mecedora un tanto moderna. ¡Cantaba!   

Verde luz de monte y mar
Isla virgen del coral
Si me ausento de tus playas rumorosas
Si me alejo de tus palmas silenciosas
Quiero volver, quiero volver

Uno observaba en trance el dormir ajeno y asimismo se llevaba a uno— ya mayor— a la ribera de una playa palmera con un sueño místico y profundo. La consciencia marcó un hito: ¡Abuela había usado Verde Luz como lullaby para sus nietos! Fue un descubrimiento con sorpresa y familiaridad a la vez: El El efímero jungiano había llevado del inconsicente al consciente la canción de cuna que ahora surgía como motor del carácter. Y es que así era la infancia, plagada del cancionero del vate mocano.

Solina, solina 
¿quién te dío esa flor? 
Me la dió Cupido 
en prueba de amor.

El Topo murió el 23 de julio de 2024. Unos días antes del palimpsesto del 25 de julio [escoja la fecha que más le guste]. Su voz de tenor y su lírica de vate bien hecho queda sazonada por la realidad: El Topo era un bohemio mocano. Par de veces lo vi andar por la plaza. ¡Alegre y rápido! 

Voló, voló
Ana María voló
Voló de mi palomar,
Mi palomita volo

Ayer este monte bautizado con solo cuatro letras lo esperó y estuvo con él hasta el anochecer. El Coliseo Juan Sánchez Acevedo estaba con un vaivén de gente desde la tarde. Este cronista tuvo que atender sus responsabilidades pero pudo llegar a las 7:20pm. Le di la vuelta a la avenida Concepción Vera pasando el Paseo Artesanal donde la gente afloraba en un kiosko de esquina preparando bebida y kareoke. Cualquier otro hubiera parado allí a demandar solemnidad y pureza ante el velatorio. Algo incorrecto en Moca. Primeramente que al cruzar la calle se encuentra la funeraria así que en la capital del mundillo a todo fallecido se le canta y se le bebe ipso facto. Más allá: ¿Qué hubiera querido Don Luis? ¿Silencio y tristeza?

¿Dónde vas María?
¿Dónde vas María?
Solita y a pie
voy buscando al niño
dónde lo hallaré
voy buscando al niño aah aay
dónde lo hallaré.

Al costado del coliseo se daba la liga de baloncesto en la pequeña cancha. Había vociferar de padres, silbos de árbitros, niños sudados que corrían diestra y siniestra. El pueblo está vivo. Así es, así siempre será. Por lo que sin preocupaciones continué hasta ver abarrotado el estacionamiento. Era una señal hermosa, la gente se había dado cita como si hubieran traído a un gigante cuando Don Luis— característico de su familia— era un montoncito de arte y música.

Por tierra y por mar 
en donde me hallara
Conmigo tu estabas
Madre, en mi soñar  

Aparqué el armatoste de vehículo que uso y llegué a la entrada del coliseo donde jugué volibol, me gradué, donde trotaba de adulto para aplacar los lípidos sanguinales. La realidad es que allí había más fiesta. ¡Bullicio! ¡Correr! Un pinchero repartía su mercancía. En el vestíbulo la gente se agrupaba en tertulia con un fuertísimo olor a café. El coliseo era funeraria, o mejor, era templo.

Luchando por un cariño
Luchando por un amor
entre alegrías y penas
la vida he pasado yo

Pasadas las puertas de cristal la voz de Carlos Esteban Fonseca servía de maestro de ceremonia. Guitarra, percusión y voz flotaban en un duelo de décima. Gente conversaba, se abrazaban en saludos y vertían memorias. A la izquierda en las gradas se explanaba una bandera de Puerto Rico retando las facultades de la gravedad. Una guardia de honor vigilaba ceremonialmente.

Me tienen el ojo echao
La olla está en la candela

El poeta Juan Manuel González llegó al poco tiempo de sentarme. Su comentario probablemente era similar al de los demás: "¡Qué bueno que lo trajeron a Moca!". Ya eran casi las ocho y las sillas blancas se vaciaban. Una señora las acomodaba nuevamente reclamando como las debajan regadas sabiendo que mañana se usarían. Mis ojos rondaban como satélite viendo como el pueblo recibía notas musicales de Oubao-moin. La gente fotografiaba la bandera, las imágenes  que aparecían en un proyector y una gran pancarta que habían colgado al fondo que mostraba a Don Luis abrazando su guitarra.
 

Que eres como todo
algo que se va
Mas te llevaría
sorda en mi silencio

La velada fue anunciada hasta las nueve, pero la gente sabía que al otro día la misa comenzaría temprano para luego subir el trecho a Los Sauces. ¡El calor estaba asegurado! Fue entonces que Verde Luz sonó por virtud de una voz joven. Arropó todo con un manto de calma. La atmosferización se hizo. La gente se apiñó cerca del férretro mientras que los demás se ponían de pie en las gradas de la derecha. Verde luz en ese momento fue himno patrio, fue despedida en luto, fue nuevamente lullaby para el descanso eterno. Don Luis yacía en su ataúd vestido con guayabera. Le acompañaba un rosario, una imagen de la virgen y los signos de Borinquen y Moca. ¿Cómo lo hacen para que uno vea su rostro ya inerte y se perciba como si fuera una sonrisa? Quizá es la mente jugando con uno, o la imaginación de un niño adormilado, o el efecto del lullaby.

Quiero volver, quiero volver
 

lunes, 3 de enero de 2022

El batir de las olas también es violencia: El ojo de agua de Evelyn Jiménez

El ojo de agua

Evelyn Jiménez

Ediciones Callejón

257 páginas



¡Se reinicia el reloj! Las expectativas del 2022 son bastante cargadas. ¡No hay duda de ello!

Este año se comienzan las reseñas con una densa lista que estuvo pausada por los quehaceres y demás elementos que tanto caracterizaron al 2021. Se suma a esto la impaciencia que domina al pueblo. Ante ello, la lectura es bálsamo que ayuda a ese y otros males.

Hoy toca El ojo de agua de la colega departamental Evelyn Jiménez: Un libro del oeste, inundado de reflexión y crítico de la condición boricua.

El ojo de agua versa sobre esa mutación que despojó a Aguadilla del barrio Borinquen para convertirlo en la Base Ramey. La ironía salpica a la historia— como muchas veces suele— principalmente en lo que respecta al cambio de nominales. Así, estos eventos fungen como un despojo al alma misma que se traducen en una narración cruda.

Tal vez uno de los elementos más llamativos es la soltura del lenguaje del narrador partícipe con relación a los demás entes ficcionales. Es libre, fluido y netamente de aquí. En esencia, de verdad es inocentón en sus inicio y como un avión despega hasta convertirse en una voz madura y, cómo no, angustiada. Rememora a veces aquel periplo a la adultez que el Pirulo de Marqués dibujó con sencillez.

Como se dijo: Hay una metáfora de transformación, tanto de la madurez del narrador como de esas permutas que se sazonan de enigma. Por ejemplo, no tan solo trata aquí como Borinquen perdió su nombre para volverse Base Ramey; si no como por igual las Juanas se cambian a las Jane; la costa aguadillana en su amplitud se vuelve prohibida; y las verjas se erigen como impedimentos al ejercicio mismo de la felicidad .

Dentro de todo, la novela trabaja lo político como una relación simbiótica de la transición sicológica,


sexual y ética del narrador. Es interesante el tono con que el personaje principal sentencia que “Conmigo no. De nacionalista yo no tenía ni un pelo.” pág. 44. Mas, a su vez, en lo recóndito de las entrañas hay una animadversión al soldado netamente invasor. Esto recuerda un poco a The boy without a flag de Abraham Rodríguez.

La suma de particulares ficcionales es colorida: Un protagonista mocano de Rocha, un negro de Guayama, una keipisa pepiniana, un asesino tatuado que, al igual que Garcilaso el Inca, se debate en su condición de mestizo. En la obra hay también lugares que son igual de focales. La mención de las tiendas Sesto en Aguadilla es, sin duda, un sello de que la novela tiene su voz y es del Oeste de la Isla. Las constantes apariciones de los gates aguadillanos juegan confluir similar a las paradas del Santurce viejo. En fin, barrios, sectores, carreteras y otros hacen que se dibuje un mapa bastante exacto.

Vale acentuar que El ojo de agua es una novela bien violenta. Esta obra del oeste esta escrita con sangre. Hay agresiones entre amantes, entre familiares, entre las mismas putas del burdel. Todas estas pasan entonces al crisol del sensacionalismo para que El Clarín— una memoria bien criticada entre los parroquianos de la zona— muestre los vicios más nefastos del chismoserismo borincano.


La novela tiene un paso apurado, casi de despegue de avión. Al final, las cosas seguirán mutando y la narración así lo subraya cuando es sus últimas páginas se retrata el pobre abandono de la Base Ramey y que al final transforma a este espacio en la memoria de algo que dejó de ser un barrio para convertirse en una salida, un escape que el propio narrador usa para perderse y dejar a atrás un pueblo que lentamente se sumerge en la locura.

domingo, 18 de abril de 2021

“Apártate de mí, Satanás”: Una novela del mismísimo demonio

El evangelio según Luzbel

Wilfredo Matos Cintrón

Ediciones La Sierra

240 páginas

¡Qué difícil es escribir del diablo! Por más que se intente, hacerle justicia es dificilísimo. Imaginen


entonces la gesta de Wilfredo Matos Cintrón al tratar de hacerle todo un evangelio en una novela que puede provocar la ira de uno que otro zelote.

Esta novela es un intercambio de ciencias, ética y religión sazonada con lo histórico, lo antropológico y político. ¡Un proyecto verdaderamente ambicioso! El tema tiene demasiados ribosomas, las alusiones requieren un buen manejo para no sobrecargar al lector y la trama misma, si se llegase a descuidar, tiene proporciones titánicas. ¿Cómo Matos Cintrón balancea estos elementos para traer una novela ágil y que no caiga en lo mismo? 

Primeramente, se debería apuntar al buen manejo de la cadencia. Aquí hay ritmo, hay movimiento, la mezcla no se empelota. Pero, no es un meneo cualquiera, es de corte caribeño, es hasta de barrio. De allí, de al lado de las casas y de las parcelas. Luzbel narra su evangelio como si estuviera dándose dos frías en el cafetín de la esquina. Como si pregonara el muerto que van a poner en la funeraria. En fin, que este demonio tiene más aire de puertorriqueño leído y aguerrido que de figura mítica.

Es el lenguaje el ingrediente principal, no cabe duda. Su mesura y su esfera coloquial modulan al texto para acercarnos al llamado rey de las tinieblas. En algunos momentos el narrador se vuelve un interlocutor culto— y de culto— con referencias a la historia, las leyendas, lo remoto y lo cercano. Otras veces se vuelve flexible, cómico y hasta familiar. A modo de ejemplo, en uno de los intercambios más coloridos dice: “Así que todos fueron donde Jesús, quién con no muy finas palabras los mandó al carajo dándole la razón a Pedro y dejando resentido a Santiago" pág. 69. Y no hay de otra para el lector que imaginar una buena mandada a lo boricua y no pensar el asunto en un contexto religioso.

Como si fuera poco hay concatenación cultural. El texto es mitocrítico y a la vez una construcción narrativa formada por las características de lo fundacional. Luzbel fue Prometeo, supo la experiencia de entregarse antes que el propio Jesús. También fue más maestro que el mismo Maestro al ayudarlo a entender su divinidad. Como si fuera poco, fue el compinche de la figura de Quetzalcóatl en la América precolonial. No queda de otra que aceptar que este Luzbel “ha corrido”, “tiene millaje” o “se las sabe”.

La novela está plagada de lo ominoso, principalmente al ojo que ve al cuerpo humano como experimental y fallido. Hay un enorme desconocimiento sobre nosotros mismo y la novela proyecta al personaje como el gran entendedor cuya única agenda es la de sacarnos de la sorna y la ignorancia. Por eso, Luzbel se vuelve profético, a veces. En otras ocasiones, científico. En la mayor de las instancias, rebelde. En uno que otro contexto, un filósofo que sentencia de la siguiente forma: “La muerte es el mayor misterio que los acosa a ustedes” pág. 98.


Matos Cintrón coagula con un verbo ameno un texto de revelación, un juego con lo proteico, el antropomorfismo y la argumentación que en conmixtión develan que estos seres del más allá son igual de pendejos que los de acá. A veces el texto nos recuerda constantemente que lo fantástico está plagado de las mismas cosas mundanas que lo engendran. O sea, por más perfecciones que se le quieran atribuir a los mitos fundacionales, estos no escapan de sus controversiales raíces en la imperfección humana que las concibe.

Una nota un tanto personal: Por cuestiones de la vida, no pude publicar una reseña de esta novela en la Semana Mayor. Ganas no faltaron, pero no hubiera podido escribir la misma nota. Las cosas se cuecen a su tiempo. Opté mejor por disfrutar la lingüística de este texto. Aquí, a ciencia cierta, no escapa uno que otro puertorriqueñismo bien colocado en las fauces del diablo. Como dice el sujeto sin cuernos ni cola ni atributos capricornianos: “Escrito está: A falta de pan, galletas" pág. 133.



sábado, 10 de abril de 2021

Vuelo AA 395 de San Juan a Chicago

 Esto, aquello y lo otro

Luis Rafael Rivera

Situm

 


Luego de 20 años de no montarme en un avión, vengo y cometo la maroma de hacerlo en medio de la pandemia. La experiencia fue lo usual, nada extravagante. No me vanaglorio por esa cuestión de viajar. Sí recalco que luego de esos días en Wisconsin corroboré que con el frío la diferencia entre invierno e infierno es solamente lo sonoro del punto de articulación labiodental.

 El amigo Pedro Juan Cabán Vales me obsequió unos libros para aminorar las millas recorridas. Obviamente, entre llevarme su tesis de derecho de edificación publicada y Esto, aquello y lo otro: Cóctel de historia, derecho y literatura de Luis Rafael Rivera fue una decisión laxa.

 El texto es verdaderamente un juego de fondo y forma comenzando por su índice a la usanza de un menú de coctelería. Comienza con la prosa grande del prólogo de Cabán Vales quien acentúa que el texto, así como degustar de los licores es un arte que se conjuga en la espera.

 Rivera entonces comienza a ofrecer alcohol: Los “Aperitivos” se presentan como una serie de viñetas publicadas en los rotativos nacionales poniendo a todo color la vida de puertorriqueños con los que uno se podría, ciertamente, dar un palo. Literatura, deporte, los debates de género y las anécdotas de dolores y resurrecciones se conjugan bien y sin emborrachar.

 En el vuelo AA 395 de San Juan a Chicago no paro a veces de reír con las cosas que estas personas le cuentan a Rivera. Son ellos los focos de historias que van desde el asombro hasta la grima a veces. Uno imagina que esta gente verdaderamente río y lloró con el también profesor de derecho quien se limita a ser su médium. Yo, a miles de pies de altura y en dirección a lo que en el barrio le llaman “el carajo viejo” como dice mi tía “allá pa’ la puñeta”, me reía a veces bajo la mascarilla y de vez en cuando estos gringos me miraban como si verdaderamente la pandemia me hubiera hecho perder la chaveta.


 Le sigue la sección “De palos con los amigos”. Ya confieso que estaba metido en las fauces de Wisconsin en este periodo por lo que estas piezas alivianaron la resequedad que provoca el frío y la soledad. Una de las piezas claves aquí es el ensayo “El cielo extraviado de José trías Monge” que constituye una desmitificación deliciosa de quien otrora fuese uno de los principales cerebros del muñocismo aunque al final solo parezca una mente arrepentida. ¡Ojalá y su espíritu no me persiga como creo que lo hace con el autor!

 Un trago que pateo fuerte fue “Julio y la publicidad negativa” el cual lo pasé lento para que la juma no subiera mucho. Intuí que hay una gran amistad entre Rivera y Julio Fontanet porque para decir esas cosas en la presentación de alguien sin que al pasado presidente del CAPR se le escapara un “Yo lo mato” tiene que haber unos cimientos de confianza y cariño bien maravillosos.

 Otro de los tragos muy bien preparados es “Vivir con los muertos” que no deja de picar un poquito en la garganta con el relato de la muerte de Esdrújula Agudo Planas de Portillo. Confieso que Sylvia Elvira Cancio González y María de los Ángeles Diez Fulladosa se han vuelto un ejemplo a seguir.  

 “Barra abierta” es la otra sección del menú. ¡Aquí de veras se nos pasó la mano con los tragos! Es una sección fugaz, crítica y de esas que hacen que los compas de borrachera rían y hablen duro. Ese primer texto “Retrato de familia” no fue trago, fue un shot bastante interesante en donde el autor se afianza en la Primera Enmienda de la Constitución para darle unos buenos zarpazos a las ideas del Juez Jorge Escribano.

 La última ronda se pagó con la irónica “La última copa”. A Rivera le encantan las alusiones religiosas que, dicho sea de paso, no escapan de asomarse en alguna que otra cuestión del Derecho. Empero, no digo para mal, si no que me parece que el autor se tiró una maroma nazarena y dejó el mejor vino para lo último. Los escritos aquí son largos, reflexivos, propios de asignatura universitaria y en una medida elabora mejor sobre temas tratados a inicios del libro. Es el momento donde uno se da cuenta que Rivera encontró su voz, pero como muchos de nosotros, se metió en esto del Derecho porque, caramba, hay que pagar la hipoteca todos los meses.

 Lejos de mi terruño ya la primavera aparecía con el trino de algún pájaro para luego escuchar un cuervo enorme que cercano a donde estaba se ganó un “tú no paras de joder” bien a lo boricua. Acabé el libro con beneplácito y confieso que le debo muchísimo a Pedro Juan y a Rivera quienes produjeron este pequeño bálsamo para las lejanías.

 A modo de colofón, dos conclusiones inescapables: Primero, la literatura me sigue salvando la vida y, segundo, a Rivera lo había leído numerosas veces en opiniones del Tribunal y en su texto sobre Derecho Hipotecario, nunca había visto una foto suya, y sí, tiene cara de sacerdote.

 

    

lunes, 8 de marzo de 2021

Mayoral de Ramón Edwin Colón Pratts (Notas para un regreso a la crítica literaria y una deuda de lectura)

Mayoral 

Ramón E. Colón Pratts 

Publicación Independiente 

356 págs.

Luego de mucho tiempo, cuya culpa se debe en su mayoría a cuestiones personales y la defensa de mi tesis en Literatura, retomo esta manía de llevar un diario de lectura público. No miento cuando digo que es un ejercicio liberador. Poder escribir sobre libros, sin bibliografía, fichas, citas y los rigores de una academia a la que le “he da’o lucha”, es simplemente manumisor. 

Foto tomada por Libros 787 

Evitemos prolegómenos: La malapaga y el maltrato y poco profesionalismo académico se quedan cortos con esta necesidad de ayudar que me suple fuerza y que, quizá, motiva a otros tipos de lecturas de lo que se produce en la Isla. Fue así como por cuestiones profesionales acudí al despacho del colega y mentor de este oficio, Ramón Edwin Colón Pratts. Allí, además de discutir unos asuntos sobre un caso pro-bono que me ocupa, pude pedir una copia de su novela Mayoral bajo la excusa de que ahora puedo leer lo que me dé la gana.

La novela inicia con lo que será uno de los temas recurrentes: La lenta caída en el acabamiento de la muerte. Desde su génesis, la atmosferización— acuñando el vocablo de Wico Sánchez— da a entender que poco a poco todo muere, todo concluye y todo se desvanece como una burla a nuestra preciada voluntad. Es por esa razón que la obra plantea una discusión un tanto tradicional del debate entre fondo y forma, lo que es y no es o mejor, lo que somos y nunca seremos.

El escrito es denso en sus sermocinatios. A veces con una cadencia que sirve de motor a lo que podría llamarse un juego de dualidades y desdoblamientos. Mayoral es una novela bifronte en varias dimensiones. Por un lado, se juega la historia del texto encontrado, en este caso por los familiares que van culminando el arduo proceso post mortem de conservar y/o desechar lo que sus precursores con tantos años de esfuerzo construyen. Opera aquí una intertextualidad y una metatextualidad que se balancea entre lo que es y no es “parte de”. Así, los deudos encuentran un revoltijo de formularios de Derecho cuyos folios están concatenados a una novela que se escribe en el dorso.

Derecho y Literatura entonces se entrecruzan en una remembranza a la anécdota del Corpus Iuris Civilis o Códex Justiniano. Para no poner la nota al calce, dicen los historiadores que unos monjes habían encontrado unos pergaminos viejísimos en los sótanos de cierto monasterio y, con ánimo beato, rasparon su contenido con navajas para escribir unos poemas a La Madonna. Para su sorpresa, la industriosa inventiva de los romanos de escribir sobre cuero tenía la pretensión de que, aún raspando las superficies, la tinta emergía de las entrañas volviendo a producir la integridad de las constituciones imperiales. Fue así como se descubrió lo que hoy en día es un tatarabuelo muy lejano de nuestro viejo Código Civil.

En la novela, los formularios de Derecho importan poco. Son más bien una obstrucción de lo que verdaderamente interesa y que metafóricamente es una sola de las caras del papel. Este juego con las fachas, tanto de los folios como de las personas, se repetirá hasta que poco a poco se olvide el asunto oculto de las leyes. Bien dice el texto, casi hasta con coraje: “El Derecho lo descojona todo, no arregla nada”. 

Es en esa línea que le toca al lector convertirse en otro miembro de la familia del viejo abogado muerto que poco a poco van tomando retazos de lo que se escribe sobre Mayoral. Este último, se sintetiza en ser uno de los locos del pueblo, pero, como los folios de los formularios, alguien que oculta algo más. No en vano, este mecanismo de balancear lo que se es por un lado y por el otro trae consigo otros vericuetos interesantes: La carnicería donde entrevistan a Mayoral tiene a su vez una trastienda formada por la antigua cárcel de independentistas en este Pepino ficcional (cosa que luego produce una ironía extrema al finalizar el texto); la pluma que hechiza a Mayoral, es por otra cara la misma que lo hace con su interlocutora años después; el color vino— que es el color de la sangre a veces— de un grafiti que grita es por otra cara el mismo color de un mueble que provoca paz; las hipotecas que gravan un inmueble para proteger contra acreedores, es por otra cara la tramoya del asesinato de don Flores Rivera Mercado y la acusación de Jorge Luis Chaar Cacho; la novela que se lee por mano del viejo abogado, es por otra cara la novela que se endeuda en la interrogante de si fue o no escrita en realidad por el loco; la muerte que va encerrando, es por otra cara la que libera.

En fin, Mayoral cumple muy bien lo que en esta profesión se hace muy mal: aprender a cerrar el argumento y callar. Sus últimas páginas son las más elaboradas, las más rápidas, las que dejan más preguntas sin uno darse cuenta de que el narrador le puso el lazo al presente y se lo deja listo a quien quiera tomarlo como obsequio. Asimismo, agradan las referencias a una Antonia Martínez ficcional; a un Pepino que está en un futuro cercano; a un caso que por un momento corto de mi carrera tuve la dicha de intervenir junto con el autor de la obra y verdaderamente comprender que se sentía como parte una novela que puso a medio mundo de puntillas en la década del ’70 en San Sebastián. Así, aquí hay un juego, tal vez con cosas mucho más interesantes que un caso en las cortes o, como pensé en otro momento con la definición de la palabra mayoral, algo que bien muestra lo polifacético que es el pueblo donde el grito se ahogó.    


miércoles, 21 de marzo de 2018

Hacia dónde debe ir el fuetazo: Presentación de la antología Este juego de látigos sonrientes


           Hablar de la literatura puertorriqueña hoy día se ha convertido en un proceso de extremo cuidado. Esto no sucede por la delicadeza del tema, el cual ha producido y es eje todavía de los álgidos debates culturales que nos han caracterizado, sino por el factor de que en la contemporaneidad, la praxis literaria ha recibido grandes amenazas de ser consumida por un discurso mercantil.
            
            De lo que se discurre aquí es de un problema que ha caracterizado la producción literaria de la última década. En esencia, el resultado de una serie de estrategias para convertir a nuestro escritor endémico en un hermano menor, un facsímil del metaforizado "escritor exitoso". Este es un debate que, al parecer, se está inclinando hacia el potente magnetismo del clisé producto de los aparatos mercantiles y la llamada cultura literaria que peca igual que nuestras otras "culturas" — así con bastardillas. Así, en el Puerto Rico de hoy confundimos al escritor con el humorista, el plagiador, la estrella de televisión y el estridente participe del "reáliti". Esto nos lleva a observar la literatura como mero canjeo, un ir y venir que se mide, primordialmente, por el tráfico que se muestre en los anaqueles. Triste es ver cómo algunos autores operan con máximas simplistas que toman prestado concepciones distorsionados del marxismo y las injertan con el contemporáneo capitalismo post 9-11. Así, se pueden apuntar a algunos fenómenos vergonzosos: 1) El escritor que cree que publicar es más importante que escribir; 2) El escritor quiere ser escritor porque eso le da acceso a janguear con aquellos que ya cargan el sello de escritor; 3) El escritor anti-establishment, anti-corriente y anti-todo que escribe porque lo que quiere es establecer su propio establishment; y 4) El escritor que opera con la máxima de "mientras más libros míos la gente vea en los estantes, más van a pensar que soy escritor".
            
            Lamentablemente— hay que decirlo así— quienes más se han ido por este risco son aquellos que disque desean cultivar la prosa. Productos a su vez, una gran caterva de estos, de ciertos programas que prometen que con 100 créditos universitarios posgraduados te convertirás en Stephen King, con 200 en Corín Tellado y con otros 300 en Isabel Allende.
           
             
Ahora, en ese ámbito, la poesía puertorriqueña se ha mantenido firme en su encomienda de no soportarle mierdas a nadie y continuar con sus metamorfosis aún cuando esto propenda a tener los bolsillos llenos de versos y no de billetes. Así, el criterio comercial, el afán de reconocimiento y fama no ha afectado a la caterva de poetas tal y como ha sucedido con los prosistas. En ese tono, hoy nos toca hablar de un proyecto que se inserta en los anaqueles mediante la vieja fórmula de esfuerzo y colaboración: Este juego de látigos sonrientes.
           
            Del saque, el nominal de esta antología involucra las relaciones lúdicas a las que somos propensos los humanos. En cuanto al binomio juego y poesía el teórico Rafael Nuñez Ramos ha expresado que:
La poesía, para ser un juego, debe recuperar la dimensión material del lenguaje y volverse hacia el lado de la expresión; así le lenguaje puede ser tratado como cosa en la que es posible jugar, manipular, experimentar; pero a la vez la poesía debe preservar la capacidad de significación, pues solo ella permite incorporar la variedad del mundo, la multiplicidad de las cosas, lo que hará de la poesía un juego profundo y complejo (48).
          
             Lo acuñado por Nuñez Ramos va hilvanado a problemas clásicos o sea al arroz y a la habichuela de Platón y Aristóteles. En esencia, Platón tenía incomodidades con ambos aspectos, tanto el juego como la poesía. Huelga aquí centrar la atención a lo que Jacques Derridá critica del filósofo al timonear que el maestro de Aristóteles juega a tomarse en serio el juego. Señala el pensador francés que el problema de Platón versa en que este ve el juego como un mero accidente. Abunda además, que juego y jugar con cosas distintas, lo cual se percibe mejor en las acepciones inglesas de las palabras "game and play".

            Cónsono a esto, el teórico Huizinga ha establecido unas características de lo que llama Homo Ludens, a razón de que el “juego” y el “jugar” es:
1. Libre, o que evoca la libertad
2. Ajeno a lo “ordinario” y lo “real”
3. Distinto a la vida ordinaria en cuanto a lo locativo y al fenómeno temporal
4. Exige un orden absoluto y supremo, o sea, crea dicho orden
5. Es ajeno a los intereses materialistas, es un acto que no genera ganancia alguna
         
             Las ideas de Huizinga desarrollaron una cascada de posibilidades acerca del estudio de la
relación del juego y la sociedad humana (lo que llama ludología). No es rémora el que esta teoría social sea aplicada a la literatura. De esta forma, tenemos específicamente en la poesía un juego de libertad, fuera de la cotidianidad y que no busca un afán material, sino una asociación con el lector.
       
             Debe apuntarse aquí que Este juego de látigos sonrientes ofrece eso y más. En primer término se observa un afán de igualdad para los poetas: aquí no hay porque resaltar ciertas vacas sagradas que carguen la tirada ni que infundan un grado de aceptación social. Quien lea a esta antología aceptará que hay poetas que no formulan las listas de las academias, los ateneos y los círculos exclusivistas. Por otro lado, el texto no hace un sesgo generacional, no hay divisiones por edades, colores o epítetos. Mujeres poetizan junto a hombres; no hay sellitos de si aquel es negro, blanco o colorado; o si hubo tal o cual premio reconocimiento.

             El fluir de la colección también propende a uno de los elementos más importantes de esta década: la invitación al ruedo poético. Lo que se desea plasmar aquí es algo que ha sido pobremente discutido en las aulas universitarias y que ha pasado tal vez a tema de tertulia o de café, pero lo ciertos es que hay una ausencia demasiado dolorosa de la poesía en los centros docentes puertorriqueños. Con riesgos de síncope, nuestra generación más reciente cada vez pierde más espacio social y cultural ante un Puerto Rico que se vuelve cada vez más “Baby Boomer”. El llamado es que nuestros jóvenes necesitan poesía, requieren de esa sensibilidad y despertar de intuición que solo sabe brindar el arte en verso. Así, Este juego de látigos sonrientes se presenta como una colección fresca, de poetas de esquina cuya voz se opone al derrumbe de nuestra sociedad puertorriqueña del siglo XXI; que invita a ser contestatario; arrojado e inquieto. En puridad, no es antología para aprender generalidades de la poesía isleña, sino para abrir camino a nuevas lecturas.

           Más para mérito de los poetas que del tiempo. Esta noche comenzamos una avanzada lírica que debería extenderse a cuanto lector se pueda. Así, no se hará una crítica singularizando los vítores y loas de los autores, se invita a que hagan lectura a que nos inunden con la llama y el grito para que nuestros jóvenes tengan algo más que tecnología y crisis. Hacia ellos es que se dirige el azote, para ellos es el juego.



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Un monstruo no debe tener hermanos de Edgardo Nieves Mieles @ WRTU

Un monstruo no debe tener hermanos.
Edgardo Nieves Mieles
Editorial Educación Emergente

Un monstruo anda suelto. Camina lento, con sed y hambre de lectores y proviene de la pluma del escritor, Edgardo Nieves Mieles.
"The Minotaur" George Frederic Watts. fineartamerica.com

Hoy, reanudamos el estudio de textos provenientes de las esquinas más selectas de nuestro Puerto Rico con la publicación Un monstruo no debe tener hermanos y otras indiscretas orgías de soledad y desarraigo. Esta tirada llega a nuestras bibliotecas cortesía de la Editorial Educación Emergente.
En el pasado hemos tenido la dicha de leer a Edgardo Nieves Mieles como poeta. Sin embargo, en los pasados años hemos observado un remozar en la labor narrativa de este escritor.  

Un monstruo no debe tener hermanos se caracteriza por ser narrativa intrépida y cargada de la ironía que caracteriza al autor. Como un frasco de veneno, podríamos decir que es un libro corto y certero. Nieves Mieles desata un estilo que varía entre un vaivén de cuentos largos, divididos a veces por secciones y otros sumamente cortos.

Me parece muy pertinente mencionar la constante intertextualidad e intratextualidad que surge de las páginas del libro. De lo primero, basta con decir que el escritor emplea la relectura de clásicos como Cien años de soledad, la narrativa kafkiana e incluso el repertorio popular puertorriqueño de la década del 30. Por otro lado, en algunos cuentos hay una selección muy cuidadosa de los mitos grecolatinos impregnados de elementos tropicales.

Sobre lo segundo, me pareció muy logrado la habilidad con que Nieves Mieles convierte pedazos de su pasada obra poética en elementos narrativos. Con esto se logra una sensación de continuidad que permea toda la obra del escritor. Para aquellos que lo conocemos, podemos toparnos con versos de poemas de hace 20 años insertados cabalmente en la diégesis de los 15 cuentos de esta colección.

www.auroraboreal.net
Un monstruo no debe tener hermanos y otras indiscretas orgías de soledad y desarraigo es una publicación fresca, que gustará mucho a los lectores de pasadas generaciones, así como a los nuevos.


Para radiouniversidad, en la sección de critica de libros, les saluda Nelson Esteban Vera Santiago.

lunes, 6 de abril de 2015

El anarquista de Javier Febo Santiago @ RadioUniversidad

Podría plantearse que el siglo veintiuno ha comenzado con ciertas características que lo destacan como un periodo de olvido. Por un lado, la creciente tecnocultura, según la denomina el Dr. Luis Felipe Díaz, ha movido al humano a convertirse en lo que ahora llamamos "usuario". Por otro lado, la pugna de las ideologías ha cesado, ya no pulsean el socialismo y el capitalismo en el coliseo mundial, rodeado de público, pancartas y anuncios.
Tomado de www.mundolibertario.org

Bajo estas ideas surge un poemario que en pleno siglo veintiuno tratar de resucitar la curiosidad por una de las ideologías políticas que dejaron su huella en el siglo pasado. Así, hoy repasamos El anarquista de Javier Febo Santiago.

Este poemario es un homenaje al discurso anarquista del siglo veinte y a las figuras que lo promovieron tanto a nivel internacional como el nacional. Febo Santiago comparte aquí las etiquetas del movimiento entre las que se encuentran: la posibilidad de la utopía política, la inconformidad del obrero, el estado como obstáculo del progreso y el salario como collar de control social.

Lo poemas no obedecen a un estilo plagado de imágenes sobrecargadas de violencia, ni mucho menos a llamados corrientes al levantamiento de las masas. En sí, es un tipo de miramiento a la belleza del deseo de libertad. Con esto Febo Santiago retrata que lo más hermosos de la anarquía no es la acción en sí, sino el deseo puro que impulsa a la misma combinado con la añoranza de que el porvenir puede ser construido con las propias manos que trabajan.

Como es característico de la poesía de Febo Santiago, en El Anarquista se balancean las extensiones de los poemas. El lenguaje tiene una preferencia por la claridad por encima de la musicalidad lo cual cae bien con la temática del poemario haciendo juego con el lenguaje parco y pausado del obrero cansado de la opresión.

Tomado de www.amazon.com
Las últimas partes del poemario ofrecen una serie de elegías a anarquistas como los nacionales Venancio Cruz, Luisa Capetillo y Alfredo Negrín; así como a los internacionales como Errico Malatesta, Mijail Bakunin y Noam Chomsky.

El anarquista de Javier Febo es una propuesta interesante, quizá un poco romántica para algunos y justiciera para otros. No obstante, es un poemario de pasiones y discusiones.




lunes, 9 de marzo de 2015

Ja Ja Ja, Ana Lydia en la Universidad



No vale la pena dar mucha vuelta para hablar de algo tan cercano como el V Congreso Internacional de Literatura de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Arecibo. La última vez que vi el relojito que aparece en la página web— la cual pueden acceder a través de http://congresointernacio.wix.com/upra2015 —faltaban 16 días, 8 horas, 45 minutos y 6 segundos. Seamos francos, esto está a la vuelta de la esquina y este año merece mucha atención.


Ahora, si bien he intentado, por todos los medios disponibles, hacerle justicia a las colegas Emma Domenech, Yazmín Pérez y Evelyn Jiménez— y a todo el corrillo que por falta de disco duro en mi cabeza he olvidado mencionar— lo cierto es que nunca podré resumir las toneladas de esfuerzo que estas féminas han derramado en pro de este espacio de discusión cultural. Sin embargo, retiro la brillantez del perseguidor sin ánimo de ofensa y lo redirijo a un aparte del congreso que creo es sustancial: Ana Lydia Vega Está En La Universidad. No cabe duda de ello, la cosa va así, en mayúscula y no es para menos.

La presencia de Ana Lydia— y me asigno la licencia de llamarla por el nombre— en el recinto no es el caso que quiero resaltar, sino el hecho de que esté en "la Universidad", en cualquier recinto, en cualquier esquina, cafetería, en fin, donde ustedes lectores quieran. Es algo palpitante y entusiasta porque Ana Lydia le dio forma a ese pensamiento universitario que satisface lo que llamo "conciencia UPR". Digo estas cosas admitiendo que mis palabras están embadurnadas de mi condición de "fan" pero tampoco niego que parte de la universidad que hoy atesoramos tiene algo de las letras de Ana Lydia corriéndole por las venas.


Este fenómeno se percibe principalmente en su ensayística, la cual al día de hoy sigue siendo materia prima de muchos cursos de Español Básico y sigue impactando el pensamiento de cuanto prepa pasa por nuestras aulas. Por lo dicho no quiero restar méritos a los que gozan de su lectura sin necesariamente pertenecer al sistema UPR. Es innegable que Ana Lydia y el ensayo van más allá de la experiencia universitaria para aquellos que nos hacemos llamar sus lectores.

Confieso que en mi caso hay una mezcolanza, un micro-sancocho por llamarlo de alguna forma. Los ensayos de la antedicha fueron un corpus necesario para comprender el Puerto Rico moderno. Para una generación que no vivió el nacimiento, plenitud y ascensión divina del muñocismo; ni los '60 en la Upi, y, es más, para quienes la primera memoria de un temporal fue Hugo, el discurso de escritoras— así en femenino, porque son muchas— como Ana Lydia ayudaron a moldear el juicio para lo que advendría en los '90 y los años del 2000.

 Es cierto que ya no se cimentan los debates que motivaron la pluma de la riopedrense eternamente santurcina, pero no por eso dejaríamos de preguntarnos por donde comenzó la puerca a encorchar el rabo. Por eso propongo una relectura de Ana Lydia, principalmente de sus ensayos. Es justo y necesario porque somos los hijos y nietos de ese urbanismo que se apoderó de Puerto Rico, del eterno debate del español contra el inglés— con el ring rodeado de alambres de púas—, del ELA que anda cojeando por ahí.

Somos la descendencia de esa Loló que se iba a janguear a San Juan y dejaba a su madre esperando hasta las 2:00 de la madrugada. Por otro lado, muchos de los participamos de la huelga del 2010 tuvimos que desarrollar un enorme juicio valorativo acerca de nuestra universidad tal cual los "flower power" de los '60 lo hicieron en su trifulca. Para colmo, recientemente se ha discutido si eliminamos o no la AMA. En sumatoria, y para los incrédulos, la ensayística de Ana Lydia anda por ahí suelta, pero más importante anda suelta en la universidad.

En base a todo esto, recalco: Entre el 18 al 20 de marzo estaremos allí en la UPR de Arecibo. El convite es grande y estarán también Leopoldo Brizuela, Chus Gutiérrez, Lina  Meruane, Jorge Perugorría y Alejandro Zambra. Sin embargo, hay que estar alegres, abriendo la boca para soltar el Ja Ja Ja porque Ana Lydia está en la Universidad.  

viernes, 6 de febrero de 2015

Reseña: El eco de las formas de Nicole Cecilia Delgado


La poesía puertorriqueña de los últimos cinco años sigue dando mucho de qué hablar. Principalmente la poesía de jóvenes entre los 25 a 35 años de edad quienes durante un periodo de germinación en la década del 2000 hoy despuntan fuera de publicaciones universitarias y revistas de pasillo. En este momento quiero dirigir la mirada a El eco de las formas de Nicole Cecilia Delgado.

Nicole Cecilia tiene una vasta trayectoria en la escena poética universitaria, mayormente en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Allí se dedicó a las revistas estudiantiles de la cual se rememoran Zurde y Puñal de Epifanía. No obstante, esta vez la poeta se lanza al vuelo con una publicación regida por poemas cortos y con matices que reflejan la sexualidad y la quietud.

El eco de las formas se divide en tres grandes partes. La primera, homónima del poema, resalta por trabajar el erotismo con un aire minimalista pero lo suficientemente ágil como para no sobrecargar el lenguaje. Esta es la parte más extensa de la publicación y uno de los elementos mejor trabajados es el concepto de las estridencias. Así imágenes de vidrios, espasmos, gritos y rasgaduras dominarán a algunos de los poemas.

La segunda parte se titula "belleza monstruo" y muestra un dibujo de la masculinidad a la vez que juega con poetizar el deseo femenino. Son solamente dos poemas pero la manera en que están escritos refleja un aire de modernidad en donde sobresalen los elementos urbanos y la interpelación de la voz poética.

La última parte se llama "hombre nuevo" y en esencia hace juego con las anteriores divisiones de la publicación. Aquí Nicole Cecilia Delgado juega con la anáfora para desarrollar unos versos que reflejan las exigencias de la mujer al varón y las característica que la voz poética desea en él.  No debe sorprender que el hombre sea descosido, brujo, prostituta, extinto, geométrico y de lado femenino.

Resta por decir que El eco de las formas es producto de otra encomiable labor de Editorial Erizo. La organización, calidad del papel y la excelente portada con el arte de Francesca Woodman hacen de esta publicación un excelente ejemplar de las letras jóvenes isleñas.


Para Radiouniversidad, en la sección de crítica de libros, les saluda Esteban Vera Santiago. 

martes, 11 de noviembre de 2014

Prosac de Mayda Colón en WRTU*

     La poesía sigue dando muestras de latidos fuertes en nuestras librerías. En los pasados años una veintena de vates han encontrado su espacio en publicaciones de autor o en editoriales pequeñas. Hoy apuntamos a una de ellas. Prosac de Mayda Colón es un poemario que invita a la lectura de nuestra nostalgia y la ciudad capitalina.

Foto del texto tomada de www.amazon.com
     Con un tono melancólico y reflexivo la autora detalla versos a los elementos más nimios de Río Piedras, Santurce y el Viejo San Juan. En este texto las grietas, las aceras y los huecos en la calle se combinan con el silencio de las iglesias y el vagabundeo de una voz poética que desea fundirse con las historias de la ciudad y su propia familia.

     Mayda Colón nos muestra en sus páginas un intento por detener el tiempo, combatir la inmovilidad y el olvido del Alzheimer. En varios de los poemas se percibe una genuina labor de memoria que muchas veces recrea la niñez quebrantada ante la ausencia de la madre, En otras instancias la figura femenina de la abuela ocupará el cambo y se presentará como un cuerpo arrugado similar a los caminos y las grietas de San Juan.

     Prosac también presenta el espacio urbano como el producto de la Babel políglota que se codifica y decodifica a sí misma. En otras ocasiones, el espacio citadino asemejará a la caja de Pandora abierta de par en par pero que de alguna manera ha aprendido a vivir con sus demonios.

     La publicación aparenta recibir su bautismo en la página 77 y 78. En estas la poeta explota con un
Foto de eltaller.de
suplicio a favor de la locura diciendo: "No me prohíban la tristeza...." De esta forma el poemario se lanza hacia un coloquio con el lector y es a su vez una invitación para apreciar la nostalgia.
En algunas ocasiones Prosac se aparta de este cometido y adopta un discurso crítico-social. Este elemento dista de la uniformidad que desarrolla el libro pero no le resta originalidad.

     Así, Prosac a veces le cantará a la pobreza, la desigualdad, la violencia y a la circularidad que parece consumir a Puerto Rico.

     El poemario cuenta también con una excelente selección fotográfica a cargo de Zayra Taranto lo cual deja entrever un cuidado de edición puntilloso y efectivo. Este elemento se suma a la forma horizontal o tipo "landscape" de la publicación la cual simula la mirada absorbente de quien lee a las ciudades.

*Al aire en la sección de Crítica de Libros de WRTU 89.7fm el 10 de noviembre de 2014.

martes, 16 de septiembre de 2014

El Oneronauta de David Caleb Acevedo @ RadioUniversidad


 
Tomado de http://amazingezone.com/paintings/magical-realism-surrealistic-paintings-by-tomek-setowski-from-poland/
            Pocas han sido las publicaciones que en los pasados 5 años hayan sobrepasados las 150 páginas de contenido. No hay duda de que el fenómeno obedece a múltiples factores, entre estos: Como siempre está la crisis, por otro lado el enfoque de las nuevas editoriales y por último, pero no menos importante, las exigencias del público lector del siglo XXI. Sin embargo, la novela que resaltamos hoy, El Oneronauta de David Caleb Acevedo, rebasa muchas de estas paredes.
            Esta publicación se separa de sus homólogas por su alto contenido fantástico y mágico-realista lo cual apela a la juventud deseosa de una literatura que se asemeje a los clásicos de aventura. El lector atento se dará cuenta de las influencias de los clásicos como The Hobbit, Alicia en el País de la Maravillas, El rey Arturo y las historias de los hermanos Grim.
Por otro lado, la ecuación se balancea con los atisbos de imágenes prestadas de Borges, Cortázar, García Márquez y otros más afines a la alta cultura literaria. De esta forma no podemos negar que El Oneronauta se encuentra en un espacio de esferas concéntricas. Así, toma prestado de la fantasía y de la literatura clásica para llevarnos a un mundo pocas veces trabajado en la literatura puertorriqueña.
Tomado de innervision.tripod.com
Acevedo es un escritor meticuloso, que cuida su sintaxis y sus estructuras de narración. No hay duda de que para ser una publicación de una editorial emergente tiene una edición simplemente envidiable.
Por lo demás, en el texto se presenta una exaltación de lo onírico y un repudio al fundamentalismo religioso. La obra eslabona estos elementos con la liberación sexual del personaje a la vez que resalta la división de un mundo mágico de sueños y una cruda realidad. En este aspecto, Acevedo desarrolla una especie de Fantastique según clasificada por el teórico Todorov.
La novela abre camino a una nueva generación de lectores y tal vez se presente como una contestación a publicaciones pequeñas a razón del costo de producción. Por otro lado, no le faltan detalles capaces de ser analizados por la sicología, los estudios de culturales y la teoría queer.


miércoles, 16 de julio de 2014

Chingos, un enorme queso en el cielo y el aullido que esconde el norte: Un vistazo a Imaginario de luna de Pepo Delgado Costa*

Tomado de Isla Negra Editores
Desde hace más o menos un año y cinco meses llevo viajando a la tierra de los lobos puertorriqueños. En este recorrido he juntado aquellas memorias donadas por familiares que versan sobre un pueblo rico en economía y movimiento mercantil en donde todo el mundo busca  de ratito en ratito espiar el mar. No hay duda de que Arecibo cuenta con una ubicación envidiable y con una historia extensiva que si bien desarrolla orgullo provincial para algunos debería provocar mucha curiosidad en otros.  
—Así, así— como dicen nuestros viejos en los campos, hoy vengo a discursar sobre la producción literaria que bautiza a este pueblo. El libro de marras, Imaginario de luna, de Pepo Delgado Costa es un libro atento al detalle, que mezcla lo conciso con lo abundante y que opera con una compleja diégesis que lleva a cuestionarse, con sinceridad, la circularidad de lo cuadrado. No para menos el autor emplea esta metáfora desde el principio.
Ahora, Imaginario de luna se añade a la tendencia narrativa actual de hilvanar los cuentos mediante elementos simbólicos o metafóricos. Esto permite la sutileza de que el primer cuento sea intrínsecamente parte del último. Todo el aparato cuentístico departe hacia el mismo conjunto de denominadores comunes: —obviamente— la luna, los perros y Arecibo.
Foto de la Universidad de Ohio
La primera pieza, titulada "Ley de etiqueta" ofrece dos posibles lecturas a raíz de la ambigüedad lógica del vocablo que lo denomina. Así, etiqueta puede ser el sello con que Delgado Costa presenta su producción narrativa al lector, o sea un signo en el sentido semiótico que le comunica algo al lector, una marca o un "tag" que informa. No obstante, también podría aceptarse como la etiqueta del buen gusto y refinamiento que el personaje busca entallar durante su relato. Mucho se podría decir de la construcción de este primer encontronazo literario: 1) el autor comienza con resquebrajar el lenguaje, 2) prosigue con la falsa promesa de la rutina de un profesor y 3)culmina con un salto al vacío que parecería el producto de una abrupta clausura de la tediosa agenda del personaje. Empero, Delgado Costa, cual relojero puntilloso, ofrece más ya que al final del relato se observa la primera clave del libro: existe la posibilidad de que nuestro inocuo profesor esté relacionado a un hombre lobo.
El segundo relato desata entonces el vaivén de transiciones que dominará al texto. Aquí un perro Husky atontado comienza a relatar su historia. El dato que alimenta las ganas de leer es que al parecer existe una canicultura o perricultura que domina a Río Piedras. Allí los perros se pelean por los puntos de comida, se traicionan y pecan unos con otros semejante al bajo mundo que tanto auge tiene hoy en día. Esta dinámica se elaborará con mérito en los cuentos "Guerra urbana" en donde las perras ejercen su matriarcado y luchan por jurisdicciones, "Vente, que nos fuimos" segunda parte de la entrega pero esta vez los perros se mudan a Arecibo y "Pon el cerdo a volar" en donde algunos de los perros deciden convertirse en cineastas. Este último, juega con el dicho estadounidense que se traduce o traiciona por "cuando las vacas vuelen".
Ahora, la concatenación de cuentos caninos ocurre a la par con la originalidad del primer cuento. Con respecto a nuestro querido profesor no tenemos mucha noticia después de su salto. En una transición tipo in ictu oculli, nuestro personaje se encuentra en Río Piedras y así se comprende que todas las gestiones hechas en el primer cuento eran la preparación para un viaje. En Río Piedras nuestro académico sueña de forma surrealista con perros en la pieza "Tres puertas". 
Algunas pistas hasta ahora: el personaje se encuentra en Río Piedras, tiene una cita importante pero se topa con el cadáver de uno de los perros de la juntilla que peleaba por los puntos de comida y por último pero no menos importante, tiene un problema de bebida que lo lleva a pensar en venganzas y sangre. Por decir algo más de nuestro misterioso ente de ficción, al otro día viajará a Arecibo.     
Ahora, Imaginario de luna se despega un poco de esta oculta trama y deja ver un lado historiográfico y biográfico. Las secciones tituladas "Puerto de Costa Brava"— partes uno y dos— permiten recontar algunas de las figuras insignes de la Villa del Capitán Correa. Estas se vislumbran desde el primer cuento y luego toman forma en una serie de viñetas que emplean el lenguaje coloquial de diversos entrevistados que quedan anónimos. Figuras como el Nene Correo, el lobo Urdaz, el Colegio San Felipe, la familia Oliver y la familia Cadilla, entre otros, se discuten en forma amena con el fin de hurgar las fibras de la fundación de Arecibo.
Más o menos a mitad del texto aparece el relato "Cambalache sugar" el cual comienza a despuntar la narrativa mágico-realista de Imaginario de luna. Esta pieza resalta por la habilidad de recrear espanto y establecer a la vez una ficción fantástica que ata la serie "Puerto de costa brava" con otros eventos que sucederán in futurum. En puridad, "Cambalache sugar" mezcla el tema perruno con el béisbol  y lo sazona con un toque diabólico a lo Evangelio de San Marcos Capítulo 5, versículo 9.
Imaginario de luna rompe entonces con la realidad a partir de "Pon el cerdo a volar", como señalamos anteriormente aquí a los canes le da con ser cineastas. El cuento es a su vez una estrategia de planificación urbana mediante la cual uno de los perros esboza cómo Arecibo puede mejorar económicamente a través de la industria del séptimo arte. Sin embargo, lo importante de estas letras es mostrar la habilidad imaginativa de nuestros personajes caninos. Entonces la cúspide del libro se abrirá paso en el cuento "La calle del Puente de Hierro", esta es sin duda una de las piezas mejor logradas por la pluma de Pepo Delgado Costa.
El cuento presenta a un Arecibo del siglo XIX el cual se cuece en las fiestas de San Felipe. La velada de vagabundeo de dos señoritas se convierte en pesadilla luego de que los jóvenes Miguel Roses Mayol y Reinaldo Carías llegaran en tren cargando su equipaje desde Río Piedras— que no sorprenda la sorpresa— y una leve afición a la luna.
Lo interesante del evento radica en la manera en que se narran los rápidos contornos que culminan con Roses Mayo y Carías amarrados, espumeando por la boca y advirtiendo en los demás una fuerza sobrehumana. El autor nos ilumina con una anécdota de la familia de Carías: lamentan estos que al irse a estudiar, su hijo fuese atacado por una bestia en Sogne d' Auvers el famoso bosque donde se reportaron los ataques de la Bestia de Geveudan. Así, "La calle del Puente de Hierro" estipula la razón por la cual Arecibo siempre ha sido lugar de lobos.
Tomado de deadlymovies.wordpress.com
Poco basta con decir que los apellidos Roses Artau-Mayol son sonoros, así como el joven bobolón de barrio, Bartolo, quien sobrevive el encontronazo con un mordisco de hombre lobo en el hombro. Una leve búsqueda cibernética presenta la existencia de familias insignias con dichos apellidos. Entiéndase la siguiente esquela en el periódico La Vanguardia de España del 16 de mayo de 1916:
En la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya se celebraron ayer divinos oficios en sufragio del alma del que fue abogado fiscal sustituto de esta Audiencia, persona estimadísima en el seno de nuestra alta sociedad, don Lorenzo Rosés Artau.
Las inmensas relaciones de las familias Rosés, Mayol, Artau y Sand concurrieron al fúnebre acto...
Curiosea esta nota el hecho de que la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya tiene como a uno de sus fundadores a un abogado de nombre Bartolo. Además, en otra esquela de La Vanguardia, fechada el 29 de octubre de 1922 se anuncia el casamiento de Elvira Rosés Mayo con el ingeniero José Oliver.
Todos estos elementos se entrelazan con nitidez pero solo levantan preguntas para nuestros autor, a quien aconsejo que no revele fuentes. No obstante, otras preguntas son capaces de aflorar: ¿Qué pasó con Bartolo? ¿Por qué los perros quieren hacer cine? ¿A quién exactamente se disponía a visitar en Río Piedras el profesor supuesto licántropo? Más importante aún: ¿Quién cuenta estas historias?

Para estas cuestiones no tenemos mucho espacio de debate porque siguiendo las pautas de la narratología, el último cuento "Alzadita de pata" nos deja perplejos. Son los perros los que cuentan y sueñan estas historias. Son emuladores de Cipión y Berganza en la obra cervantina, o de los perros de Mister Jones que ven la muerte en la obra de Horacio Quiroga.

*Este texto constituyó la presentación del libro Imaginario de Luna de Pepo Delgado Costa el 11 de julio de 2014 en el restaurante Mugs en Hatillo y el 12 de julio de 2014 en la Librería Mágica en Río Piedras.