Mostrando entradas con la etiqueta Puerto Rico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Puerto Rico. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de julio de 2024

Lullaby para Don Luis: Una semi-crónica interrumpida entre poesía

Alas le dé a tu sueño el éter de quimeras 

Clara Lair. "Lullaby Mayor".




Una vez me escabullí a casa de abuela a matar el tiempo y culminé en el cuarto de madera del fondo. Las luces estaban apagadas, las ventanas cerradas y el aire acondicionado encendido. Allí la matriarca dormía a uno de los más pequeños— hoy de los más grandes— en una mecedora un tanto moderna. ¡Cantaba!   

Verde luz de monte y mar
Isla virgen del coral
Si me ausento de tus playas rumorosas
Si me alejo de tus palmas silenciosas
Quiero volver, quiero volver

Uno observaba en trance el dormir ajeno y asimismo se llevaba a uno— ya mayor— a la ribera de una playa palmera con un sueño místico y profundo. La consciencia marcó un hito: ¡Abuela había usado Verde Luz como lullaby para sus nietos! Fue un descubrimiento con sorpresa y familiaridad a la vez: El El efímero jungiano había llevado del inconsicente al consciente la canción de cuna que ahora surgía como motor del carácter. Y es que así era la infancia, plagada del cancionero del vate mocano.

Solina, solina 
¿quién te dío esa flor? 
Me la dió Cupido 
en prueba de amor.

El Topo murió el 23 de julio de 2024. Unos días antes del palimpsesto del 25 de julio [escoja la fecha que más le guste]. Su voz de tenor y su lírica de vate bien hecho queda sazonada por la realidad: El Topo era un bohemio mocano. Par de veces lo vi andar por la plaza. ¡Alegre y rápido! 

Voló, voló
Ana María voló
Voló de mi palomar,
Mi palomita volo

Ayer este monte bautizado con solo cuatro letras lo esperó y estuvo con él hasta el anochecer. El Coliseo Juan Sánchez Acevedo estaba con un vaivén de gente desde la tarde. Este cronista tuvo que atender sus responsabilidades pero pudo llegar a las 7:20pm. Le di la vuelta a la avenida Concepción Vera pasando el Paseo Artesanal donde la gente afloraba en un kiosko de esquina preparando bebida y kareoke. Cualquier otro hubiera parado allí a demandar solemnidad y pureza ante el velatorio. Algo incorrecto en Moca. Primeramente que al cruzar la calle se encuentra la funeraria así que en la capital del mundillo a todo fallecido se le canta y se le bebe ipso facto. Más allá: ¿Qué hubiera querido Don Luis? ¿Silencio y tristeza?

¿Dónde vas María?
¿Dónde vas María?
Solita y a pie
voy buscando al niño
dónde lo hallaré
voy buscando al niño aah aay
dónde lo hallaré.

Al costado del coliseo se daba la liga de baloncesto en la pequeña cancha. Había vociferar de padres, silbos de árbitros, niños sudados que corrían diestra y siniestra. El pueblo está vivo. Así es, así siempre será. Por lo que sin preocupaciones continué hasta ver abarrotado el estacionamiento. Era una señal hermosa, la gente se había dado cita como si hubieran traído a un gigante cuando Don Luis— característico de su familia— era un montoncito de arte y música.

Por tierra y por mar 
en donde me hallara
Conmigo tu estabas
Madre, en mi soñar  

Aparqué el armatoste de vehículo que uso y llegué a la entrada del coliseo donde jugué volibol, me gradué, donde trotaba de adulto para aplacar los lípidos sanguinales. La realidad es que allí había más fiesta. ¡Bullicio! ¡Correr! Un pinchero repartía su mercancía. En el vestíbulo la gente se agrupaba en tertulia con un fuertísimo olor a café. El coliseo era funeraria, o mejor, era templo.

Luchando por un cariño
Luchando por un amor
entre alegrías y penas
la vida he pasado yo

Pasadas las puertas de cristal la voz de Carlos Esteban Fonseca servía de maestro de ceremonia. Guitarra, percusión y voz flotaban en un duelo de décima. Gente conversaba, se abrazaban en saludos y vertían memorias. A la izquierda en las gradas se explanaba una bandera de Puerto Rico retando las facultades de la gravedad. Una guardia de honor vigilaba ceremonialmente.

Me tienen el ojo echao
La olla está en la candela

El poeta Juan Manuel González llegó al poco tiempo de sentarme. Su comentario probablemente era similar al de los demás: "¡Qué bueno que lo trajeron a Moca!". Ya eran casi las ocho y las sillas blancas se vaciaban. Una señora las acomodaba nuevamente reclamando como las debajan regadas sabiendo que mañana se usarían. Mis ojos rondaban como satélite viendo como el pueblo recibía notas musicales de Oubao-moin. La gente fotografiaba la bandera, las imágenes  que aparecían en un proyector y una gran pancarta que habían colgado al fondo que mostraba a Don Luis abrazando su guitarra.
 

Que eres como todo
algo que se va
Mas te llevaría
sorda en mi silencio

La velada fue anunciada hasta las nueve, pero la gente sabía que al otro día la misa comenzaría temprano para luego subir el trecho a Los Sauces. ¡El calor estaba asegurado! Fue entonces que Verde Luz sonó por virtud de una voz joven. Arropó todo con un manto de calma. La atmosferización se hizo. La gente se apiñó cerca del férretro mientras que los demás se ponían de pie en las gradas de la derecha. Verde luz en ese momento fue himno patrio, fue despedida en luto, fue nuevamente lullaby para el descanso eterno. Don Luis yacía en su ataúd vestido con guayabera. Le acompañaba un rosario, una imagen de la virgen y los signos de Borinquen y Moca. ¿Cómo lo hacen para que uno vea su rostro ya inerte y se perciba como si fuera una sonrisa? Quizá es la mente jugando con uno, o la imaginación de un niño adormilado, o el efecto del lullaby.

Quiero volver, quiero volver
 

domingo, 14 de julio de 2024

La serpiente muere por la boca y por el rabo: Uróboros de Andrés L. Córdova Phelps

Uróboros

Andrés L. Córdova Phelps 

Edición independiente 

246 páginas



Retomar el acostumbrado paso de la crítica literaria tras los acontecimientos de estas fechas es una tarea sumamente difícil. Cuestiones profesionales, personales y llanamente perturbadoras, con solo mirar las redes, atrasan o mutan las fechas en que se puede escribir tranquilamente sobre un texto. Ahora, no valen los prolegómenos, el ejercicio de esta entrada busca hacer un poco de justicia— con todo el candil que esa palabra trae a este libro— a un texto del colega profesor y abogado, Andrés Córdoba Phelps. 

El texto es una clara referencia al quehacer de Nietzsche y la intención se vislumbra en una estructura que abandona la plasmación en párrafos. Se escribe aquí en pequeños aforismos, casi versos, que contienen el desdoblamiento de silogismos y el cuestionamiento de las fuentes del poder. Córdova es lector de los clásicos, interroga y burla principios y trae problemas a las definiciones sustentadas por el Derecho. Todo esto con ganas de joder. 

Lanza dardos desde las primeras páginas cuando vislumbra: "La República platónica, como Comala, está protegida por los muertos". Yace aquí un enorme juego de intenciones en donde la mención del poblado donde se pierde Juan Preciado parece un aviso como el que se le interpuso a Dante al momento de bajar al primer círculo infernal. Este último concepto, su circularidad y el castigo eterno, se suma al problema del laberinto que es la Comala de Pedro Párramo. Este texto y el Derecho—con la mayúscula que se dedica a criticar— son las fauces de algo donde es trabajoso salir y donde ya hay muchos muertos a quienes leer y escuchar. 

Más adelante expulsa: "Cuando se dice que es cuestión de Derecho, lo que está diciendo entrelíneas es que es custión de fuerza". Las nociones, las definiciones, los trabalenguas de la nomenclatura, se pierden cuando se acciona aquello que Facundo Cabral narraba: ¿Qué es un general desnudo?". Así, línea a línea se descubre que la fuerza de la que habla el texto es aquella que ha dejado a los muertos antes mencionados y que cimenta la ciudad de las letras. El acto del libro es despojar vestiduras y ver qué le da la fuerza a esta cosa. Uróboros suena aquí al exhalar del cigarillo de Arendt cuando reconoce que el Derecho impera, tal vez, con una banalidad que permite la legitimación de barbaridades. 

Es casi con añoranza que el libro a veces se rebela contra sí. La culebra se come el rabo, con náuseas. "Cometemos una injusticia con nosotros mismos cuando domesticamos nuestras inclinaciones anarquistas", dice. Es una voz que imita al derecho con su capacidad de sancionarse incluso a sí mismo. Esto recuerda algunas referencias a Walter Benjamin— que en este libro asoman la cabeza/rabo a cada rato. La cruda metáfora de violentarse a sí mismo en el escape de la violencia. ¡Morir perdiendo Las Arcadias! Queda así el cuerpo expuesto, ultrajado como semiosis de la violencia cuan estudia Sontag.

Estos asuntos— Derecho, violencia, Benjamin, autoridad— recuerdan cuando Jacques Derrida adujo que el pensamiento benjaminiano no es ajeno a interpretar la intención de la violencia del derecho para crear tautologías y síntesis a priori en torno su realización y convenciones. Esto es, se da a sí mismo los medios para  decidir entre la violencia legal y la ilegal. Apunta Córdova Phelps que "La legalidad paradójicamente evoca y está enmarcada por la ilegalidad". No en vano las manos de Escher se vuelven una constante durante la mayoría del texto:

Ahora, Uróboros no descansa solamente en ser un ejercicio de crítica teórica o de filosofía. Otras partes de la publicación como las de "Los veinticuatro juristas" tiene un clásico juego cervantino: El texto encontrado, la multiplicdad de autores, las fuentes dúbitas de la escritura son muestras de que en el derecho mismo y en el ojo que lo critica no hay consistencia si no la de la serpiente que eternamente se devorará sin nunca alcanzar un final.

Solo le queda a uno la salida de la locura. La risa y el absurdo son a veces una música de fondo en el libro. Tal vez al igual que un Nietzsche incoherente que se consume— la mente que termina devorando la propia mente— en el soñar con caballos que sufren. 

"Las cosas serían mucho más fáciles, sugería irónicamente Ernst Bloch, si pudieramos comer grama", dice Uróboros, como si fuera la voz del caballo abrazado por el filósofo. Una remembranza de aquel episodio garcíamarqueño que traduce como finalidad de todo asceta de intelectual el doblarse en el patio a hacer el ridículo: "¿Qué clase de hierba, doctor?» Y él, con su parsimoniosa voz de rumiante, todavía perturbada por la nasalidad: «Hierba común, señora. De esa que comen los burros".

Uróboros es un texto diseñador para una persona que ha leído ciertos otros libros, o bendito, jurisprudencia, y le alberga un cansancio. Tal vez el profesor de derecho o el abogado que busca escapar de la cotidianidad. ¡Alguien que mira la grama y le da hambre¡ En fin, que se mira al pasado con algo de ironía y jocosidad. Tal vez se recuerda que en algunos monasterios del conocimiento escolástico, con su sobriedad y barbas llenas de letras colgantes existía algún arquitecto que dibujó una macabra carcajada de algún demonio en relevie de pared.

En mi caso, los días de docencia en la Interamericana terminaron. No recuerdo ni aquel número de empleado que asignaban. No obstante, el texto de Córdova Phelps rememoró en mí las tertulias y sobremesas de los compañeros del Departamento de Estudios Humanísticos quienes hablaban de la inmortalidad del cangrejo, los significados del evangelio y las noticias de ayer mientras observaban el "bowl" girar en el microhondas de la cocina de facultad. ¡Qué buenos tiempos aquellos! ¡Qué deliciosa la yerba que como hoy!

lunes, 15 de mayo de 2023

Narrativa de la convergencia en "Arauco ” de Juan Manuel Zurita Soto (Centro de Estudios iberoamericanos de la UPR-A )



ENLACE A LA PRESENTACION



En esta ocasión presentamos la novela “Arauco” de Juan Manuel Zurita Soto, escritor, periodista, profesor de literatura e investigador de nuestro Centro de Estudios Iberoamericanos. Como señala Itziar Pintado (madridactual.es) sobre Arauco: “La novela hace consciente al lector del paso del tiempo, de los recuerdos y la memoria… En palabras de Juan Manuel Zurita Soto, ‘la memoria es fundamental para un buen escritor’ y esta historia cargada de recuerdos es la representación de su memoria, la de su familia y la memoria de toda su procedencia. 

La presentación estuvo a cargo del Dr. Nelson E. Vera Santiago, escritor, profesor, abogado e investigador del Centro de Estudios Iberoamericanos, y se llevó a cabo el 25 de abril de 2023 de manera virtual.  Junto a Juan Manuel y Nelson, nos acompañó Juan Bautista Durán, Director de la editorial Comba que hizo posible la publicación de esta novela. También participaron Dr. Pedro Cabán Vales, Dr. Carlos D. Altagracia Espada, Dr. José J. Rodríguez Vázquez y Dr. Gabriel Alemán Rodríguez.

Para adquirir la novela en Estados Unidos

Barnes and Nobles: https://www.barnesandnoble.com/w/arau... 

Amazon: https://www.amazon.com/-/es/Juan-Manu... 

Para adquirir la novela en España

Casa del Libro: https://www.casadellibro.com/libro-ar... 

Sobre la editorial Comba: https://editorialcomba.com/ 

Sobre el Blog Ficciología: http://ficciologia.blogspot.com/ 

The Cellular Place & Coffee Shop: https://www.facebook.com/thecellularp... 

El Seminario Martha Bechis & Julio Ameller se enfoca en el estudio de los debates filosóficos contemporáneos y forma parte del Centro de Estudios Iberoamericanos (CEI) de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Aunque sus orígenes se remontan a la década de los 1980s, el mismo ha sido rebautizado en honor a dos de sus más distinguidos fundadores Doña Martha Aurora Bechis y Don Julio Ameller Vacaflor. 

Para conocer todo lo referente al Centro de Estudios Iberoamericanos entra a nuestra página web http://ceiupra.org/ 

Sigue al CEI en nuestras redes sociales: 

Facebook: https://www.facebook.com/ceiupra/?mod... 

Twitter: https://twitter.com/cei_upra 

Instagram: https://www.instagram.com/cei.arecibo...

lunes, 4 de julio de 2022

La empinada ruta del asceta hacia la libertad: La Princesa y el Oso Blanco de José Enamorado Cuesta

José Enamorado Cuesta

La princesa y el oso blanco (versos carcelarios) 1955

Editorial Tiempo Nuevo

129 páginas

 

La nota ética debe preceder cualquier acercamiento a esta lectura: Yace aquí un libro gestado por mi mentor Mario O. Ayala producto de lo que cultivó mientras fue mi director de Tesis en el 2020.

Sin embargo, puedo aclarar que los trabajos que se produjeron en ese periodo— aquella tesis como este trabajo crítico— gozan de una rigurosidad bastante marcada como exigida por ambos. Es con esos crisoles que se trae a la consideración de los lectores isleños esta edición de la poesía de José Enamorado Cuesta precedida de un estudio de Ayala y gestada bajo el sello de la editorial Tiempo Nuevo en San Juan, Puerto Rico.

¿Quién es José Enamorado Cuesta? El nombre suena tanto a seudónimo como a creación poética en sí. No obstante, Ayala esgrime que el poeta yaucano tiene una vasta producción literaria que, entre obras perdidas y otras no estudiadas, obligan a retomar un camino que trazaron predecesores como Francisco Lluch Mora; José Emilio González y, la voz contundente de los estudios literarios en el Oeste de la Isla, Josefina Rivera de Álvarez.

Esta tirada viene con un inicio editorial llamativo: Una nota del rotativo Repertorio Americano del 15 de mayo de 1954 de San José, Costa Rica, en donde se reclama por el encarcelamiento de Enamorado Cuesta según una misiva firmada por Manuel Arroyo. La carta lleva el poderoso título “Yo acuso” y culmina con una advertencia de las secuelas que repercutirán en el caso de que Costa Rica permita el avance estadounidense.

Lo anterior deja el sazón listo para lo que Ayala identifica como una conciencia política de corte internacional y un ánimo previsor que arropa la literatura del poeta. El estudio preliminar también apunta que, si bien Enamorado Cuesta cumple con las características para encapsularlo en la Generación del Treinta de Puerto Rico, su caso es sui generis y distinguible. Como bien apunta el estudio, Enamorado “participó del problemático ideario de la identidad desarrollado por la llamada Generación del Treinta”.

El yaucano fue funcionario de aduanas federal por su fluidez con el inglés; veterano de la Primera Guerra Mundial; así como combatiente, y a su vez corresponsal, durante la Guerra Civil Española. Luego de muchos años, termina como preso político sin renunciar a la exposición discursiva de los valores de la libertad plasmada con una experiencia que se nutre de lo que hay mas allá de los litorales puertorriqueños.

Se diferencia aquí el cultivo de una poesía panfletaria vis a vis una poesía político-histórica. Dice Ayala: “El poeta como sujeto, no se entera, necesariamente, de los efectos de su ejercicio, pero busca además de belleza, una comunicación con otro sujeto humano”. O sea, hay un cultivo en Enamorado Cuesta que sueña con la historia y que reconoce que su labor, si bien no necesariamente rendirá los frutos hoy, podrá ser cosecha de un mañana. En puridad, no languidece la visión del combatiente que sacrifica su hoy por la promesa de una prosperidad para los suyos que se encuentra contingente en el futuro.

Es interesante que la nota con que inicia el texto de Enamorado Cuesta es una renuncia abierta e inequívoca a la aplicación de las leyes de derecho de autor por provenir del mismo germen que combate. Asimismo, la obra tiene un prólogo que llama la atención de sus contemporáneos a la vez que denuncia que la cuestión política de Puerto Rico se encuentra enlazada a la literaria. El poeta sanciona de forma diplomática lo que nomina como un deber que se enlaza y emula el de otros literatos a nivel mundial.

El estilo se identifica por Ayala como neo-criollista y lo distingue del verso modernista que impero en Llorens y en Jesús María Lago. No se ven aquí los cromatismos de dicho estilo, mucho menos las alusiones que distinguen el modernismo intimista del externo. No hay quimeras ni piedras preciosas pero si denuncia y añoranza: Como si la voz lírica estuviera anclada a la realidad.

El ejercicio de Enamorado Cuesta es observacional. Da la sensación de que se está junto a la voz lírica, encarcelado en La Princesa, y a la vez se crea una atmosfera de denuncia que evoca lo internacional. Hay aquí un sujeto triste pero en cumplimiento y en agradecimiento. Subyace una conciencia que apunta a la labor realizada como medalla de combate.

En esencia, Enamorado Cuesta es un lector muy atinado a las corrientes. Sabe lo que es manejar las formas clásicas a la vez que denuncia desde la corriente política que lo motiva. Es una voz distinguible de Corretjer, pero a tono con esta.

El texto ruega por más aportaciones mientras reconoce una necesidad de estudiar la figura de Enamorado Cuesta. Principalmente, hay un llamado a expurgar esos textos perdidos. Al igual que el poeta, aquí hay una invitación.

domingo, 24 de octubre de 2021

Urgencias, displicencias y docencias: Notas de un desplazado que continúa

¡ Nuevamente aquí!

Las pasadas semanas han sido álgidas y cargadas por razones varias. Entre estas, estuve presentando la investigación “¡Qué corazón tiene este país!”: The Politics of Refusal and Self-Government in the Aftermath of Puerto Rico’s 2020 Earthquake12" como parte del American Studies Association Annual Convention 2021 en octubre de este año. 

Esta investigación sigue en curso. Lo que se presentó fue un preliminar que versa sobre los aspecto jurídicos de la beneficencia, elementos sicológicos del altruismo boricua y una amalgama de asuntos constitucionales y teóricos con nuestra carta de derechos. Tan pronto esté revisada y editada mostraré un preliminar en este espacio.

Por otro lado, adjunto aquí la versión editada del PodCast "El sur también existe" del Centro de Estudios Iberoamericanos de la UPR de Arecibo a la cual estoy adscrito. Esta tirada versa específicamente sobre mi línea de investigación en el área de Mundos Posibles, ética y Roberto Bolaño. Pueden darle clic a la imagen que los llevará a la página. El episodio es de casi 3 horas y eso es en síntesis. No niego que es largo, pero me excuso ya que es un intento de resumir mi disertación.


Sobre las críticas de libros pendientes. ¡Lo sé! ¡Se han atrasado! Ante la carga de trabajo eso sucede y más si sigo siendo un simple docente sin plaza que saca de sus recursos y su tiempo para cumplir con este quehacer investigativo. ¡Voy pela'o y a mi ritmo! ¡Breguen con esa!

domingo, 18 de abril de 2021

“Apártate de mí, Satanás”: Una novela del mismísimo demonio

El evangelio según Luzbel

Wilfredo Matos Cintrón

Ediciones La Sierra

240 páginas

¡Qué difícil es escribir del diablo! Por más que se intente, hacerle justicia es dificilísimo. Imaginen


entonces la gesta de Wilfredo Matos Cintrón al tratar de hacerle todo un evangelio en una novela que puede provocar la ira de uno que otro zelote.

Esta novela es un intercambio de ciencias, ética y religión sazonada con lo histórico, lo antropológico y político. ¡Un proyecto verdaderamente ambicioso! El tema tiene demasiados ribosomas, las alusiones requieren un buen manejo para no sobrecargar al lector y la trama misma, si se llegase a descuidar, tiene proporciones titánicas. ¿Cómo Matos Cintrón balancea estos elementos para traer una novela ágil y que no caiga en lo mismo? 

Primeramente, se debería apuntar al buen manejo de la cadencia. Aquí hay ritmo, hay movimiento, la mezcla no se empelota. Pero, no es un meneo cualquiera, es de corte caribeño, es hasta de barrio. De allí, de al lado de las casas y de las parcelas. Luzbel narra su evangelio como si estuviera dándose dos frías en el cafetín de la esquina. Como si pregonara el muerto que van a poner en la funeraria. En fin, que este demonio tiene más aire de puertorriqueño leído y aguerrido que de figura mítica.

Es el lenguaje el ingrediente principal, no cabe duda. Su mesura y su esfera coloquial modulan al texto para acercarnos al llamado rey de las tinieblas. En algunos momentos el narrador se vuelve un interlocutor culto— y de culto— con referencias a la historia, las leyendas, lo remoto y lo cercano. Otras veces se vuelve flexible, cómico y hasta familiar. A modo de ejemplo, en uno de los intercambios más coloridos dice: “Así que todos fueron donde Jesús, quién con no muy finas palabras los mandó al carajo dándole la razón a Pedro y dejando resentido a Santiago" pág. 69. Y no hay de otra para el lector que imaginar una buena mandada a lo boricua y no pensar el asunto en un contexto religioso.

Como si fuera poco hay concatenación cultural. El texto es mitocrítico y a la vez una construcción narrativa formada por las características de lo fundacional. Luzbel fue Prometeo, supo la experiencia de entregarse antes que el propio Jesús. También fue más maestro que el mismo Maestro al ayudarlo a entender su divinidad. Como si fuera poco, fue el compinche de la figura de Quetzalcóatl en la América precolonial. No queda de otra que aceptar que este Luzbel “ha corrido”, “tiene millaje” o “se las sabe”.

La novela está plagada de lo ominoso, principalmente al ojo que ve al cuerpo humano como experimental y fallido. Hay un enorme desconocimiento sobre nosotros mismo y la novela proyecta al personaje como el gran entendedor cuya única agenda es la de sacarnos de la sorna y la ignorancia. Por eso, Luzbel se vuelve profético, a veces. En otras ocasiones, científico. En la mayor de las instancias, rebelde. En uno que otro contexto, un filósofo que sentencia de la siguiente forma: “La muerte es el mayor misterio que los acosa a ustedes” pág. 98.


Matos Cintrón coagula con un verbo ameno un texto de revelación, un juego con lo proteico, el antropomorfismo y la argumentación que en conmixtión develan que estos seres del más allá son igual de pendejos que los de acá. A veces el texto nos recuerda constantemente que lo fantástico está plagado de las mismas cosas mundanas que lo engendran. O sea, por más perfecciones que se le quieran atribuir a los mitos fundacionales, estos no escapan de sus controversiales raíces en la imperfección humana que las concibe.

Una nota un tanto personal: Por cuestiones de la vida, no pude publicar una reseña de esta novela en la Semana Mayor. Ganas no faltaron, pero no hubiera podido escribir la misma nota. Las cosas se cuecen a su tiempo. Opté mejor por disfrutar la lingüística de este texto. Aquí, a ciencia cierta, no escapa uno que otro puertorriqueñismo bien colocado en las fauces del diablo. Como dice el sujeto sin cuernos ni cola ni atributos capricornianos: “Escrito está: A falta de pan, galletas" pág. 133.



lunes, 8 de marzo de 2021

Mayoral de Ramón Edwin Colón Pratts (Notas para un regreso a la crítica literaria y una deuda de lectura)

Mayoral 

Ramón E. Colón Pratts 

Publicación Independiente 

356 págs.

Luego de mucho tiempo, cuya culpa se debe en su mayoría a cuestiones personales y la defensa de mi tesis en Literatura, retomo esta manía de llevar un diario de lectura público. No miento cuando digo que es un ejercicio liberador. Poder escribir sobre libros, sin bibliografía, fichas, citas y los rigores de una academia a la que le “he da’o lucha”, es simplemente manumisor. 

Foto tomada por Libros 787 

Evitemos prolegómenos: La malapaga y el maltrato y poco profesionalismo académico se quedan cortos con esta necesidad de ayudar que me suple fuerza y que, quizá, motiva a otros tipos de lecturas de lo que se produce en la Isla. Fue así como por cuestiones profesionales acudí al despacho del colega y mentor de este oficio, Ramón Edwin Colón Pratts. Allí, además de discutir unos asuntos sobre un caso pro-bono que me ocupa, pude pedir una copia de su novela Mayoral bajo la excusa de que ahora puedo leer lo que me dé la gana.

La novela inicia con lo que será uno de los temas recurrentes: La lenta caída en el acabamiento de la muerte. Desde su génesis, la atmosferización— acuñando el vocablo de Wico Sánchez— da a entender que poco a poco todo muere, todo concluye y todo se desvanece como una burla a nuestra preciada voluntad. Es por esa razón que la obra plantea una discusión un tanto tradicional del debate entre fondo y forma, lo que es y no es o mejor, lo que somos y nunca seremos.

El escrito es denso en sus sermocinatios. A veces con una cadencia que sirve de motor a lo que podría llamarse un juego de dualidades y desdoblamientos. Mayoral es una novela bifronte en varias dimensiones. Por un lado, se juega la historia del texto encontrado, en este caso por los familiares que van culminando el arduo proceso post mortem de conservar y/o desechar lo que sus precursores con tantos años de esfuerzo construyen. Opera aquí una intertextualidad y una metatextualidad que se balancea entre lo que es y no es “parte de”. Así, los deudos encuentran un revoltijo de formularios de Derecho cuyos folios están concatenados a una novela que se escribe en el dorso.

Derecho y Literatura entonces se entrecruzan en una remembranza a la anécdota del Corpus Iuris Civilis o Códex Justiniano. Para no poner la nota al calce, dicen los historiadores que unos monjes habían encontrado unos pergaminos viejísimos en los sótanos de cierto monasterio y, con ánimo beato, rasparon su contenido con navajas para escribir unos poemas a La Madonna. Para su sorpresa, la industriosa inventiva de los romanos de escribir sobre cuero tenía la pretensión de que, aún raspando las superficies, la tinta emergía de las entrañas volviendo a producir la integridad de las constituciones imperiales. Fue así como se descubrió lo que hoy en día es un tatarabuelo muy lejano de nuestro viejo Código Civil.

En la novela, los formularios de Derecho importan poco. Son más bien una obstrucción de lo que verdaderamente interesa y que metafóricamente es una sola de las caras del papel. Este juego con las fachas, tanto de los folios como de las personas, se repetirá hasta que poco a poco se olvide el asunto oculto de las leyes. Bien dice el texto, casi hasta con coraje: “El Derecho lo descojona todo, no arregla nada”. 

Es en esa línea que le toca al lector convertirse en otro miembro de la familia del viejo abogado muerto que poco a poco van tomando retazos de lo que se escribe sobre Mayoral. Este último, se sintetiza en ser uno de los locos del pueblo, pero, como los folios de los formularios, alguien que oculta algo más. No en vano, este mecanismo de balancear lo que se es por un lado y por el otro trae consigo otros vericuetos interesantes: La carnicería donde entrevistan a Mayoral tiene a su vez una trastienda formada por la antigua cárcel de independentistas en este Pepino ficcional (cosa que luego produce una ironía extrema al finalizar el texto); la pluma que hechiza a Mayoral, es por otra cara la misma que lo hace con su interlocutora años después; el color vino— que es el color de la sangre a veces— de un grafiti que grita es por otra cara el mismo color de un mueble que provoca paz; las hipotecas que gravan un inmueble para proteger contra acreedores, es por otra cara la tramoya del asesinato de don Flores Rivera Mercado y la acusación de Jorge Luis Chaar Cacho; la novela que se lee por mano del viejo abogado, es por otra cara la novela que se endeuda en la interrogante de si fue o no escrita en realidad por el loco; la muerte que va encerrando, es por otra cara la que libera.

En fin, Mayoral cumple muy bien lo que en esta profesión se hace muy mal: aprender a cerrar el argumento y callar. Sus últimas páginas son las más elaboradas, las más rápidas, las que dejan más preguntas sin uno darse cuenta de que el narrador le puso el lazo al presente y se lo deja listo a quien quiera tomarlo como obsequio. Asimismo, agradan las referencias a una Antonia Martínez ficcional; a un Pepino que está en un futuro cercano; a un caso que por un momento corto de mi carrera tuve la dicha de intervenir junto con el autor de la obra y verdaderamente comprender que se sentía como parte una novela que puso a medio mundo de puntillas en la década del ’70 en San Sebastián. Así, aquí hay un juego, tal vez con cosas mucho más interesantes que un caso en las cortes o, como pensé en otro momento con la definición de la palabra mayoral, algo que bien muestra lo polifacético que es el pueblo donde el grito se ahogó.    


lunes, 16 de abril de 2018

De callejones y memorias: Una despedida a Elizardo Martínez


La noticia de la partida de quien, en vida, fue uno de los gestores más importantes de las letras puertorriqueñas, Elizardo Martínez, es una puñalada al corazón de la literatura puertorriqueña. Su legado, su importancia, incluso para aquellos que ignoran su labor, se ensalza con las muestras de aprecio y las notas de pésame que han abacorado las redes sociales.
Tomado de facebook.com

Muchos no sabemos qué pasó a ciencia cierta. Los detalles en torno al deceso de quien también fue amante acérrimo del béisbol, los buenos libros y su icónico sombrero tropical, son exiguos. Quedan dudas y un vacío enorme. Solo resta, para muchos, complacer ese vicio de saber los detalles del trágico evento, canjeándolo con las muestras de cariño y el ejercicio de hacer memoria.

Elizardo fue creyente de mi labor y de este espacio. Los primeros acuerdos para reseñas literarias en el antiguo tiempo concedido por Radio Universidad fueron con él y con su misión de traerme los títulos a la emisora. Luego, el compartir en el quehacer cultural se volvió una costumbre.

La obra de Elizardo llevo a que Callejón fuera sinónimo de calidad, pulcritud y novedad. Su meticulosidad libresca, afinada por si candidez y la nítida confianza que le daba a sus lectores atestiguan un arte en el manejo de una editorial.

Es por ello, que ante el paso de tan insigne amante de letras y su inigualable paso por las librerías, presentaciones y tertulias, lo único que resta es dejarle a Elizardo una grata sonrisa, tal y como él hacía.

Descansa en paz.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Hacia dónde debe ir el fuetazo: Presentación de la antología Este juego de látigos sonrientes


           Hablar de la literatura puertorriqueña hoy día se ha convertido en un proceso de extremo cuidado. Esto no sucede por la delicadeza del tema, el cual ha producido y es eje todavía de los álgidos debates culturales que nos han caracterizado, sino por el factor de que en la contemporaneidad, la praxis literaria ha recibido grandes amenazas de ser consumida por un discurso mercantil.
            
            De lo que se discurre aquí es de un problema que ha caracterizado la producción literaria de la última década. En esencia, el resultado de una serie de estrategias para convertir a nuestro escritor endémico en un hermano menor, un facsímil del metaforizado "escritor exitoso". Este es un debate que, al parecer, se está inclinando hacia el potente magnetismo del clisé producto de los aparatos mercantiles y la llamada cultura literaria que peca igual que nuestras otras "culturas" — así con bastardillas. Así, en el Puerto Rico de hoy confundimos al escritor con el humorista, el plagiador, la estrella de televisión y el estridente participe del "reáliti". Esto nos lleva a observar la literatura como mero canjeo, un ir y venir que se mide, primordialmente, por el tráfico que se muestre en los anaqueles. Triste es ver cómo algunos autores operan con máximas simplistas que toman prestado concepciones distorsionados del marxismo y las injertan con el contemporáneo capitalismo post 9-11. Así, se pueden apuntar a algunos fenómenos vergonzosos: 1) El escritor que cree que publicar es más importante que escribir; 2) El escritor quiere ser escritor porque eso le da acceso a janguear con aquellos que ya cargan el sello de escritor; 3) El escritor anti-establishment, anti-corriente y anti-todo que escribe porque lo que quiere es establecer su propio establishment; y 4) El escritor que opera con la máxima de "mientras más libros míos la gente vea en los estantes, más van a pensar que soy escritor".
            
            Lamentablemente— hay que decirlo así— quienes más se han ido por este risco son aquellos que disque desean cultivar la prosa. Productos a su vez, una gran caterva de estos, de ciertos programas que prometen que con 100 créditos universitarios posgraduados te convertirás en Stephen King, con 200 en Corín Tellado y con otros 300 en Isabel Allende.
           
             
Ahora, en ese ámbito, la poesía puertorriqueña se ha mantenido firme en su encomienda de no soportarle mierdas a nadie y continuar con sus metamorfosis aún cuando esto propenda a tener los bolsillos llenos de versos y no de billetes. Así, el criterio comercial, el afán de reconocimiento y fama no ha afectado a la caterva de poetas tal y como ha sucedido con los prosistas. En ese tono, hoy nos toca hablar de un proyecto que se inserta en los anaqueles mediante la vieja fórmula de esfuerzo y colaboración: Este juego de látigos sonrientes.
           
            Del saque, el nominal de esta antología involucra las relaciones lúdicas a las que somos propensos los humanos. En cuanto al binomio juego y poesía el teórico Rafael Nuñez Ramos ha expresado que:
La poesía, para ser un juego, debe recuperar la dimensión material del lenguaje y volverse hacia el lado de la expresión; así le lenguaje puede ser tratado como cosa en la que es posible jugar, manipular, experimentar; pero a la vez la poesía debe preservar la capacidad de significación, pues solo ella permite incorporar la variedad del mundo, la multiplicidad de las cosas, lo que hará de la poesía un juego profundo y complejo (48).
          
             Lo acuñado por Nuñez Ramos va hilvanado a problemas clásicos o sea al arroz y a la habichuela de Platón y Aristóteles. En esencia, Platón tenía incomodidades con ambos aspectos, tanto el juego como la poesía. Huelga aquí centrar la atención a lo que Jacques Derridá critica del filósofo al timonear que el maestro de Aristóteles juega a tomarse en serio el juego. Señala el pensador francés que el problema de Platón versa en que este ve el juego como un mero accidente. Abunda además, que juego y jugar con cosas distintas, lo cual se percibe mejor en las acepciones inglesas de las palabras "game and play".

            Cónsono a esto, el teórico Huizinga ha establecido unas características de lo que llama Homo Ludens, a razón de que el “juego” y el “jugar” es:
1. Libre, o que evoca la libertad
2. Ajeno a lo “ordinario” y lo “real”
3. Distinto a la vida ordinaria en cuanto a lo locativo y al fenómeno temporal
4. Exige un orden absoluto y supremo, o sea, crea dicho orden
5. Es ajeno a los intereses materialistas, es un acto que no genera ganancia alguna
         
             Las ideas de Huizinga desarrollaron una cascada de posibilidades acerca del estudio de la
relación del juego y la sociedad humana (lo que llama ludología). No es rémora el que esta teoría social sea aplicada a la literatura. De esta forma, tenemos específicamente en la poesía un juego de libertad, fuera de la cotidianidad y que no busca un afán material, sino una asociación con el lector.
       
             Debe apuntarse aquí que Este juego de látigos sonrientes ofrece eso y más. En primer término se observa un afán de igualdad para los poetas: aquí no hay porque resaltar ciertas vacas sagradas que carguen la tirada ni que infundan un grado de aceptación social. Quien lea a esta antología aceptará que hay poetas que no formulan las listas de las academias, los ateneos y los círculos exclusivistas. Por otro lado, el texto no hace un sesgo generacional, no hay divisiones por edades, colores o epítetos. Mujeres poetizan junto a hombres; no hay sellitos de si aquel es negro, blanco o colorado; o si hubo tal o cual premio reconocimiento.

             El fluir de la colección también propende a uno de los elementos más importantes de esta década: la invitación al ruedo poético. Lo que se desea plasmar aquí es algo que ha sido pobremente discutido en las aulas universitarias y que ha pasado tal vez a tema de tertulia o de café, pero lo ciertos es que hay una ausencia demasiado dolorosa de la poesía en los centros docentes puertorriqueños. Con riesgos de síncope, nuestra generación más reciente cada vez pierde más espacio social y cultural ante un Puerto Rico que se vuelve cada vez más “Baby Boomer”. El llamado es que nuestros jóvenes necesitan poesía, requieren de esa sensibilidad y despertar de intuición que solo sabe brindar el arte en verso. Así, Este juego de látigos sonrientes se presenta como una colección fresca, de poetas de esquina cuya voz se opone al derrumbe de nuestra sociedad puertorriqueña del siglo XXI; que invita a ser contestatario; arrojado e inquieto. En puridad, no es antología para aprender generalidades de la poesía isleña, sino para abrir camino a nuevas lecturas.

           Más para mérito de los poetas que del tiempo. Esta noche comenzamos una avanzada lírica que debería extenderse a cuanto lector se pueda. Así, no se hará una crítica singularizando los vítores y loas de los autores, se invita a que hagan lectura a que nos inunden con la llama y el grito para que nuestros jóvenes tengan algo más que tecnología y crisis. Hacia ellos es que se dirige el azote, para ellos es el juego.



martes, 1 de diciembre de 2015

Mapa al corazón del hombre de Carlos Roberto Gómez Beras

Mapa al corazón del hombre
Carlos Roberto Gómez Beras
Isla Negra Editores

Este año 2015, es uno de fiesta y regocijo para la Editorial Isla Negra. Primeramente, esta iniciativa ha pasado de ser un proyecto alterno y se ha convertido en uno de los nombres más buscados en las librerías de Puerto Rico, República Dominicana, Latinoamérica y Europa.
rehabilitacionymedicinafisica.wordpress.com

Por otro lado, hoy traemos una pieza de esta casa editorial que nos parece de especial arraigo. Hablo del poemario Mapa al corazón del hombre, escrito por el fundador y principal cerebro de Editorial Isla Negra, Carlos Roberto Gómez Beras.

Mapa al corazón del hombre es un poemario de mucha madurez. De su lectura he apreciado una construcción cuidadosa y reflexiva de sus piezas. Como un enorme tapiz tejido a mano, este poemario se separa de la poética estridente de la contemporaneidad, aquella que a veces percibimos como escrita de un sopetón.

Sin restar a lo dicho, es un poemario extenso, de más de 200 páginas que se dividen en 7 secciones.
En la publicación resaltan poemas dedicados a la poesía misma, al acto del recuerdo, a la reflexión de la soledad, el paisaje, el esfuerzo y la memoria. En algunas instancias la voz se torna melancólica y descansada en otras se observa activa, en búsqueda de respuestas y en tregua con la vida.

www.youtube.com
Debemos mencionar que el cuidado de la edición de este libro es impecable. La cubierta muestra la captura de unas antiguas vías de tren cortesía del fotógrafo francés Pascal Fallot matizadas de un intenso azul, la solapa se extiende con las biografías del autor y el artista, y finalmente es seguida por la portada y una guarda color vino. Sin lugar a duda, aquellos que deseen ver un ejemplo del trabajo de Isla Negra tendrán aquí las manos llenas.

En hora buena por Mapa al corazón del hombre.  

martes, 11 de noviembre de 2014

Prosac de Mayda Colón en WRTU*

     La poesía sigue dando muestras de latidos fuertes en nuestras librerías. En los pasados años una veintena de vates han encontrado su espacio en publicaciones de autor o en editoriales pequeñas. Hoy apuntamos a una de ellas. Prosac de Mayda Colón es un poemario que invita a la lectura de nuestra nostalgia y la ciudad capitalina.

Foto del texto tomada de www.amazon.com
     Con un tono melancólico y reflexivo la autora detalla versos a los elementos más nimios de Río Piedras, Santurce y el Viejo San Juan. En este texto las grietas, las aceras y los huecos en la calle se combinan con el silencio de las iglesias y el vagabundeo de una voz poética que desea fundirse con las historias de la ciudad y su propia familia.

     Mayda Colón nos muestra en sus páginas un intento por detener el tiempo, combatir la inmovilidad y el olvido del Alzheimer. En varios de los poemas se percibe una genuina labor de memoria que muchas veces recrea la niñez quebrantada ante la ausencia de la madre, En otras instancias la figura femenina de la abuela ocupará el cambo y se presentará como un cuerpo arrugado similar a los caminos y las grietas de San Juan.

     Prosac también presenta el espacio urbano como el producto de la Babel políglota que se codifica y decodifica a sí misma. En otras ocasiones, el espacio citadino asemejará a la caja de Pandora abierta de par en par pero que de alguna manera ha aprendido a vivir con sus demonios.

     La publicación aparenta recibir su bautismo en la página 77 y 78. En estas la poeta explota con un
Foto de eltaller.de
suplicio a favor de la locura diciendo: "No me prohíban la tristeza...." De esta forma el poemario se lanza hacia un coloquio con el lector y es a su vez una invitación para apreciar la nostalgia.
En algunas ocasiones Prosac se aparta de este cometido y adopta un discurso crítico-social. Este elemento dista de la uniformidad que desarrolla el libro pero no le resta originalidad.

     Así, Prosac a veces le cantará a la pobreza, la desigualdad, la violencia y a la circularidad que parece consumir a Puerto Rico.

     El poemario cuenta también con una excelente selección fotográfica a cargo de Zayra Taranto lo cual deja entrever un cuidado de edición puntilloso y efectivo. Este elemento se suma a la forma horizontal o tipo "landscape" de la publicación la cual simula la mirada absorbente de quien lee a las ciudades.

*Al aire en la sección de Crítica de Libros de WRTU 89.7fm el 10 de noviembre de 2014.

miércoles, 16 de julio de 2014

Chingos, un enorme queso en el cielo y el aullido que esconde el norte: Un vistazo a Imaginario de luna de Pepo Delgado Costa*

Tomado de Isla Negra Editores
Desde hace más o menos un año y cinco meses llevo viajando a la tierra de los lobos puertorriqueños. En este recorrido he juntado aquellas memorias donadas por familiares que versan sobre un pueblo rico en economía y movimiento mercantil en donde todo el mundo busca  de ratito en ratito espiar el mar. No hay duda de que Arecibo cuenta con una ubicación envidiable y con una historia extensiva que si bien desarrolla orgullo provincial para algunos debería provocar mucha curiosidad en otros.  
—Así, así— como dicen nuestros viejos en los campos, hoy vengo a discursar sobre la producción literaria que bautiza a este pueblo. El libro de marras, Imaginario de luna, de Pepo Delgado Costa es un libro atento al detalle, que mezcla lo conciso con lo abundante y que opera con una compleja diégesis que lleva a cuestionarse, con sinceridad, la circularidad de lo cuadrado. No para menos el autor emplea esta metáfora desde el principio.
Ahora, Imaginario de luna se añade a la tendencia narrativa actual de hilvanar los cuentos mediante elementos simbólicos o metafóricos. Esto permite la sutileza de que el primer cuento sea intrínsecamente parte del último. Todo el aparato cuentístico departe hacia el mismo conjunto de denominadores comunes: —obviamente— la luna, los perros y Arecibo.
Foto de la Universidad de Ohio
La primera pieza, titulada "Ley de etiqueta" ofrece dos posibles lecturas a raíz de la ambigüedad lógica del vocablo que lo denomina. Así, etiqueta puede ser el sello con que Delgado Costa presenta su producción narrativa al lector, o sea un signo en el sentido semiótico que le comunica algo al lector, una marca o un "tag" que informa. No obstante, también podría aceptarse como la etiqueta del buen gusto y refinamiento que el personaje busca entallar durante su relato. Mucho se podría decir de la construcción de este primer encontronazo literario: 1) el autor comienza con resquebrajar el lenguaje, 2) prosigue con la falsa promesa de la rutina de un profesor y 3)culmina con un salto al vacío que parecería el producto de una abrupta clausura de la tediosa agenda del personaje. Empero, Delgado Costa, cual relojero puntilloso, ofrece más ya que al final del relato se observa la primera clave del libro: existe la posibilidad de que nuestro inocuo profesor esté relacionado a un hombre lobo.
El segundo relato desata entonces el vaivén de transiciones que dominará al texto. Aquí un perro Husky atontado comienza a relatar su historia. El dato que alimenta las ganas de leer es que al parecer existe una canicultura o perricultura que domina a Río Piedras. Allí los perros se pelean por los puntos de comida, se traicionan y pecan unos con otros semejante al bajo mundo que tanto auge tiene hoy en día. Esta dinámica se elaborará con mérito en los cuentos "Guerra urbana" en donde las perras ejercen su matriarcado y luchan por jurisdicciones, "Vente, que nos fuimos" segunda parte de la entrega pero esta vez los perros se mudan a Arecibo y "Pon el cerdo a volar" en donde algunos de los perros deciden convertirse en cineastas. Este último, juega con el dicho estadounidense que se traduce o traiciona por "cuando las vacas vuelen".
Ahora, la concatenación de cuentos caninos ocurre a la par con la originalidad del primer cuento. Con respecto a nuestro querido profesor no tenemos mucha noticia después de su salto. En una transición tipo in ictu oculli, nuestro personaje se encuentra en Río Piedras y así se comprende que todas las gestiones hechas en el primer cuento eran la preparación para un viaje. En Río Piedras nuestro académico sueña de forma surrealista con perros en la pieza "Tres puertas". 
Algunas pistas hasta ahora: el personaje se encuentra en Río Piedras, tiene una cita importante pero se topa con el cadáver de uno de los perros de la juntilla que peleaba por los puntos de comida y por último pero no menos importante, tiene un problema de bebida que lo lleva a pensar en venganzas y sangre. Por decir algo más de nuestro misterioso ente de ficción, al otro día viajará a Arecibo.     
Ahora, Imaginario de luna se despega un poco de esta oculta trama y deja ver un lado historiográfico y biográfico. Las secciones tituladas "Puerto de Costa Brava"— partes uno y dos— permiten recontar algunas de las figuras insignes de la Villa del Capitán Correa. Estas se vislumbran desde el primer cuento y luego toman forma en una serie de viñetas que emplean el lenguaje coloquial de diversos entrevistados que quedan anónimos. Figuras como el Nene Correo, el lobo Urdaz, el Colegio San Felipe, la familia Oliver y la familia Cadilla, entre otros, se discuten en forma amena con el fin de hurgar las fibras de la fundación de Arecibo.
Más o menos a mitad del texto aparece el relato "Cambalache sugar" el cual comienza a despuntar la narrativa mágico-realista de Imaginario de luna. Esta pieza resalta por la habilidad de recrear espanto y establecer a la vez una ficción fantástica que ata la serie "Puerto de costa brava" con otros eventos que sucederán in futurum. En puridad, "Cambalache sugar" mezcla el tema perruno con el béisbol  y lo sazona con un toque diabólico a lo Evangelio de San Marcos Capítulo 5, versículo 9.
Imaginario de luna rompe entonces con la realidad a partir de "Pon el cerdo a volar", como señalamos anteriormente aquí a los canes le da con ser cineastas. El cuento es a su vez una estrategia de planificación urbana mediante la cual uno de los perros esboza cómo Arecibo puede mejorar económicamente a través de la industria del séptimo arte. Sin embargo, lo importante de estas letras es mostrar la habilidad imaginativa de nuestros personajes caninos. Entonces la cúspide del libro se abrirá paso en el cuento "La calle del Puente de Hierro", esta es sin duda una de las piezas mejor logradas por la pluma de Pepo Delgado Costa.
El cuento presenta a un Arecibo del siglo XIX el cual se cuece en las fiestas de San Felipe. La velada de vagabundeo de dos señoritas se convierte en pesadilla luego de que los jóvenes Miguel Roses Mayol y Reinaldo Carías llegaran en tren cargando su equipaje desde Río Piedras— que no sorprenda la sorpresa— y una leve afición a la luna.
Lo interesante del evento radica en la manera en que se narran los rápidos contornos que culminan con Roses Mayo y Carías amarrados, espumeando por la boca y advirtiendo en los demás una fuerza sobrehumana. El autor nos ilumina con una anécdota de la familia de Carías: lamentan estos que al irse a estudiar, su hijo fuese atacado por una bestia en Sogne d' Auvers el famoso bosque donde se reportaron los ataques de la Bestia de Geveudan. Así, "La calle del Puente de Hierro" estipula la razón por la cual Arecibo siempre ha sido lugar de lobos.
Tomado de deadlymovies.wordpress.com
Poco basta con decir que los apellidos Roses Artau-Mayol son sonoros, así como el joven bobolón de barrio, Bartolo, quien sobrevive el encontronazo con un mordisco de hombre lobo en el hombro. Una leve búsqueda cibernética presenta la existencia de familias insignias con dichos apellidos. Entiéndase la siguiente esquela en el periódico La Vanguardia de España del 16 de mayo de 1916:
En la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya se celebraron ayer divinos oficios en sufragio del alma del que fue abogado fiscal sustituto de esta Audiencia, persona estimadísima en el seno de nuestra alta sociedad, don Lorenzo Rosés Artau.
Las inmensas relaciones de las familias Rosés, Mayol, Artau y Sand concurrieron al fúnebre acto...
Curiosea esta nota el hecho de que la iglesia de Nuestra Señora de Pompeya tiene como a uno de sus fundadores a un abogado de nombre Bartolo. Además, en otra esquela de La Vanguardia, fechada el 29 de octubre de 1922 se anuncia el casamiento de Elvira Rosés Mayo con el ingeniero José Oliver.
Todos estos elementos se entrelazan con nitidez pero solo levantan preguntas para nuestros autor, a quien aconsejo que no revele fuentes. No obstante, otras preguntas son capaces de aflorar: ¿Qué pasó con Bartolo? ¿Por qué los perros quieren hacer cine? ¿A quién exactamente se disponía a visitar en Río Piedras el profesor supuesto licántropo? Más importante aún: ¿Quién cuenta estas historias?

Para estas cuestiones no tenemos mucho espacio de debate porque siguiendo las pautas de la narratología, el último cuento "Alzadita de pata" nos deja perplejos. Son los perros los que cuentan y sueñan estas historias. Son emuladores de Cipión y Berganza en la obra cervantina, o de los perros de Mister Jones que ven la muerte en la obra de Horacio Quiroga.

*Este texto constituyó la presentación del libro Imaginario de Luna de Pepo Delgado Costa el 11 de julio de 2014 en el restaurante Mugs en Hatillo y el 12 de julio de 2014 en la Librería Mágica en Río Piedras.

martes, 10 de junio de 2014

Lo obvio, lo feo y lo peligroso: Crónicas del colapso… de Emilio Pantojas García


 En los últimos 6 años prolifera el uso de las columnas de opinión y análisis para enfrentar la situación económica— que a su vez es política— de Puerto Rico.[1] El pueblo lector discurría normalmente por las páginas de los rotativos nacionales viendo la política, la sangre y los números y, más o menos, luego de algunas secciones se topaba con una entrega de los miembros académicos de nuestra sociedad. Lo cierto es que con la llegada de las revistas cibernéticas, las redes sociales y los denominados teléfonos inteligentes se multiplicó la cantidad de lectores y el acceso a este tipo de escrito. Por otro lado, y con más importancia en el campo editorial, han sido ya numerosos los nuevos “analistas” que inundan la esfera de discusión pública con escritos que se tambalean entre lo parco y lo desmedido. No cabe la menor duda de que ponerse al día en este rollo cuesta tiempo y que escoger qué leer y cómo leerlo puede tornarse en un ejercicio doloroso para el ávido de letras.[2] Ante esto aparece en los estantes la publicación Crónicas del colapso: economía, política y sociedad de Puerto Rico en el siglo veintinuno de Emilio Pantojas García como una propuesta de síntesis sin sacrificar la altura de la visión crítica y analítica que se espera de estos escritos.

     Crónicas del colapso… hace alarde de su título ya que es en realidad una colección de la gesta periodística que Pantojas García lleva desde inicios (o mediados) del 2000 hasta el presente. El libro es un tanto denso, con casi 300 páginas de periodismo de opinión que varían en extensión y enfoque. Los textos intercalan de cuando en vez un canapé analítico que precede a la división editorial en cuatro secciones, entiéndase: “El colapso”, “Economía y globalización”, “Política” y “Sociedad y cultura”. En puridad, las cuatro parcelaciones cantan a coro el mismo estribillo de “Puerto Rico está fuñío’, la cosa está apretá’” ; empero, ofrecen contestaciones al porqué de esa circunstancia.

     En “El colapso” Pantojas no descarta el clasificar a la Isla como un país tercermundista que anda por el mundo en gríngolas sin aceptar que cuando decimos “la cosa está mala” en realidad versamos sobre una profunda crisis económica y social. Esta música puede parecer “hit” pasado de moda y no culparía al lector vago(neta) de pensar que el texto peca de hablar de lo mismo; no obstante, el propósito de Pantojas García apunta hacia otro norte, el de recopilar su testimonio cronológicamente con el fin de observar el cadáver social desde un historial clínico. Ahora, el lector aguzado apreciará la síntesis de problemas sociales que hace la sección, entre estos: la llamada ingobernabilidad del país, la exagerada proliferación del crimen y su impacto a los estilos de vida borincanos, la poca acción para atajar problemas básicos de convivencia política y la cultura del fraude. Pantojas García ofrece también una piedra preciosa al final de estas páginas llamada kakistocracia que como el comején, se alimenta del tronco grueso y construye su imperio con la materia prima de sus propios excrementos. Sin duda, este ensayo es un “must”—lectura necesaria para los puristas que le “tiltea” el ojo por una mera cuestión de estilo de vocabulario —para esta generación y otras.

     La parte de “Economía y globalización” es cuantiosa, no por eso desatinada. La explicación la ofrece el propio autor al destacar que la mayoría de estos ensayos se publicaron en el mensuario Diálogo de la Universidad de Puerto Rico. En esencia, el sociólogo destaca las razones por las cuales la política económica de los pasados 40 años ha sido un carrusel que cambia de velocidad y no de médula. Según estos escritos, Puerto Rico no ha desarrollado una cultura de progreso global por estar enraizado a políticas de exención y dádivas contributivas que solo han insertado a la Isla en el mercado mundial por chance. Así, Pantojas García explica que cuando el olfato capitalista detecta una sucursal con menos gastos, mejores oportunidades de inserción al mercado global y mano de obra barata y necesitada, recoge sus maletas y ni siquiera pide la bendición al marcharse. De esta forma, Puerto Rico ha sido eje de una economía de despuntes esporádicos que una vez desprovista de x o y beneficios de incentivo federal se sume en una depresión que tiene consecuencias incluso sicológicas.[3]

     La sección de “Política” es un tanto compleja ya que abarca un abanico de temas que son el ají de nuestro día a día y, por otro lado, es donde el autor reúne algunos de sus ensayos en torno a la Universidad de Puerto Rico. De por sí, estos tópicos son ejes de diatribas de altura o bajeza en cada cafetín de esquina o reunión departamental universitaria. Hay que destacar que en instancias hay que leer más la opinión de Pantojas García en vez de su análisis de lo cual el desocupado lector no debe tener problema y de lo cual el autor está en su total derecho.[4] En torno a esta unidad me tomo la libertad de alimentar la curiosidad sin dejar a un lado que los ensayos en torno al tema de la U.P.R. reviven pasiones, obligan a comparar los eventos con la actualidad de nuestra institución— de la cual soy también empleado y con otros sombreros, estudiante —y se presentan como buen material para tesis futuras en torno al asunto.

     En el caso del acápite de “Sociedad y cultura” hay que subrayar que es el más variado del libro. Se tratan aquí cosas como la inclinación a las predicciones de los politólogos y la crítica a sus métodos, la falta de credibilidad de las emisoras que transmite en la banda de Modulación de Amplitud (AM), la recurrencia a la cultura del chisme y su nocividad al desarrollo social de Puerto Rico y hasta el debate de casarse “como Dios manda”. Si bien es una sección amplia hay algunas joyas que merecen destacarse, por ejemplo, el escrito “La caribeñidad como proyecto” renueva la discusión del refrán que canta “Cuba y Puerto Rico, de un pájaro las dos alas” y plantea una crítica al desarrollo económico de las Antillas. Por otro lado, el ensayo “Por qué Don Omar no” dejó entrever la necesidad de un análisis socio-semiótico de las estrategias empleadas en épocas de elecciones y llamó la atención a lo que considero uno de los temas neurálgicos de la contemporaneidad que deslumbra por su invisibilidad en los círculos de discusión: la brecha generacional entre electores. Lo único desalentador de esta parte del libro son las dimensiones de los escritos lo cual merece excusa al autor ya que estas publicaciones obedecieron criterios periodísticos y no los de una editorial.

     Resta decir que Crónicas del colapso… de Emilio Pantojas García es un libro logrado que continúa la tradición de la Editorial Callejón de ofrecer recopilaciones de las publicaciones periodísticas de miembros de la academia, principalmente en las áreas de las Ciencias Sociales. Así, este texto se suma a otros como La nación en vaivén de Jorge Duany. Ahora, vale decir que mi recomendación va a la población joven: Leer este texto es crucial para entender el entorno en que nos hemos criado—sí, me incluyo —y es una herramienta poderosa para insertarse en la discusión política y social. Por lo cual, que lo lea todo el mundo pero principalmente que lo lea la Generación del Colapso.

***
Próximamente se reseñarán a Arlene Carballo, Yolanda Arroyo y Manolo Núñez, y otros. Pendiente.


[1] El impulse, en gran medida, se debe al poder de las redes sociales en la web.
[2] Para este punto, vale mencionar la nueva propuestas de periódicos de lectura somera y rápida la cual también cuenta con una nutrida cepa de columnistas mayormente jóvenes y de notoriedad reciente
[3] Evidencia de esto se puede observar al analizar la cantidad de suicidios, alcoholismo, depresión y solicitudes de Beneficios de Seguro Social por estar “malo de los nervios” durante los años de cierre de las grandes fábricas del programa 936. Este elemento me consta es más fuerte en la zona rural de la Isla donde la única fuente de actividad industrial venía de dicho programa tributario federal ante la ausencia de inversión criolla en fábricas de manufactura. Así, de esta debacle ha sobrevivido una lazariana venta de servicios, negocios de consumo y la letárgica industria de la construcción, pero estos mares son para recorrerse con otra nave y no en una crítica literaria como la de marras.
[4] Vale acotar la tendencia infame de esta práctica en la radio puertorriqueña, principalmente en las emisoras que transmiten a través de la Modulación de amplitud (AM), las cuales en los últimos 6 años han desarrollado coloridos paneles de “análisis”, para muestra remonto a aquellas ediciones de programa que eran conducidos por quienes ahora fungen como senadores tanto del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático.