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martes, 28 de octubre de 2014

Texting y Retablo de perpetuos: 2 libros, 1 autor...a algo así

Presentación Texting y Retablo de perpetuos 
Librería AC
Santurce
25 de septiembre de 2014


Texting

Fernando Álvarez Pardo

La poesía puertorriqueña de la última década ha mutado en concordancia con la creciente ola de avances tecnológicos. Este acto refleja la noción de que es un género todavía palpitante a pesar de los embates que recibe constantemente de otras manifestaciones culturales. Podemos decir que se ha fortalecido y que ha acuñado nuevamente los elementos de la comunicación como foco de su intención artística. En esta línea, específicamente en la noche de hoy, nos toca develar un nuevo hito en el quehacer poético puertorriqueño con la presentación de Texting de Fernando Álvarez Pardo.

Vale iniciar esta plática diciendo que el poemario es un juego de estructura. De esta forma, comienza con el poema "Invitación" y establece el carácter de continuidad que permeará la composición de los poemas. Siendo clichoso, hay que colegir que la continuidad es algo de todos los días. Su relación con el ser humano como sensación temporal y como meditación de un estado de constante mutación hacen que la observemos como algo digno de poetizar.

En base a esto, el primer poema presenta una posible lectura que propende a considerar que los sujetos a los que hace referencia— que según la voz poética "me escuchan"— son los poemas en sí. Poemas que estudian sus propias ediciones y que son conscientes de la continuidad. Surge aquí también una imagen de continuidad, la del río, elemento que fascinó a nuestra Julia de Burgos pero que el poeta trae aquí con un sentido similar al de Heráclito cuando afirmaba: "no nos bañamos en el mismo río". Esta figura es firma del poeta y aparecerá más adelante en el poema "Devenir".
Otro tanto se puede decir del poema "Transición" el cual lee "Una hilera de árboles se aposentan en la tarde." Aquí la palabra hilera vuelve a reforzar la continuidad. Sin embargo, el final del poema señala una congelación del tiempo. (Precedido por una pausa) Es en ese momento que nos damos cuenta de que a la voz poética le afecta la paralización de la continuidad o por lo menos los efectos que hace que como ser humano pensemos que el tiempo se nos rompe y detiene. Veamos como otro ejemplo el poema "Pronóstico" en donde dice: "Continuarán las cosas sin que suenen mis labios, la brega de los días que irán desmenuzando." Ese "sin que suenen mis labios" es la gran ruptura de la continuidad, es una metáfora de la muerte, pero no la muerte física sino la muerte poética que tienen los artistas del morir (salvo, claro está, Horacio Quiroga, quien es el gran testigo de la muerte).

Es palmario que la muerte aparecerá por algún lado. De esta forma Texting juega con las premoniciones que puede hacer el lector, quien ya ha identificado la continuidad y que sabe el peligroso juego de detenerla.
Tomado de www.myfaceinforums.com

Sin embargo, la voz poética no solo ofrecerá este problema sino que escarba en el elemento ontológico del "ser sin serlo". En algunas casos va más allá y presenta al lector con un cuestionamiento acerca de la identidad. El efecto de estas consideraciones lleva a analiza a Texting como a una pandora que esconde entre los versos la "otredad". No obstante, la voz la presenta como una "otredad" reconocida. Lo que no sabes es quién reconoce y quién no. Posibilidades sobran acerca de quién puede ser ese otro: 1) El lector en el poeta 2) El poeta en el lector 3) El poeta frente al poema o 4) El poeta frente alguna otra cosa que lo obliga a cuestionar su yo.
Si fuésemos a seleccionar una de estas quizás nos inclinaríamos por la última. Este salto no es ciego ya que la prueba necesaria Texting la ofrece al mostrar la sensación de salirse de lo propia carne. Esto lo llamaríamos el auto-exilio del cuerpo.

Más o menos por aquí es que aparece la pieza "Y yo despierto" en donde la voz poética va a jugar con estos exilios de la propia carne. Apunta el poema: "...he vuelto a mis facciones como si fuera ajeno, intangible y desnudo, convencido de que hay alguien en mí que no conozco." Con esto podemos atisbar que la salida de la propia carne nos amarra nuevamente a esta otredad que persigue al poeta y que observamos previamente. Sin embargo, obliga a preguntarnos si esta otredad no se desdobla en un problema de identidad de quien ha sido exiliado de su propio cuerpo y regresa a él confundido y desubicado. Ejemplo de esto se observa en el poema "Dos en uno" cuando indica "No me parezco a mí, pero aún respondo a las sílabas usuales, y en la calle los otros me saludan como si fuera el mismo."

Puede entonces plantearse que ese exilio de la carne en Texting funciona como un "shock". Algo o alguien perturba a la voz poética de tal forma que lo saca de su propio cuerpo y cuando regresa a él lo hace de forma aturdida y confundida. Este impacto tiene que ser suficiente como para crear la sensación del detenimiento de la continuidad. Ya esbozamos que la muerte puede crear esta reacción. Entonces, esto obliga a la pregunta: ¿Qué tiene que ver la muerte con la poética de Texting más allá de ser un recurso temático? Dejémosla en el tintero.

Otro elemento interesante del poemario es la adopción de la sensación de la inutilidad del arte. Esto ya ha sido trabajado en otras literaturas, por ejemplo se desprende muy bien del prefacio de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. En el caso de Texting este elemento se puede estudiar en el poema "Compensatorio" donde la voz poética expresa: "A veces reconozco que todo es casi inútil, y mis horas se  aferran como silogismos sobre el acervo empeño de una página."

Ese sentimiento de inutilidad contrasta con el devenir del tiempo que lleva a la sensación de "perecer". No obstante, en nuestras latitudes, el sentido de perecer va ligado a la pérdida, que no es de carácter general sino que está específicamente ligada a la "partida", principalmente a la migración a los Estados Unidos. Así perecer y partida son palabras con "p" de puertorriqueño y con esta sumatoria el poeta— también con "p"— conjuga la pieza "Migratorios" la cual revela: "I know that everything I hold will perish. I belong to islands, to the trace of others, fixed into motion between the things I felt and the things I followed." Esto se repite en el poema "Big Sur" en donde la voz expone que "[l]a costa que se aleja entre la niebla como un cuerpo abandonado, despidiéndose." Esa despedida es otra pérdida que solo se puede sentir en las islas. Otro tanto, que no menciono pero señalo, se presenta en el poema "Día de los muertos". Así que el que quiera leer que lea.

Texting es un juego de comunicación poética. Un acto que remonta a los inicios del análisis poético formalista de Jakobson. Esto se ausculta en el poema "Requiem" en donde existe un juego entre receptor y emisor, pero se deja claro que el lector es un receptor simulado ya que es la voz poética la que recibe la llamada telefónica que le informa la muerte de su hermano a quien lo amarra "un coloquio final que nos enlaza." La ausencia, la despedida y el "perish" de la comunicación con el otro, con el hermano, llevan a  la voz poética a auscultar un tipo de "texting" más rudimentario, las correspondencias en papel. He aquí el final del poemario. La contestación que relaciona la muerte, la poesía y la continuidad. Tal como dijimos anteriormente, la muerte del ser querido es el "shock" que obliga al exilio de la propia carne. Hace que el poeta salga de sí y que regrese en un estado catatónico que lo obliga incluso a no reconocerse en el propio espejo. Como la mensajería moderna, el anuncio de la muerte es parte de la continuidad, Texting es llanamente la construcción poética de una continuidad violentada por lo súbito.

Para información del texto:
http://www.editorialislanegra.com/index.php?page=shop.product_details&product_id=331&flypage=flypage.tpl&pop=0&option=com_virtuemart&Itemid=7

Retablo de perpetuos 
Leo Cabranes-Grant

La poesía goza de unas libertades que permiten los saltos súbitos y las caídas en falso. Es un vehículo para hablar desde los espacios cotidianos y los no ortodoxos. Podríamos ser el otro, el ajeno, el perdido. Véase como ejemplo la reciente publicación de Estrategias de la catedral de Vanessa Droz en donde la voz poética se sitúa en la tecata que ignoramos a diario. En sí esto no es exclusivo del género poético, es algo que aparece en toda literatura, así podríamos dar un ejemplo concreto y clásico en Garcilaso de la Vega, El Inca, en donde la voz del híbrido aparece en la crónica. Sin embargo, los efectos de la crónica son muy distintos al de la poesía. La base radica en que la segunda nos permite licenciarnos de cosas.

El texto que presentamos hoy, Retablo de perpetuos de Leo Cabranes-Grant ofrece una mirada a esta capacidad de licenciarnos para ocupar espacios. Este poemario tiene una estructura tripartita que como la teoría científica presenta como su génesis el mar.

De forma turbulenta y salvaje los poemas de esta primera parte tienen saltos y torbellinos. Son poemas concretos con una forma libre que asemeja el vaivén de las olas y en algunas ocasiones la zambullida a espacios de aguas profundas que obligan a sobrevivir de los versos como si estos fuesen el mismísimo aire. Hay palabras usuales y también hay peces extraños. De esta forma el uso de neologismo cobra una mayor importancia. Por ejemplo, el término "Ahoridad" es para la voz poética lo que se posee de instante y se pierde de las manos. Es el agua misma pero no podemas dejar a un lado que el propio poema es una ahoridad. Como dice la voz poética es "Tinta/ Inestable".
Esa instantaneidad es también la ola marina que constantemente aparece en estos poemas. La ola se tiene entre las manos por un breve lapso de "ahoridad" y motiva, como en el tercer poema, a dar "el salto".

Cabranes-Grant no nombre sus piezas, meramente las numera para dar un aire de exploración a sus poemas. Así, en el poema número IV de esta parte contesta el ejercicio de la despedida y la pérdida que emula el intentar asirse de una ola. Dice la voz: "y atrás queda la isla, atrayendo centrífugos deslindes de caoba, el termal asidero de las reminiscencias." Aquí la ola se convierte también en el pueblo de la voz poética. Las reminiscencias a las que se refiere son esos detalles que el exilio impregna de una fortaleza extraña. Se desprende entonces de la poética de Cabranes-Grant que aquellos que viven en la lejanía mantienen su identidad gracias al ejercicio de hacer memoria.
O sea, esos recuerdos los presenta como un vivo ecosistema de estuario, al que hay que recordar como un intersticio, un espacio de negociaciones biológicas que ahora la voz poética transforma en negociaciones culturales de despedida y recuerdo.

Estas despedidas son el producto de cambios voluntarias. Por eso la sensación de migraciones constantes también se deja ver en este poemario. Lo revela el polimorfo verso que lee: "De tanto ir y venir entre el ser y el estar te pesa un poco menos la partida." De esta forma se evidencia que la voz poética ha adoptado la filosofía del trotamundos y que el movimiento constante lo inmuniza de las despedidas.

la segunda parte del poemario: "Tú y ello; juntamente" presenta una poética más tradicional. No habrá una libertad extrema en las estructuras, observaremos muy poco de las aguas turbulentas y cargadas de vida que se presentaban en la sección anterior.

Es importante destacar que el poderoso comienzo de esta sección no deja espacio para el respiro, dice la voz poética: "Y es que somos los ojos de los muertos. A través de nosotros aún miran las cosas." Los versos presentan una temática mucho más oscura en donde la muerte exige un entronizarse para convertir a los vivos en instrumentos de sensibilidad.

Tomado de coldgroundpoetry.blogspot.com
Más adelante el poeta presenta la idea de ser "Tu cara en doble mío". Esto se compara con la otredad familiarizada que muestra un rostro más siniestro: el del propio lector. Por ello la voz poética apunta que será "Yo detrás de tu rostro, desde adentro . Observándolo todo. Escuchándolo todo." Juntando los planteamientos se llega a la conclusión de que en estos versos se desprende la propia muerte de la figura del poeta quien ya había dictado la posesión de los vivos como instrumento de sensibilidad. Vale entonces preguntar: ¿Es esta alusión un juego con la ya superada muerte del autor? ¿Juega con nosotros el autor que revela su propia muerte pero que afirma que vive a través de la lectura que hacen los otros?

El objeto de estos poemas serán en otras instancias los cantos al tiempo. Aquí lo temporal se bifurca para dar paso a una realidad contorsionista que aparece en versos como: "En el día siguiente que ya está pasando." y "el día postrado." Tan así es el afán de división del poeta que incluso predica la bifurcación de las personas.

Atado a lo anterior, el fenómeno del doble (que podríamos cuestionar que no es un doppleganger) se enfrenta a la realidad de una conciencia.

¿Tiene que ver esto con los muertos que sienten y ven a través de los ojos de los vivos? Sí. Pero no es que un sujeto domine el cuerpo del otro sino es que en un cuerpo coexistirán dos conciencias. Por lo cual, en esta sección la voz poética promueve la simbiosis de dos entidades, una de ellas incorpórea y necesitada de una materialidad. Sin embargo, la conciencia artística quiere dejar claro que es independiente y libre a pesar de estar atada al cuerpo o vehículo. Dice la voz: "listen: no somos el uno frente al mismo. No saben calcular: sobra el espejo."

Queda la pregunta: Si la voz que poetiza es la del vate, ¿a quién pertenece el cuerpo poseso? ¿Quién es el vivo en estas lecturas? Obviamente, el lector es un instrumento de relectura de los poemas pero considero que también el otro cuerpo es el del amante.

Sumando las pistas, el vaivén que nos presenta la primera parte es un canto a la ausencia del origen, de la madre. Esta ausencia mata o por lo menos crea una voz poética que se siente muerta y que existe cuando ve las cosas a través de los ojos de otro. Ese otro que ve, que observa da vida al muerto, o sea produce esa sensación de seguridad en la realidad. La mejor forma de describir esto es haciendo alusión a esas instancias en donde nos sentimos vivos porque otro nos mira, ese otro a veces es el amante, la pareja.

Un poco relacionado a esto es el poema número IX de esta sección el cual juega nítidamente con los problemas de la traducción, principalmente lo que llamaríamos aquí una traducción emocional. Ya aquí nos damos cuenta de que la voz poética anda vivita y coleando pero que vive con una ausencia de haber dejado a su Isla. Por lo cual, vive con la muerte que llevan siempre adentro los que convierten en extranjeros. No obstante, el poeta ha encontrado una nueva patria en su amante.
A raíz de esto, el poema presenta a una voz poética que comprende que el acto propio de construir una gastronomía isleña es insuficiente cuando se vive exiliado de la Isla (Ya aquí se presume que todos los presentes se han identificado con ese imaginario puertorriqueño que se ve forzado a vivir fuera de nuestras costas). Por ello indica "Pero no estoy 'aquí'". Así entre bastardillas, como para evocar que el acto de la cocina no tiene el mismo sentido cuando se está en el extranjero porque es a su vez un ejercicio de traducir lo culinario por lo meramente alimenticio. Es por esto que la voz poética sirve yuca frita sin ser entendido. "Puerto Rican food" dice el otro, y solo un puertorriqueño sabe que comer una yuca frita es un acto de cultura y lenguaje que solo otro puertorriqueño entenderá a cabalidad.

La tercera parte del poemario se llama En San Juan y evoca una ciudad capital carcomida y gastada por las pisadas. Los poemas conversan muy bien con Los pies de San Juan de Eduardo Lalo.
Hay que resaltar que el sentido de decadencia se trabaja desde el ejercicio de la memoria. Así, estos poemas son una reflexión que medita el paso del tiempo a raíz de un fenómeno que damos por sentado pero que en realidad es una burbuja en el tiempo. Con la imagen del cementerio destruido que aparece en el poema II, el cual lee “[l] os sepulcros yacentes, partidos por el rayo de los relojes mustios, parecen tecatos adormecidos” podríamos atar cabos con la poética de Paul Valerie o Charles Baudelaire, los dos titanes del movimiento decadentista francés.

Es curiosa la manera en que la voz poética observa con distanciamiento los cambios de su Isla. El cementerio, El Morro y el Cuartel de Ballajá serán un hito en el tiempo que poco a poco se adormece con los cambios del desarrollo y la criminalidad del siglo XXI. Para la voz, Puerto Rico se desdobla hacia el futuro y deja ver una nueva forma de aquello que el célebre Arcadio Díaz Quiñones llamó “El arte de bregar”. Prestemos atención a la nota acerca de la transacción de drogas que aparece en el poema V:
Un borbotón de hombres en camiseta se dispersa junto a un carro. Venta de trances. Negocios de la sangre coagulada. Figuración de los bohíques en los patios internos. Al otro lado de la Norzagaray se alquilan los pisos con vista al mar. Hay que mantener las corneas elusivas, observar por encima de las casas apiñadas en el barranco, evadir el mercado de las tribulaciones.

Subráyese la relación que practican las palabras “Negocios” y “bohíques” lo cual crea una relación histórica que no escapa la insinuación política. Puerto Rico se ve aquí como un embudo capitalista que ejecuta la compraventa de la decadencia. Sin embargo, la mirada se desgana del asunto por mor de la supervivencia y gira hacia la Norzagaray en un ejercicio hasta de respeto a lo que hoy en día se ha convertido en lo ominoso.

Estos elementos llevan a pensar que Retablo de Perpetuos de Leo Cabranes-Grant es un libro de una poética cargada de reminiscencias borincanas. En cierta medida, el trabajo de temas como el mar, la ausencia, la partida y la comida lo delatan. No obstante, es curiosa la similitud que tiene con el poemario Texting de Fernando Álvarez Pardo. Si afinamos el ojo se puede analizar esa extraña inclinación de los poemas por los sujetos dobles o, a mejor decir, el sujeto que es en realidad un doble. Poco importa perdurar la tomadura de pelo literaria a la que fue expuesto el presentador, el público y la propia poesía en estas dos presentaciones: Fernando Álvarez Pardo y Leo Cabranes-Grant son el mismo muerto que observa y siente a través de nuestros ojos de lector. Son, en realidad, dos autores y un solo escritor.


viernes, 11 de julio de 2014

Comportamientos e ironías: Un toque de literatura contemporánea de mujeres

     Leer la literatura que escriben las féminas puertorriqueñas se ha convertido en un ejercicio placentero e interesante si se hace tomando como referencia la potente tradición que han formado en las letras isleñas. Poetas, ensayistas, novelistas, en fin, un poderoso ejército de estrógeno que ha colaborado a la formación cultural de este pedacito que flota en el mar. No para menos considero, en muchas ocasiones, que las mejores literatas de esta tierra fueron Concha Meléndez y Nilita Vientós— cuya extensa obra se me ha hecho difícil de abarcar por su extensión, mea culpa—.
     En estos años postmilenarios se han sumado a las filas del antedicho grupo varias mujeres. Por lo cual,
hoy referiré a la contribución particular de Arlene Carballo y su colección Mujeres que se portan mal.
La temática de este libro se centra en la apreciación de las vicisitudes de mujeres alrededor del mundo, no tan solo Puerto Rico. Así, Carballo deleita con episodios que se desarrollan en Medio Oriente dando un toque de tradición que rememora la aportación Árabe e India en la cuentística hispánica, entiéndase Los cuentos de las mil y una noches y la habilidosa diégesis de Scheherezade así como otros textos que provienen de dichas latitudes.
     Si bien el título denota la cuestión del comportamiento, lo cierto es que en más de una ocasión no nos topamos con mujeres que se portan mal, sino con un mundo que se porta mal con las mujeres. Por ejemplo, la apertura del libro con la pieza "Mema" desata un tono tristón y acertado al rescatar del olvido a la personaje que poco a poco sucumbe ante los caprichos de los hijos (hijas para ser preciso). Es así que se devela que esta colección tendrá otro eje importante, la maternidad y la interminable tortura que llamamos niñez.
     Varios de estos cuentos merecen especial atención. El primero que resalta es "Las huellas de una vida" el cual trata el tema de la dualidad que experimenta constantemente un ser rehabilitado y los efectos que sus decisiones tienen en los demás, incluso post mortem. El relato se construye con recortes de esquelas, correos electrónicos y notas lo cual rememora un tanto a El corazón de Voltaire de Luis López Nieves. En la misma pauta se encuentra "El dulce olor de las almendras" el cual se vale mayormente de esquelas para mover la trama.
     Carballo deja en cada plumazo una pizca de ironía, la cual maneja con variados grados en todas sus historias. La mezcla se compone también del ejercicios de colorear injusticias, deseos, sueños y sutiles venganzas. Todos estos ingredientes operan para crear cuentos que emulan un historial de lecturas que se pueden conjeturar en la autora. Para estas muestras, los siguientes botones: "Algo más que huesos" y "El dedo poderoso de la mujer afgana" remonta, como señalamos, a la tradición árabe; "Mechita gana una" a La guaracha del Macho Camacho de Sánchez; "Las cadenas de la libertad" tienen un aire a lo Santos Febres.
     Repito: El gran denominador de Mujeres que se portan mal es la ironía. No hay cuento que se salve de esta herramienta, algunos logrados y otros casi en su punto. Vale mencionar aquí piezas como "Humanidad" y " Un gesto de amor", los cuales brillan por su estilo conciso, su intención crítica y toques de violencia.
Este es un libro de mujeres que persiguen las ansias mismas que motivaron el "Yo fui mi misma ruta" de Julia de Burgos dentro de una crítica a los convencionalismos sociales y con una estructura experimental que emula el collage de John dos Pasos en su USA Trilogy (la mezcla de recortes de periódicos, esquelas y otros pastiche). Mujeres que se portan mal también sobresale por la pulcritud de su edición la cual sorprende mucho en un libro de autor, así que, tomen nota. Bravo por Carballo.

martes, 10 de junio de 2014

Lo obvio, lo feo y lo peligroso: Crónicas del colapso… de Emilio Pantojas García


 En los últimos 6 años prolifera el uso de las columnas de opinión y análisis para enfrentar la situación económica— que a su vez es política— de Puerto Rico.[1] El pueblo lector discurría normalmente por las páginas de los rotativos nacionales viendo la política, la sangre y los números y, más o menos, luego de algunas secciones se topaba con una entrega de los miembros académicos de nuestra sociedad. Lo cierto es que con la llegada de las revistas cibernéticas, las redes sociales y los denominados teléfonos inteligentes se multiplicó la cantidad de lectores y el acceso a este tipo de escrito. Por otro lado, y con más importancia en el campo editorial, han sido ya numerosos los nuevos “analistas” que inundan la esfera de discusión pública con escritos que se tambalean entre lo parco y lo desmedido. No cabe la menor duda de que ponerse al día en este rollo cuesta tiempo y que escoger qué leer y cómo leerlo puede tornarse en un ejercicio doloroso para el ávido de letras.[2] Ante esto aparece en los estantes la publicación Crónicas del colapso: economía, política y sociedad de Puerto Rico en el siglo veintinuno de Emilio Pantojas García como una propuesta de síntesis sin sacrificar la altura de la visión crítica y analítica que se espera de estos escritos.

     Crónicas del colapso… hace alarde de su título ya que es en realidad una colección de la gesta periodística que Pantojas García lleva desde inicios (o mediados) del 2000 hasta el presente. El libro es un tanto denso, con casi 300 páginas de periodismo de opinión que varían en extensión y enfoque. Los textos intercalan de cuando en vez un canapé analítico que precede a la división editorial en cuatro secciones, entiéndase: “El colapso”, “Economía y globalización”, “Política” y “Sociedad y cultura”. En puridad, las cuatro parcelaciones cantan a coro el mismo estribillo de “Puerto Rico está fuñío’, la cosa está apretá’” ; empero, ofrecen contestaciones al porqué de esa circunstancia.

     En “El colapso” Pantojas no descarta el clasificar a la Isla como un país tercermundista que anda por el mundo en gríngolas sin aceptar que cuando decimos “la cosa está mala” en realidad versamos sobre una profunda crisis económica y social. Esta música puede parecer “hit” pasado de moda y no culparía al lector vago(neta) de pensar que el texto peca de hablar de lo mismo; no obstante, el propósito de Pantojas García apunta hacia otro norte, el de recopilar su testimonio cronológicamente con el fin de observar el cadáver social desde un historial clínico. Ahora, el lector aguzado apreciará la síntesis de problemas sociales que hace la sección, entre estos: la llamada ingobernabilidad del país, la exagerada proliferación del crimen y su impacto a los estilos de vida borincanos, la poca acción para atajar problemas básicos de convivencia política y la cultura del fraude. Pantojas García ofrece también una piedra preciosa al final de estas páginas llamada kakistocracia que como el comején, se alimenta del tronco grueso y construye su imperio con la materia prima de sus propios excrementos. Sin duda, este ensayo es un “must”—lectura necesaria para los puristas que le “tiltea” el ojo por una mera cuestión de estilo de vocabulario —para esta generación y otras.

     La parte de “Economía y globalización” es cuantiosa, no por eso desatinada. La explicación la ofrece el propio autor al destacar que la mayoría de estos ensayos se publicaron en el mensuario Diálogo de la Universidad de Puerto Rico. En esencia, el sociólogo destaca las razones por las cuales la política económica de los pasados 40 años ha sido un carrusel que cambia de velocidad y no de médula. Según estos escritos, Puerto Rico no ha desarrollado una cultura de progreso global por estar enraizado a políticas de exención y dádivas contributivas que solo han insertado a la Isla en el mercado mundial por chance. Así, Pantojas García explica que cuando el olfato capitalista detecta una sucursal con menos gastos, mejores oportunidades de inserción al mercado global y mano de obra barata y necesitada, recoge sus maletas y ni siquiera pide la bendición al marcharse. De esta forma, Puerto Rico ha sido eje de una economía de despuntes esporádicos que una vez desprovista de x o y beneficios de incentivo federal se sume en una depresión que tiene consecuencias incluso sicológicas.[3]

     La sección de “Política” es un tanto compleja ya que abarca un abanico de temas que son el ají de nuestro día a día y, por otro lado, es donde el autor reúne algunos de sus ensayos en torno a la Universidad de Puerto Rico. De por sí, estos tópicos son ejes de diatribas de altura o bajeza en cada cafetín de esquina o reunión departamental universitaria. Hay que destacar que en instancias hay que leer más la opinión de Pantojas García en vez de su análisis de lo cual el desocupado lector no debe tener problema y de lo cual el autor está en su total derecho.[4] En torno a esta unidad me tomo la libertad de alimentar la curiosidad sin dejar a un lado que los ensayos en torno al tema de la U.P.R. reviven pasiones, obligan a comparar los eventos con la actualidad de nuestra institución— de la cual soy también empleado y con otros sombreros, estudiante —y se presentan como buen material para tesis futuras en torno al asunto.

     En el caso del acápite de “Sociedad y cultura” hay que subrayar que es el más variado del libro. Se tratan aquí cosas como la inclinación a las predicciones de los politólogos y la crítica a sus métodos, la falta de credibilidad de las emisoras que transmite en la banda de Modulación de Amplitud (AM), la recurrencia a la cultura del chisme y su nocividad al desarrollo social de Puerto Rico y hasta el debate de casarse “como Dios manda”. Si bien es una sección amplia hay algunas joyas que merecen destacarse, por ejemplo, el escrito “La caribeñidad como proyecto” renueva la discusión del refrán que canta “Cuba y Puerto Rico, de un pájaro las dos alas” y plantea una crítica al desarrollo económico de las Antillas. Por otro lado, el ensayo “Por qué Don Omar no” dejó entrever la necesidad de un análisis socio-semiótico de las estrategias empleadas en épocas de elecciones y llamó la atención a lo que considero uno de los temas neurálgicos de la contemporaneidad que deslumbra por su invisibilidad en los círculos de discusión: la brecha generacional entre electores. Lo único desalentador de esta parte del libro son las dimensiones de los escritos lo cual merece excusa al autor ya que estas publicaciones obedecieron criterios periodísticos y no los de una editorial.

     Resta decir que Crónicas del colapso… de Emilio Pantojas García es un libro logrado que continúa la tradición de la Editorial Callejón de ofrecer recopilaciones de las publicaciones periodísticas de miembros de la academia, principalmente en las áreas de las Ciencias Sociales. Así, este texto se suma a otros como La nación en vaivén de Jorge Duany. Ahora, vale decir que mi recomendación va a la población joven: Leer este texto es crucial para entender el entorno en que nos hemos criado—sí, me incluyo —y es una herramienta poderosa para insertarse en la discusión política y social. Por lo cual, que lo lea todo el mundo pero principalmente que lo lea la Generación del Colapso.

***
Próximamente se reseñarán a Arlene Carballo, Yolanda Arroyo y Manolo Núñez, y otros. Pendiente.


[1] El impulse, en gran medida, se debe al poder de las redes sociales en la web.
[2] Para este punto, vale mencionar la nueva propuestas de periódicos de lectura somera y rápida la cual también cuenta con una nutrida cepa de columnistas mayormente jóvenes y de notoriedad reciente
[3] Evidencia de esto se puede observar al analizar la cantidad de suicidios, alcoholismo, depresión y solicitudes de Beneficios de Seguro Social por estar “malo de los nervios” durante los años de cierre de las grandes fábricas del programa 936. Este elemento me consta es más fuerte en la zona rural de la Isla donde la única fuente de actividad industrial venía de dicho programa tributario federal ante la ausencia de inversión criolla en fábricas de manufactura. Así, de esta debacle ha sobrevivido una lazariana venta de servicios, negocios de consumo y la letárgica industria de la construcción, pero estos mares son para recorrerse con otra nave y no en una crítica literaria como la de marras.
[4] Vale acotar la tendencia infame de esta práctica en la radio puertorriqueña, principalmente en las emisoras que transmiten a través de la Modulación de amplitud (AM), las cuales en los últimos 6 años han desarrollado coloridos paneles de “análisis”, para muestra remonto a aquellas ediciones de programa que eran conducidos por quienes ahora fungen como senadores tanto del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático.