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miércoles, 31 de julio de 2024

Lullaby para Don Luis: Una semi-crónica interrumpida entre poesía

Alas le dé a tu sueño el éter de quimeras 

Clara Lair. "Lullaby Mayor".




Una vez me escabullí a casa de abuela a matar el tiempo y culminé en el cuarto de madera del fondo. Las luces estaban apagadas, las ventanas cerradas y el aire acondicionado encendido. Allí la matriarca dormía a uno de los más pequeños— hoy de los más grandes— en una mecedora un tanto moderna. ¡Cantaba!   

Verde luz de monte y mar
Isla virgen del coral
Si me ausento de tus playas rumorosas
Si me alejo de tus palmas silenciosas
Quiero volver, quiero volver

Uno observaba en trance el dormir ajeno y asimismo se llevaba a uno— ya mayor— a la ribera de una playa palmera con un sueño místico y profundo. La consciencia marcó un hito: ¡Abuela había usado Verde Luz como lullaby para sus nietos! Fue un descubrimiento con sorpresa y familiaridad a la vez: El El efímero jungiano había llevado del inconsicente al consciente la canción de cuna que ahora surgía como motor del carácter. Y es que así era la infancia, plagada del cancionero del vate mocano.

Solina, solina 
¿quién te dío esa flor? 
Me la dió Cupido 
en prueba de amor.

El Topo murió el 23 de julio de 2024. Unos días antes del palimpsesto del 25 de julio [escoja la fecha que más le guste]. Su voz de tenor y su lírica de vate bien hecho queda sazonada por la realidad: El Topo era un bohemio mocano. Par de veces lo vi andar por la plaza. ¡Alegre y rápido! 

Voló, voló
Ana María voló
Voló de mi palomar,
Mi palomita volo

Ayer este monte bautizado con solo cuatro letras lo esperó y estuvo con él hasta el anochecer. El Coliseo Juan Sánchez Acevedo estaba con un vaivén de gente desde la tarde. Este cronista tuvo que atender sus responsabilidades pero pudo llegar a las 7:20pm. Le di la vuelta a la avenida Concepción Vera pasando el Paseo Artesanal donde la gente afloraba en un kiosko de esquina preparando bebida y kareoke. Cualquier otro hubiera parado allí a demandar solemnidad y pureza ante el velatorio. Algo incorrecto en Moca. Primeramente que al cruzar la calle se encuentra la funeraria así que en la capital del mundillo a todo fallecido se le canta y se le bebe ipso facto. Más allá: ¿Qué hubiera querido Don Luis? ¿Silencio y tristeza?

¿Dónde vas María?
¿Dónde vas María?
Solita y a pie
voy buscando al niño
dónde lo hallaré
voy buscando al niño aah aay
dónde lo hallaré.

Al costado del coliseo se daba la liga de baloncesto en la pequeña cancha. Había vociferar de padres, silbos de árbitros, niños sudados que corrían diestra y siniestra. El pueblo está vivo. Así es, así siempre será. Por lo que sin preocupaciones continué hasta ver abarrotado el estacionamiento. Era una señal hermosa, la gente se había dado cita como si hubieran traído a un gigante cuando Don Luis— característico de su familia— era un montoncito de arte y música.

Por tierra y por mar 
en donde me hallara
Conmigo tu estabas
Madre, en mi soñar  

Aparqué el armatoste de vehículo que uso y llegué a la entrada del coliseo donde jugué volibol, me gradué, donde trotaba de adulto para aplacar los lípidos sanguinales. La realidad es que allí había más fiesta. ¡Bullicio! ¡Correr! Un pinchero repartía su mercancía. En el vestíbulo la gente se agrupaba en tertulia con un fuertísimo olor a café. El coliseo era funeraria, o mejor, era templo.

Luchando por un cariño
Luchando por un amor
entre alegrías y penas
la vida he pasado yo

Pasadas las puertas de cristal la voz de Carlos Esteban Fonseca servía de maestro de ceremonia. Guitarra, percusión y voz flotaban en un duelo de décima. Gente conversaba, se abrazaban en saludos y vertían memorias. A la izquierda en las gradas se explanaba una bandera de Puerto Rico retando las facultades de la gravedad. Una guardia de honor vigilaba ceremonialmente.

Me tienen el ojo echao
La olla está en la candela

El poeta Juan Manuel González llegó al poco tiempo de sentarme. Su comentario probablemente era similar al de los demás: "¡Qué bueno que lo trajeron a Moca!". Ya eran casi las ocho y las sillas blancas se vaciaban. Una señora las acomodaba nuevamente reclamando como las debajan regadas sabiendo que mañana se usarían. Mis ojos rondaban como satélite viendo como el pueblo recibía notas musicales de Oubao-moin. La gente fotografiaba la bandera, las imágenes  que aparecían en un proyector y una gran pancarta que habían colgado al fondo que mostraba a Don Luis abrazando su guitarra.
 

Que eres como todo
algo que se va
Mas te llevaría
sorda en mi silencio

La velada fue anunciada hasta las nueve, pero la gente sabía que al otro día la misa comenzaría temprano para luego subir el trecho a Los Sauces. ¡El calor estaba asegurado! Fue entonces que Verde Luz sonó por virtud de una voz joven. Arropó todo con un manto de calma. La atmosferización se hizo. La gente se apiñó cerca del férretro mientras que los demás se ponían de pie en las gradas de la derecha. Verde luz en ese momento fue himno patrio, fue despedida en luto, fue nuevamente lullaby para el descanso eterno. Don Luis yacía en su ataúd vestido con guayabera. Le acompañaba un rosario, una imagen de la virgen y los signos de Borinquen y Moca. ¿Cómo lo hacen para que uno vea su rostro ya inerte y se perciba como si fuera una sonrisa? Quizá es la mente jugando con uno, o la imaginación de un niño adormilado, o el efecto del lullaby.

Quiero volver, quiero volver
 

domingo, 14 de julio de 2024

La serpiente muere por la boca y por el rabo: Uróboros de Andrés L. Córdova Phelps

Uróboros

Andrés L. Córdova Phelps 

Edición independiente 

246 páginas



Retomar el acostumbrado paso de la crítica literaria tras los acontecimientos de estas fechas es una tarea sumamente difícil. Cuestiones profesionales, personales y llanamente perturbadoras, con solo mirar las redes, atrasan o mutan las fechas en que se puede escribir tranquilamente sobre un texto. Ahora, no valen los prolegómenos, el ejercicio de esta entrada busca hacer un poco de justicia— con todo el candil que esa palabra trae a este libro— a un texto del colega profesor y abogado, Andrés Córdoba Phelps. 

El texto es una clara referencia al quehacer de Nietzsche y la intención se vislumbra en una estructura que abandona la plasmación en párrafos. Se escribe aquí en pequeños aforismos, casi versos, que contienen el desdoblamiento de silogismos y el cuestionamiento de las fuentes del poder. Córdova es lector de los clásicos, interroga y burla principios y trae problemas a las definiciones sustentadas por el Derecho. Todo esto con ganas de joder. 

Lanza dardos desde las primeras páginas cuando vislumbra: "La República platónica, como Comala, está protegida por los muertos". Yace aquí un enorme juego de intenciones en donde la mención del poblado donde se pierde Juan Preciado parece un aviso como el que se le interpuso a Dante al momento de bajar al primer círculo infernal. Este último concepto, su circularidad y el castigo eterno, se suma al problema del laberinto que es la Comala de Pedro Párramo. Este texto y el Derecho—con la mayúscula que se dedica a criticar— son las fauces de algo donde es trabajoso salir y donde ya hay muchos muertos a quienes leer y escuchar. 

Más adelante expulsa: "Cuando se dice que es cuestión de Derecho, lo que está diciendo entrelíneas es que es custión de fuerza". Las nociones, las definiciones, los trabalenguas de la nomenclatura, se pierden cuando se acciona aquello que Facundo Cabral narraba: ¿Qué es un general desnudo?". Así, línea a línea se descubre que la fuerza de la que habla el texto es aquella que ha dejado a los muertos antes mencionados y que cimenta la ciudad de las letras. El acto del libro es despojar vestiduras y ver qué le da la fuerza a esta cosa. Uróboros suena aquí al exhalar del cigarillo de Arendt cuando reconoce que el Derecho impera, tal vez, con una banalidad que permite la legitimación de barbaridades. 

Es casi con añoranza que el libro a veces se rebela contra sí. La culebra se come el rabo, con náuseas. "Cometemos una injusticia con nosotros mismos cuando domesticamos nuestras inclinaciones anarquistas", dice. Es una voz que imita al derecho con su capacidad de sancionarse incluso a sí mismo. Esto recuerda algunas referencias a Walter Benjamin— que en este libro asoman la cabeza/rabo a cada rato. La cruda metáfora de violentarse a sí mismo en el escape de la violencia. ¡Morir perdiendo Las Arcadias! Queda así el cuerpo expuesto, ultrajado como semiosis de la violencia cuan estudia Sontag.

Estos asuntos— Derecho, violencia, Benjamin, autoridad— recuerdan cuando Jacques Derrida adujo que el pensamiento benjaminiano no es ajeno a interpretar la intención de la violencia del derecho para crear tautologías y síntesis a priori en torno su realización y convenciones. Esto es, se da a sí mismo los medios para  decidir entre la violencia legal y la ilegal. Apunta Córdova Phelps que "La legalidad paradójicamente evoca y está enmarcada por la ilegalidad". No en vano las manos de Escher se vuelven una constante durante la mayoría del texto:

Ahora, Uróboros no descansa solamente en ser un ejercicio de crítica teórica o de filosofía. Otras partes de la publicación como las de "Los veinticuatro juristas" tiene un clásico juego cervantino: El texto encontrado, la multiplicdad de autores, las fuentes dúbitas de la escritura son muestras de que en el derecho mismo y en el ojo que lo critica no hay consistencia si no la de la serpiente que eternamente se devorará sin nunca alcanzar un final.

Solo le queda a uno la salida de la locura. La risa y el absurdo son a veces una música de fondo en el libro. Tal vez al igual que un Nietzsche incoherente que se consume— la mente que termina devorando la propia mente— en el soñar con caballos que sufren. 

"Las cosas serían mucho más fáciles, sugería irónicamente Ernst Bloch, si pudieramos comer grama", dice Uróboros, como si fuera la voz del caballo abrazado por el filósofo. Una remembranza de aquel episodio garcíamarqueño que traduce como finalidad de todo asceta de intelectual el doblarse en el patio a hacer el ridículo: "¿Qué clase de hierba, doctor?» Y él, con su parsimoniosa voz de rumiante, todavía perturbada por la nasalidad: «Hierba común, señora. De esa que comen los burros".

Uróboros es un texto diseñador para una persona que ha leído ciertos otros libros, o bendito, jurisprudencia, y le alberga un cansancio. Tal vez el profesor de derecho o el abogado que busca escapar de la cotidianidad. ¡Alguien que mira la grama y le da hambre¡ En fin, que se mira al pasado con algo de ironía y jocosidad. Tal vez se recuerda que en algunos monasterios del conocimiento escolástico, con su sobriedad y barbas llenas de letras colgantes existía algún arquitecto que dibujó una macabra carcajada de algún demonio en relevie de pared.

En mi caso, los días de docencia en la Interamericana terminaron. No recuerdo ni aquel número de empleado que asignaban. No obstante, el texto de Córdova Phelps rememoró en mí las tertulias y sobremesas de los compañeros del Departamento de Estudios Humanísticos quienes hablaban de la inmortalidad del cangrejo, los significados del evangelio y las noticias de ayer mientras observaban el "bowl" girar en el microhondas de la cocina de facultad. ¡Qué buenos tiempos aquellos! ¡Qué deliciosa la yerba que como hoy!

lunes, 15 de mayo de 2023

Narrativa de la convergencia en "Arauco ” de Juan Manuel Zurita Soto (Centro de Estudios iberoamericanos de la UPR-A )



ENLACE A LA PRESENTACION



En esta ocasión presentamos la novela “Arauco” de Juan Manuel Zurita Soto, escritor, periodista, profesor de literatura e investigador de nuestro Centro de Estudios Iberoamericanos. Como señala Itziar Pintado (madridactual.es) sobre Arauco: “La novela hace consciente al lector del paso del tiempo, de los recuerdos y la memoria… En palabras de Juan Manuel Zurita Soto, ‘la memoria es fundamental para un buen escritor’ y esta historia cargada de recuerdos es la representación de su memoria, la de su familia y la memoria de toda su procedencia. 

La presentación estuvo a cargo del Dr. Nelson E. Vera Santiago, escritor, profesor, abogado e investigador del Centro de Estudios Iberoamericanos, y se llevó a cabo el 25 de abril de 2023 de manera virtual.  Junto a Juan Manuel y Nelson, nos acompañó Juan Bautista Durán, Director de la editorial Comba que hizo posible la publicación de esta novela. También participaron Dr. Pedro Cabán Vales, Dr. Carlos D. Altagracia Espada, Dr. José J. Rodríguez Vázquez y Dr. Gabriel Alemán Rodríguez.

Para adquirir la novela en Estados Unidos

Barnes and Nobles: https://www.barnesandnoble.com/w/arau... 

Amazon: https://www.amazon.com/-/es/Juan-Manu... 

Para adquirir la novela en España

Casa del Libro: https://www.casadellibro.com/libro-ar... 

Sobre la editorial Comba: https://editorialcomba.com/ 

Sobre el Blog Ficciología: http://ficciologia.blogspot.com/ 

The Cellular Place & Coffee Shop: https://www.facebook.com/thecellularp... 

El Seminario Martha Bechis & Julio Ameller se enfoca en el estudio de los debates filosóficos contemporáneos y forma parte del Centro de Estudios Iberoamericanos (CEI) de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Aunque sus orígenes se remontan a la década de los 1980s, el mismo ha sido rebautizado en honor a dos de sus más distinguidos fundadores Doña Martha Aurora Bechis y Don Julio Ameller Vacaflor. 

Para conocer todo lo referente al Centro de Estudios Iberoamericanos entra a nuestra página web http://ceiupra.org/ 

Sigue al CEI en nuestras redes sociales: 

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lunes, 3 de enero de 2022

El batir de las olas también es violencia: El ojo de agua de Evelyn Jiménez

El ojo de agua

Evelyn Jiménez

Ediciones Callejón

257 páginas



¡Se reinicia el reloj! Las expectativas del 2022 son bastante cargadas. ¡No hay duda de ello!

Este año se comienzan las reseñas con una densa lista que estuvo pausada por los quehaceres y demás elementos que tanto caracterizaron al 2021. Se suma a esto la impaciencia que domina al pueblo. Ante ello, la lectura es bálsamo que ayuda a ese y otros males.

Hoy toca El ojo de agua de la colega departamental Evelyn Jiménez: Un libro del oeste, inundado de reflexión y crítico de la condición boricua.

El ojo de agua versa sobre esa mutación que despojó a Aguadilla del barrio Borinquen para convertirlo en la Base Ramey. La ironía salpica a la historia— como muchas veces suele— principalmente en lo que respecta al cambio de nominales. Así, estos eventos fungen como un despojo al alma misma que se traducen en una narración cruda.

Tal vez uno de los elementos más llamativos es la soltura del lenguaje del narrador partícipe con relación a los demás entes ficcionales. Es libre, fluido y netamente de aquí. En esencia, de verdad es inocentón en sus inicio y como un avión despega hasta convertirse en una voz madura y, cómo no, angustiada. Rememora a veces aquel periplo a la adultez que el Pirulo de Marqués dibujó con sencillez.

Como se dijo: Hay una metáfora de transformación, tanto de la madurez del narrador como de esas permutas que se sazonan de enigma. Por ejemplo, no tan solo trata aquí como Borinquen perdió su nombre para volverse Base Ramey; si no como por igual las Juanas se cambian a las Jane; la costa aguadillana en su amplitud se vuelve prohibida; y las verjas se erigen como impedimentos al ejercicio mismo de la felicidad .

Dentro de todo, la novela trabaja lo político como una relación simbiótica de la transición sicológica,


sexual y ética del narrador. Es interesante el tono con que el personaje principal sentencia que “Conmigo no. De nacionalista yo no tenía ni un pelo.” pág. 44. Mas, a su vez, en lo recóndito de las entrañas hay una animadversión al soldado netamente invasor. Esto recuerda un poco a The boy without a flag de Abraham Rodríguez.

La suma de particulares ficcionales es colorida: Un protagonista mocano de Rocha, un negro de Guayama, una keipisa pepiniana, un asesino tatuado que, al igual que Garcilaso el Inca, se debate en su condición de mestizo. En la obra hay también lugares que son igual de focales. La mención de las tiendas Sesto en Aguadilla es, sin duda, un sello de que la novela tiene su voz y es del Oeste de la Isla. Las constantes apariciones de los gates aguadillanos juegan confluir similar a las paradas del Santurce viejo. En fin, barrios, sectores, carreteras y otros hacen que se dibuje un mapa bastante exacto.

Vale acentuar que El ojo de agua es una novela bien violenta. Esta obra del oeste esta escrita con sangre. Hay agresiones entre amantes, entre familiares, entre las mismas putas del burdel. Todas estas pasan entonces al crisol del sensacionalismo para que El Clarín— una memoria bien criticada entre los parroquianos de la zona— muestre los vicios más nefastos del chismoserismo borincano.


La novela tiene un paso apurado, casi de despegue de avión. Al final, las cosas seguirán mutando y la narración así lo subraya cuando es sus últimas páginas se retrata el pobre abandono de la Base Ramey y que al final transforma a este espacio en la memoria de algo que dejó de ser un barrio para convertirse en una salida, un escape que el propio narrador usa para perderse y dejar a atrás un pueblo que lentamente se sumerge en la locura.

domingo, 18 de abril de 2021

“Apártate de mí, Satanás”: Una novela del mismísimo demonio

El evangelio según Luzbel

Wilfredo Matos Cintrón

Ediciones La Sierra

240 páginas

¡Qué difícil es escribir del diablo! Por más que se intente, hacerle justicia es dificilísimo. Imaginen


entonces la gesta de Wilfredo Matos Cintrón al tratar de hacerle todo un evangelio en una novela que puede provocar la ira de uno que otro zelote.

Esta novela es un intercambio de ciencias, ética y religión sazonada con lo histórico, lo antropológico y político. ¡Un proyecto verdaderamente ambicioso! El tema tiene demasiados ribosomas, las alusiones requieren un buen manejo para no sobrecargar al lector y la trama misma, si se llegase a descuidar, tiene proporciones titánicas. ¿Cómo Matos Cintrón balancea estos elementos para traer una novela ágil y que no caiga en lo mismo? 

Primeramente, se debería apuntar al buen manejo de la cadencia. Aquí hay ritmo, hay movimiento, la mezcla no se empelota. Pero, no es un meneo cualquiera, es de corte caribeño, es hasta de barrio. De allí, de al lado de las casas y de las parcelas. Luzbel narra su evangelio como si estuviera dándose dos frías en el cafetín de la esquina. Como si pregonara el muerto que van a poner en la funeraria. En fin, que este demonio tiene más aire de puertorriqueño leído y aguerrido que de figura mítica.

Es el lenguaje el ingrediente principal, no cabe duda. Su mesura y su esfera coloquial modulan al texto para acercarnos al llamado rey de las tinieblas. En algunos momentos el narrador se vuelve un interlocutor culto— y de culto— con referencias a la historia, las leyendas, lo remoto y lo cercano. Otras veces se vuelve flexible, cómico y hasta familiar. A modo de ejemplo, en uno de los intercambios más coloridos dice: “Así que todos fueron donde Jesús, quién con no muy finas palabras los mandó al carajo dándole la razón a Pedro y dejando resentido a Santiago" pág. 69. Y no hay de otra para el lector que imaginar una buena mandada a lo boricua y no pensar el asunto en un contexto religioso.

Como si fuera poco hay concatenación cultural. El texto es mitocrítico y a la vez una construcción narrativa formada por las características de lo fundacional. Luzbel fue Prometeo, supo la experiencia de entregarse antes que el propio Jesús. También fue más maestro que el mismo Maestro al ayudarlo a entender su divinidad. Como si fuera poco, fue el compinche de la figura de Quetzalcóatl en la América precolonial. No queda de otra que aceptar que este Luzbel “ha corrido”, “tiene millaje” o “se las sabe”.

La novela está plagada de lo ominoso, principalmente al ojo que ve al cuerpo humano como experimental y fallido. Hay un enorme desconocimiento sobre nosotros mismo y la novela proyecta al personaje como el gran entendedor cuya única agenda es la de sacarnos de la sorna y la ignorancia. Por eso, Luzbel se vuelve profético, a veces. En otras ocasiones, científico. En la mayor de las instancias, rebelde. En uno que otro contexto, un filósofo que sentencia de la siguiente forma: “La muerte es el mayor misterio que los acosa a ustedes” pág. 98.


Matos Cintrón coagula con un verbo ameno un texto de revelación, un juego con lo proteico, el antropomorfismo y la argumentación que en conmixtión develan que estos seres del más allá son igual de pendejos que los de acá. A veces el texto nos recuerda constantemente que lo fantástico está plagado de las mismas cosas mundanas que lo engendran. O sea, por más perfecciones que se le quieran atribuir a los mitos fundacionales, estos no escapan de sus controversiales raíces en la imperfección humana que las concibe.

Una nota un tanto personal: Por cuestiones de la vida, no pude publicar una reseña de esta novela en la Semana Mayor. Ganas no faltaron, pero no hubiera podido escribir la misma nota. Las cosas se cuecen a su tiempo. Opté mejor por disfrutar la lingüística de este texto. Aquí, a ciencia cierta, no escapa uno que otro puertorriqueñismo bien colocado en las fauces del diablo. Como dice el sujeto sin cuernos ni cola ni atributos capricornianos: “Escrito está: A falta de pan, galletas" pág. 133.



sábado, 10 de abril de 2021

Vuelo AA 395 de San Juan a Chicago

 Esto, aquello y lo otro

Luis Rafael Rivera

Situm

 


Luego de 20 años de no montarme en un avión, vengo y cometo la maroma de hacerlo en medio de la pandemia. La experiencia fue lo usual, nada extravagante. No me vanaglorio por esa cuestión de viajar. Sí recalco que luego de esos días en Wisconsin corroboré que con el frío la diferencia entre invierno e infierno es solamente lo sonoro del punto de articulación labiodental.

 El amigo Pedro Juan Cabán Vales me obsequió unos libros para aminorar las millas recorridas. Obviamente, entre llevarme su tesis de derecho de edificación publicada y Esto, aquello y lo otro: Cóctel de historia, derecho y literatura de Luis Rafael Rivera fue una decisión laxa.

 El texto es verdaderamente un juego de fondo y forma comenzando por su índice a la usanza de un menú de coctelería. Comienza con la prosa grande del prólogo de Cabán Vales quien acentúa que el texto, así como degustar de los licores es un arte que se conjuga en la espera.

 Rivera entonces comienza a ofrecer alcohol: Los “Aperitivos” se presentan como una serie de viñetas publicadas en los rotativos nacionales poniendo a todo color la vida de puertorriqueños con los que uno se podría, ciertamente, dar un palo. Literatura, deporte, los debates de género y las anécdotas de dolores y resurrecciones se conjugan bien y sin emborrachar.

 En el vuelo AA 395 de San Juan a Chicago no paro a veces de reír con las cosas que estas personas le cuentan a Rivera. Son ellos los focos de historias que van desde el asombro hasta la grima a veces. Uno imagina que esta gente verdaderamente río y lloró con el también profesor de derecho quien se limita a ser su médium. Yo, a miles de pies de altura y en dirección a lo que en el barrio le llaman “el carajo viejo” como dice mi tía “allá pa’ la puñeta”, me reía a veces bajo la mascarilla y de vez en cuando estos gringos me miraban como si verdaderamente la pandemia me hubiera hecho perder la chaveta.


 Le sigue la sección “De palos con los amigos”. Ya confieso que estaba metido en las fauces de Wisconsin en este periodo por lo que estas piezas alivianaron la resequedad que provoca el frío y la soledad. Una de las piezas claves aquí es el ensayo “El cielo extraviado de José trías Monge” que constituye una desmitificación deliciosa de quien otrora fuese uno de los principales cerebros del muñocismo aunque al final solo parezca una mente arrepentida. ¡Ojalá y su espíritu no me persiga como creo que lo hace con el autor!

 Un trago que pateo fuerte fue “Julio y la publicidad negativa” el cual lo pasé lento para que la juma no subiera mucho. Intuí que hay una gran amistad entre Rivera y Julio Fontanet porque para decir esas cosas en la presentación de alguien sin que al pasado presidente del CAPR se le escapara un “Yo lo mato” tiene que haber unos cimientos de confianza y cariño bien maravillosos.

 Otro de los tragos muy bien preparados es “Vivir con los muertos” que no deja de picar un poquito en la garganta con el relato de la muerte de Esdrújula Agudo Planas de Portillo. Confieso que Sylvia Elvira Cancio González y María de los Ángeles Diez Fulladosa se han vuelto un ejemplo a seguir.  

 “Barra abierta” es la otra sección del menú. ¡Aquí de veras se nos pasó la mano con los tragos! Es una sección fugaz, crítica y de esas que hacen que los compas de borrachera rían y hablen duro. Ese primer texto “Retrato de familia” no fue trago, fue un shot bastante interesante en donde el autor se afianza en la Primera Enmienda de la Constitución para darle unos buenos zarpazos a las ideas del Juez Jorge Escribano.

 La última ronda se pagó con la irónica “La última copa”. A Rivera le encantan las alusiones religiosas que, dicho sea de paso, no escapan de asomarse en alguna que otra cuestión del Derecho. Empero, no digo para mal, si no que me parece que el autor se tiró una maroma nazarena y dejó el mejor vino para lo último. Los escritos aquí son largos, reflexivos, propios de asignatura universitaria y en una medida elabora mejor sobre temas tratados a inicios del libro. Es el momento donde uno se da cuenta que Rivera encontró su voz, pero como muchos de nosotros, se metió en esto del Derecho porque, caramba, hay que pagar la hipoteca todos los meses.

 Lejos de mi terruño ya la primavera aparecía con el trino de algún pájaro para luego escuchar un cuervo enorme que cercano a donde estaba se ganó un “tú no paras de joder” bien a lo boricua. Acabé el libro con beneplácito y confieso que le debo muchísimo a Pedro Juan y a Rivera quienes produjeron este pequeño bálsamo para las lejanías.

 A modo de colofón, dos conclusiones inescapables: Primero, la literatura me sigue salvando la vida y, segundo, a Rivera lo había leído numerosas veces en opiniones del Tribunal y en su texto sobre Derecho Hipotecario, nunca había visto una foto suya, y sí, tiene cara de sacerdote.

 

    

lunes, 16 de abril de 2018

De callejones y memorias: Una despedida a Elizardo Martínez


La noticia de la partida de quien, en vida, fue uno de los gestores más importantes de las letras puertorriqueñas, Elizardo Martínez, es una puñalada al corazón de la literatura puertorriqueña. Su legado, su importancia, incluso para aquellos que ignoran su labor, se ensalza con las muestras de aprecio y las notas de pésame que han abacorado las redes sociales.
Tomado de facebook.com

Muchos no sabemos qué pasó a ciencia cierta. Los detalles en torno al deceso de quien también fue amante acérrimo del béisbol, los buenos libros y su icónico sombrero tropical, son exiguos. Quedan dudas y un vacío enorme. Solo resta, para muchos, complacer ese vicio de saber los detalles del trágico evento, canjeándolo con las muestras de cariño y el ejercicio de hacer memoria.

Elizardo fue creyente de mi labor y de este espacio. Los primeros acuerdos para reseñas literarias en el antiguo tiempo concedido por Radio Universidad fueron con él y con su misión de traerme los títulos a la emisora. Luego, el compartir en el quehacer cultural se volvió una costumbre.

La obra de Elizardo llevo a que Callejón fuera sinónimo de calidad, pulcritud y novedad. Su meticulosidad libresca, afinada por si candidez y la nítida confianza que le daba a sus lectores atestiguan un arte en el manejo de una editorial.

Es por ello, que ante el paso de tan insigne amante de letras y su inigualable paso por las librerías, presentaciones y tertulias, lo único que resta es dejarle a Elizardo una grata sonrisa, tal y como él hacía.

Descansa en paz.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Hacia dónde debe ir el fuetazo: Presentación de la antología Este juego de látigos sonrientes


           Hablar de la literatura puertorriqueña hoy día se ha convertido en un proceso de extremo cuidado. Esto no sucede por la delicadeza del tema, el cual ha producido y es eje todavía de los álgidos debates culturales que nos han caracterizado, sino por el factor de que en la contemporaneidad, la praxis literaria ha recibido grandes amenazas de ser consumida por un discurso mercantil.
            
            De lo que se discurre aquí es de un problema que ha caracterizado la producción literaria de la última década. En esencia, el resultado de una serie de estrategias para convertir a nuestro escritor endémico en un hermano menor, un facsímil del metaforizado "escritor exitoso". Este es un debate que, al parecer, se está inclinando hacia el potente magnetismo del clisé producto de los aparatos mercantiles y la llamada cultura literaria que peca igual que nuestras otras "culturas" — así con bastardillas. Así, en el Puerto Rico de hoy confundimos al escritor con el humorista, el plagiador, la estrella de televisión y el estridente participe del "reáliti". Esto nos lleva a observar la literatura como mero canjeo, un ir y venir que se mide, primordialmente, por el tráfico que se muestre en los anaqueles. Triste es ver cómo algunos autores operan con máximas simplistas que toman prestado concepciones distorsionados del marxismo y las injertan con el contemporáneo capitalismo post 9-11. Así, se pueden apuntar a algunos fenómenos vergonzosos: 1) El escritor que cree que publicar es más importante que escribir; 2) El escritor quiere ser escritor porque eso le da acceso a janguear con aquellos que ya cargan el sello de escritor; 3) El escritor anti-establishment, anti-corriente y anti-todo que escribe porque lo que quiere es establecer su propio establishment; y 4) El escritor que opera con la máxima de "mientras más libros míos la gente vea en los estantes, más van a pensar que soy escritor".
            
            Lamentablemente— hay que decirlo así— quienes más se han ido por este risco son aquellos que disque desean cultivar la prosa. Productos a su vez, una gran caterva de estos, de ciertos programas que prometen que con 100 créditos universitarios posgraduados te convertirás en Stephen King, con 200 en Corín Tellado y con otros 300 en Isabel Allende.
           
             
Ahora, en ese ámbito, la poesía puertorriqueña se ha mantenido firme en su encomienda de no soportarle mierdas a nadie y continuar con sus metamorfosis aún cuando esto propenda a tener los bolsillos llenos de versos y no de billetes. Así, el criterio comercial, el afán de reconocimiento y fama no ha afectado a la caterva de poetas tal y como ha sucedido con los prosistas. En ese tono, hoy nos toca hablar de un proyecto que se inserta en los anaqueles mediante la vieja fórmula de esfuerzo y colaboración: Este juego de látigos sonrientes.
           
            Del saque, el nominal de esta antología involucra las relaciones lúdicas a las que somos propensos los humanos. En cuanto al binomio juego y poesía el teórico Rafael Nuñez Ramos ha expresado que:
La poesía, para ser un juego, debe recuperar la dimensión material del lenguaje y volverse hacia el lado de la expresión; así le lenguaje puede ser tratado como cosa en la que es posible jugar, manipular, experimentar; pero a la vez la poesía debe preservar la capacidad de significación, pues solo ella permite incorporar la variedad del mundo, la multiplicidad de las cosas, lo que hará de la poesía un juego profundo y complejo (48).
          
             Lo acuñado por Nuñez Ramos va hilvanado a problemas clásicos o sea al arroz y a la habichuela de Platón y Aristóteles. En esencia, Platón tenía incomodidades con ambos aspectos, tanto el juego como la poesía. Huelga aquí centrar la atención a lo que Jacques Derridá critica del filósofo al timonear que el maestro de Aristóteles juega a tomarse en serio el juego. Señala el pensador francés que el problema de Platón versa en que este ve el juego como un mero accidente. Abunda además, que juego y jugar con cosas distintas, lo cual se percibe mejor en las acepciones inglesas de las palabras "game and play".

            Cónsono a esto, el teórico Huizinga ha establecido unas características de lo que llama Homo Ludens, a razón de que el “juego” y el “jugar” es:
1. Libre, o que evoca la libertad
2. Ajeno a lo “ordinario” y lo “real”
3. Distinto a la vida ordinaria en cuanto a lo locativo y al fenómeno temporal
4. Exige un orden absoluto y supremo, o sea, crea dicho orden
5. Es ajeno a los intereses materialistas, es un acto que no genera ganancia alguna
         
             Las ideas de Huizinga desarrollaron una cascada de posibilidades acerca del estudio de la
relación del juego y la sociedad humana (lo que llama ludología). No es rémora el que esta teoría social sea aplicada a la literatura. De esta forma, tenemos específicamente en la poesía un juego de libertad, fuera de la cotidianidad y que no busca un afán material, sino una asociación con el lector.
       
             Debe apuntarse aquí que Este juego de látigos sonrientes ofrece eso y más. En primer término se observa un afán de igualdad para los poetas: aquí no hay porque resaltar ciertas vacas sagradas que carguen la tirada ni que infundan un grado de aceptación social. Quien lea a esta antología aceptará que hay poetas que no formulan las listas de las academias, los ateneos y los círculos exclusivistas. Por otro lado, el texto no hace un sesgo generacional, no hay divisiones por edades, colores o epítetos. Mujeres poetizan junto a hombres; no hay sellitos de si aquel es negro, blanco o colorado; o si hubo tal o cual premio reconocimiento.

             El fluir de la colección también propende a uno de los elementos más importantes de esta década: la invitación al ruedo poético. Lo que se desea plasmar aquí es algo que ha sido pobremente discutido en las aulas universitarias y que ha pasado tal vez a tema de tertulia o de café, pero lo ciertos es que hay una ausencia demasiado dolorosa de la poesía en los centros docentes puertorriqueños. Con riesgos de síncope, nuestra generación más reciente cada vez pierde más espacio social y cultural ante un Puerto Rico que se vuelve cada vez más “Baby Boomer”. El llamado es que nuestros jóvenes necesitan poesía, requieren de esa sensibilidad y despertar de intuición que solo sabe brindar el arte en verso. Así, Este juego de látigos sonrientes se presenta como una colección fresca, de poetas de esquina cuya voz se opone al derrumbe de nuestra sociedad puertorriqueña del siglo XXI; que invita a ser contestatario; arrojado e inquieto. En puridad, no es antología para aprender generalidades de la poesía isleña, sino para abrir camino a nuevas lecturas.

           Más para mérito de los poetas que del tiempo. Esta noche comenzamos una avanzada lírica que debería extenderse a cuanto lector se pueda. Así, no se hará una crítica singularizando los vítores y loas de los autores, se invita a que hagan lectura a que nos inunden con la llama y el grito para que nuestros jóvenes tengan algo más que tecnología y crisis. Hacia ellos es que se dirige el azote, para ellos es el juego.



domingo, 26 de abril de 2015

Los sinsabores del verdadero policía de Roberto Bolaño

La literatura de Roberto Bolaño continúa siendo interesante a pesar de que ya han pasado 11 años de su fallecimiento. Sorprende la cantidad de crítica que aún provoca y las esporádicas obras que aparecieron luego de su partida. Todo parecería indicar que luego de la publicación de su última novela póstuma en el 2011 la fama de la obra del escritor chileno tomaría un descanso. Sin embargo, no fue así ya que en el 2014 la editorial Anagrama publicó la segunda edición de Los sinsabores del verdadero policía.
www.elrancahuaso.cl

Hoy proponemos revisitar dicha novela, la cual contiene algunas de las desviaciones de Bolaño en comparación con sus escritos anteriores.

Los sinsabores del verdadero policía es una de las llamadas novelas de título largo de la bibliografía bolañana. Esta se une a la tradición de sus otras obras Los detectives salvajes y 2666. Con respecto a esta última hay que destacar que se reciclan versiones de los personajes. De esta forma, en Los sinsabores del verdadero policía se repiten nombres conocidos como Amalfitano, Rosa, Pedro y Pablo Negrete y por su puesto el enigmático escritor Arcimboldi.

Es en el marco de esta intertextualidad que la obra cobra mucha de su importancia. Con ella se demuestra que Bolaño tenía preparado para sus lectores un universo de posibilidades, sin embargo, las circunstancias de la vida hicieron que esta promesa de la narrativa latinoamericana se marchara para siempre.

articulo.mercadolibre.com.ar
La edición del 2012 de la novela ostenta la conocida diagramación de la editorial Anagrama en color gris la cual está adornada por la insigne fotografía de Siqui Sánchez. Sin embargo, la de 2014 comparte la mayoría de las características salvo el color, el cual esta vez es amarillo intenso.
Hay que mencionar que Para una cabal compresión de esta novela es requisito la lectura de Los detectives salvajes, seguido de 2666, y luego la novela El Tercer Reich en ese mismo orden. Sin embargo, hay que advertir que el estilo de estas publicaciones es complejo y como dijo el propio autor y cito "El policía es el lector, que busca en vano ordenar esta novela endemoniada".


Para radiouniversidad, en la sección de crítica de libros, les saluda Esteban Vera Santiago.

viernes, 6 de febrero de 2015

Reseña: El eco de las formas de Nicole Cecilia Delgado


La poesía puertorriqueña de los últimos cinco años sigue dando mucho de qué hablar. Principalmente la poesía de jóvenes entre los 25 a 35 años de edad quienes durante un periodo de germinación en la década del 2000 hoy despuntan fuera de publicaciones universitarias y revistas de pasillo. En este momento quiero dirigir la mirada a El eco de las formas de Nicole Cecilia Delgado.

Nicole Cecilia tiene una vasta trayectoria en la escena poética universitaria, mayormente en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Allí se dedicó a las revistas estudiantiles de la cual se rememoran Zurde y Puñal de Epifanía. No obstante, esta vez la poeta se lanza al vuelo con una publicación regida por poemas cortos y con matices que reflejan la sexualidad y la quietud.

El eco de las formas se divide en tres grandes partes. La primera, homónima del poema, resalta por trabajar el erotismo con un aire minimalista pero lo suficientemente ágil como para no sobrecargar el lenguaje. Esta es la parte más extensa de la publicación y uno de los elementos mejor trabajados es el concepto de las estridencias. Así imágenes de vidrios, espasmos, gritos y rasgaduras dominarán a algunos de los poemas.

La segunda parte se titula "belleza monstruo" y muestra un dibujo de la masculinidad a la vez que juega con poetizar el deseo femenino. Son solamente dos poemas pero la manera en que están escritos refleja un aire de modernidad en donde sobresalen los elementos urbanos y la interpelación de la voz poética.

La última parte se llama "hombre nuevo" y en esencia hace juego con las anteriores divisiones de la publicación. Aquí Nicole Cecilia Delgado juega con la anáfora para desarrollar unos versos que reflejan las exigencias de la mujer al varón y las característica que la voz poética desea en él.  No debe sorprender que el hombre sea descosido, brujo, prostituta, extinto, geométrico y de lado femenino.

Resta por decir que El eco de las formas es producto de otra encomiable labor de Editorial Erizo. La organización, calidad del papel y la excelente portada con el arte de Francesca Woodman hacen de esta publicación un excelente ejemplar de las letras jóvenes isleñas.


Para Radiouniversidad, en la sección de crítica de libros, les saluda Esteban Vera Santiago. 

martes, 11 de noviembre de 2014

Prosac de Mayda Colón en WRTU*

     La poesía sigue dando muestras de latidos fuertes en nuestras librerías. En los pasados años una veintena de vates han encontrado su espacio en publicaciones de autor o en editoriales pequeñas. Hoy apuntamos a una de ellas. Prosac de Mayda Colón es un poemario que invita a la lectura de nuestra nostalgia y la ciudad capitalina.

Foto del texto tomada de www.amazon.com
     Con un tono melancólico y reflexivo la autora detalla versos a los elementos más nimios de Río Piedras, Santurce y el Viejo San Juan. En este texto las grietas, las aceras y los huecos en la calle se combinan con el silencio de las iglesias y el vagabundeo de una voz poética que desea fundirse con las historias de la ciudad y su propia familia.

     Mayda Colón nos muestra en sus páginas un intento por detener el tiempo, combatir la inmovilidad y el olvido del Alzheimer. En varios de los poemas se percibe una genuina labor de memoria que muchas veces recrea la niñez quebrantada ante la ausencia de la madre, En otras instancias la figura femenina de la abuela ocupará el cambo y se presentará como un cuerpo arrugado similar a los caminos y las grietas de San Juan.

     Prosac también presenta el espacio urbano como el producto de la Babel políglota que se codifica y decodifica a sí misma. En otras ocasiones, el espacio citadino asemejará a la caja de Pandora abierta de par en par pero que de alguna manera ha aprendido a vivir con sus demonios.

     La publicación aparenta recibir su bautismo en la página 77 y 78. En estas la poeta explota con un
Foto de eltaller.de
suplicio a favor de la locura diciendo: "No me prohíban la tristeza...." De esta forma el poemario se lanza hacia un coloquio con el lector y es a su vez una invitación para apreciar la nostalgia.
En algunas ocasiones Prosac se aparta de este cometido y adopta un discurso crítico-social. Este elemento dista de la uniformidad que desarrolla el libro pero no le resta originalidad.

     Así, Prosac a veces le cantará a la pobreza, la desigualdad, la violencia y a la circularidad que parece consumir a Puerto Rico.

     El poemario cuenta también con una excelente selección fotográfica a cargo de Zayra Taranto lo cual deja entrever un cuidado de edición puntilloso y efectivo. Este elemento se suma a la forma horizontal o tipo "landscape" de la publicación la cual simula la mirada absorbente de quien lee a las ciudades.

*Al aire en la sección de Crítica de Libros de WRTU 89.7fm el 10 de noviembre de 2014.

martes, 28 de octubre de 2014

Texting y Retablo de perpetuos: 2 libros, 1 autor...a algo así

Presentación Texting y Retablo de perpetuos 
Librería AC
Santurce
25 de septiembre de 2014


Texting

Fernando Álvarez Pardo

La poesía puertorriqueña de la última década ha mutado en concordancia con la creciente ola de avances tecnológicos. Este acto refleja la noción de que es un género todavía palpitante a pesar de los embates que recibe constantemente de otras manifestaciones culturales. Podemos decir que se ha fortalecido y que ha acuñado nuevamente los elementos de la comunicación como foco de su intención artística. En esta línea, específicamente en la noche de hoy, nos toca develar un nuevo hito en el quehacer poético puertorriqueño con la presentación de Texting de Fernando Álvarez Pardo.

Vale iniciar esta plática diciendo que el poemario es un juego de estructura. De esta forma, comienza con el poema "Invitación" y establece el carácter de continuidad que permeará la composición de los poemas. Siendo clichoso, hay que colegir que la continuidad es algo de todos los días. Su relación con el ser humano como sensación temporal y como meditación de un estado de constante mutación hacen que la observemos como algo digno de poetizar.

En base a esto, el primer poema presenta una posible lectura que propende a considerar que los sujetos a los que hace referencia— que según la voz poética "me escuchan"— son los poemas en sí. Poemas que estudian sus propias ediciones y que son conscientes de la continuidad. Surge aquí también una imagen de continuidad, la del río, elemento que fascinó a nuestra Julia de Burgos pero que el poeta trae aquí con un sentido similar al de Heráclito cuando afirmaba: "no nos bañamos en el mismo río". Esta figura es firma del poeta y aparecerá más adelante en el poema "Devenir".
Otro tanto se puede decir del poema "Transición" el cual lee "Una hilera de árboles se aposentan en la tarde." Aquí la palabra hilera vuelve a reforzar la continuidad. Sin embargo, el final del poema señala una congelación del tiempo. (Precedido por una pausa) Es en ese momento que nos damos cuenta de que a la voz poética le afecta la paralización de la continuidad o por lo menos los efectos que hace que como ser humano pensemos que el tiempo se nos rompe y detiene. Veamos como otro ejemplo el poema "Pronóstico" en donde dice: "Continuarán las cosas sin que suenen mis labios, la brega de los días que irán desmenuzando." Ese "sin que suenen mis labios" es la gran ruptura de la continuidad, es una metáfora de la muerte, pero no la muerte física sino la muerte poética que tienen los artistas del morir (salvo, claro está, Horacio Quiroga, quien es el gran testigo de la muerte).

Es palmario que la muerte aparecerá por algún lado. De esta forma Texting juega con las premoniciones que puede hacer el lector, quien ya ha identificado la continuidad y que sabe el peligroso juego de detenerla.
Tomado de www.myfaceinforums.com

Sin embargo, la voz poética no solo ofrecerá este problema sino que escarba en el elemento ontológico del "ser sin serlo". En algunas casos va más allá y presenta al lector con un cuestionamiento acerca de la identidad. El efecto de estas consideraciones lleva a analiza a Texting como a una pandora que esconde entre los versos la "otredad". No obstante, la voz la presenta como una "otredad" reconocida. Lo que no sabes es quién reconoce y quién no. Posibilidades sobran acerca de quién puede ser ese otro: 1) El lector en el poeta 2) El poeta en el lector 3) El poeta frente al poema o 4) El poeta frente alguna otra cosa que lo obliga a cuestionar su yo.
Si fuésemos a seleccionar una de estas quizás nos inclinaríamos por la última. Este salto no es ciego ya que la prueba necesaria Texting la ofrece al mostrar la sensación de salirse de lo propia carne. Esto lo llamaríamos el auto-exilio del cuerpo.

Más o menos por aquí es que aparece la pieza "Y yo despierto" en donde la voz poética va a jugar con estos exilios de la propia carne. Apunta el poema: "...he vuelto a mis facciones como si fuera ajeno, intangible y desnudo, convencido de que hay alguien en mí que no conozco." Con esto podemos atisbar que la salida de la propia carne nos amarra nuevamente a esta otredad que persigue al poeta y que observamos previamente. Sin embargo, obliga a preguntarnos si esta otredad no se desdobla en un problema de identidad de quien ha sido exiliado de su propio cuerpo y regresa a él confundido y desubicado. Ejemplo de esto se observa en el poema "Dos en uno" cuando indica "No me parezco a mí, pero aún respondo a las sílabas usuales, y en la calle los otros me saludan como si fuera el mismo."

Puede entonces plantearse que ese exilio de la carne en Texting funciona como un "shock". Algo o alguien perturba a la voz poética de tal forma que lo saca de su propio cuerpo y cuando regresa a él lo hace de forma aturdida y confundida. Este impacto tiene que ser suficiente como para crear la sensación del detenimiento de la continuidad. Ya esbozamos que la muerte puede crear esta reacción. Entonces, esto obliga a la pregunta: ¿Qué tiene que ver la muerte con la poética de Texting más allá de ser un recurso temático? Dejémosla en el tintero.

Otro elemento interesante del poemario es la adopción de la sensación de la inutilidad del arte. Esto ya ha sido trabajado en otras literaturas, por ejemplo se desprende muy bien del prefacio de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. En el caso de Texting este elemento se puede estudiar en el poema "Compensatorio" donde la voz poética expresa: "A veces reconozco que todo es casi inútil, y mis horas se  aferran como silogismos sobre el acervo empeño de una página."

Ese sentimiento de inutilidad contrasta con el devenir del tiempo que lleva a la sensación de "perecer". No obstante, en nuestras latitudes, el sentido de perecer va ligado a la pérdida, que no es de carácter general sino que está específicamente ligada a la "partida", principalmente a la migración a los Estados Unidos. Así perecer y partida son palabras con "p" de puertorriqueño y con esta sumatoria el poeta— también con "p"— conjuga la pieza "Migratorios" la cual revela: "I know that everything I hold will perish. I belong to islands, to the trace of others, fixed into motion between the things I felt and the things I followed." Esto se repite en el poema "Big Sur" en donde la voz expone que "[l]a costa que se aleja entre la niebla como un cuerpo abandonado, despidiéndose." Esa despedida es otra pérdida que solo se puede sentir en las islas. Otro tanto, que no menciono pero señalo, se presenta en el poema "Día de los muertos". Así que el que quiera leer que lea.

Texting es un juego de comunicación poética. Un acto que remonta a los inicios del análisis poético formalista de Jakobson. Esto se ausculta en el poema "Requiem" en donde existe un juego entre receptor y emisor, pero se deja claro que el lector es un receptor simulado ya que es la voz poética la que recibe la llamada telefónica que le informa la muerte de su hermano a quien lo amarra "un coloquio final que nos enlaza." La ausencia, la despedida y el "perish" de la comunicación con el otro, con el hermano, llevan a  la voz poética a auscultar un tipo de "texting" más rudimentario, las correspondencias en papel. He aquí el final del poemario. La contestación que relaciona la muerte, la poesía y la continuidad. Tal como dijimos anteriormente, la muerte del ser querido es el "shock" que obliga al exilio de la propia carne. Hace que el poeta salga de sí y que regrese en un estado catatónico que lo obliga incluso a no reconocerse en el propio espejo. Como la mensajería moderna, el anuncio de la muerte es parte de la continuidad, Texting es llanamente la construcción poética de una continuidad violentada por lo súbito.

Para información del texto:
http://www.editorialislanegra.com/index.php?page=shop.product_details&product_id=331&flypage=flypage.tpl&pop=0&option=com_virtuemart&Itemid=7

Retablo de perpetuos 
Leo Cabranes-Grant

La poesía goza de unas libertades que permiten los saltos súbitos y las caídas en falso. Es un vehículo para hablar desde los espacios cotidianos y los no ortodoxos. Podríamos ser el otro, el ajeno, el perdido. Véase como ejemplo la reciente publicación de Estrategias de la catedral de Vanessa Droz en donde la voz poética se sitúa en la tecata que ignoramos a diario. En sí esto no es exclusivo del género poético, es algo que aparece en toda literatura, así podríamos dar un ejemplo concreto y clásico en Garcilaso de la Vega, El Inca, en donde la voz del híbrido aparece en la crónica. Sin embargo, los efectos de la crónica son muy distintos al de la poesía. La base radica en que la segunda nos permite licenciarnos de cosas.

El texto que presentamos hoy, Retablo de perpetuos de Leo Cabranes-Grant ofrece una mirada a esta capacidad de licenciarnos para ocupar espacios. Este poemario tiene una estructura tripartita que como la teoría científica presenta como su génesis el mar.

De forma turbulenta y salvaje los poemas de esta primera parte tienen saltos y torbellinos. Son poemas concretos con una forma libre que asemeja el vaivén de las olas y en algunas ocasiones la zambullida a espacios de aguas profundas que obligan a sobrevivir de los versos como si estos fuesen el mismísimo aire. Hay palabras usuales y también hay peces extraños. De esta forma el uso de neologismo cobra una mayor importancia. Por ejemplo, el término "Ahoridad" es para la voz poética lo que se posee de instante y se pierde de las manos. Es el agua misma pero no podemas dejar a un lado que el propio poema es una ahoridad. Como dice la voz poética es "Tinta/ Inestable".
Esa instantaneidad es también la ola marina que constantemente aparece en estos poemas. La ola se tiene entre las manos por un breve lapso de "ahoridad" y motiva, como en el tercer poema, a dar "el salto".

Cabranes-Grant no nombre sus piezas, meramente las numera para dar un aire de exploración a sus poemas. Así, en el poema número IV de esta parte contesta el ejercicio de la despedida y la pérdida que emula el intentar asirse de una ola. Dice la voz: "y atrás queda la isla, atrayendo centrífugos deslindes de caoba, el termal asidero de las reminiscencias." Aquí la ola se convierte también en el pueblo de la voz poética. Las reminiscencias a las que se refiere son esos detalles que el exilio impregna de una fortaleza extraña. Se desprende entonces de la poética de Cabranes-Grant que aquellos que viven en la lejanía mantienen su identidad gracias al ejercicio de hacer memoria.
O sea, esos recuerdos los presenta como un vivo ecosistema de estuario, al que hay que recordar como un intersticio, un espacio de negociaciones biológicas que ahora la voz poética transforma en negociaciones culturales de despedida y recuerdo.

Estas despedidas son el producto de cambios voluntarias. Por eso la sensación de migraciones constantes también se deja ver en este poemario. Lo revela el polimorfo verso que lee: "De tanto ir y venir entre el ser y el estar te pesa un poco menos la partida." De esta forma se evidencia que la voz poética ha adoptado la filosofía del trotamundos y que el movimiento constante lo inmuniza de las despedidas.

la segunda parte del poemario: "Tú y ello; juntamente" presenta una poética más tradicional. No habrá una libertad extrema en las estructuras, observaremos muy poco de las aguas turbulentas y cargadas de vida que se presentaban en la sección anterior.

Es importante destacar que el poderoso comienzo de esta sección no deja espacio para el respiro, dice la voz poética: "Y es que somos los ojos de los muertos. A través de nosotros aún miran las cosas." Los versos presentan una temática mucho más oscura en donde la muerte exige un entronizarse para convertir a los vivos en instrumentos de sensibilidad.

Tomado de coldgroundpoetry.blogspot.com
Más adelante el poeta presenta la idea de ser "Tu cara en doble mío". Esto se compara con la otredad familiarizada que muestra un rostro más siniestro: el del propio lector. Por ello la voz poética apunta que será "Yo detrás de tu rostro, desde adentro . Observándolo todo. Escuchándolo todo." Juntando los planteamientos se llega a la conclusión de que en estos versos se desprende la propia muerte de la figura del poeta quien ya había dictado la posesión de los vivos como instrumento de sensibilidad. Vale entonces preguntar: ¿Es esta alusión un juego con la ya superada muerte del autor? ¿Juega con nosotros el autor que revela su propia muerte pero que afirma que vive a través de la lectura que hacen los otros?

El objeto de estos poemas serán en otras instancias los cantos al tiempo. Aquí lo temporal se bifurca para dar paso a una realidad contorsionista que aparece en versos como: "En el día siguiente que ya está pasando." y "el día postrado." Tan así es el afán de división del poeta que incluso predica la bifurcación de las personas.

Atado a lo anterior, el fenómeno del doble (que podríamos cuestionar que no es un doppleganger) se enfrenta a la realidad de una conciencia.

¿Tiene que ver esto con los muertos que sienten y ven a través de los ojos de los vivos? Sí. Pero no es que un sujeto domine el cuerpo del otro sino es que en un cuerpo coexistirán dos conciencias. Por lo cual, en esta sección la voz poética promueve la simbiosis de dos entidades, una de ellas incorpórea y necesitada de una materialidad. Sin embargo, la conciencia artística quiere dejar claro que es independiente y libre a pesar de estar atada al cuerpo o vehículo. Dice la voz: "listen: no somos el uno frente al mismo. No saben calcular: sobra el espejo."

Queda la pregunta: Si la voz que poetiza es la del vate, ¿a quién pertenece el cuerpo poseso? ¿Quién es el vivo en estas lecturas? Obviamente, el lector es un instrumento de relectura de los poemas pero considero que también el otro cuerpo es el del amante.

Sumando las pistas, el vaivén que nos presenta la primera parte es un canto a la ausencia del origen, de la madre. Esta ausencia mata o por lo menos crea una voz poética que se siente muerta y que existe cuando ve las cosas a través de los ojos de otro. Ese otro que ve, que observa da vida al muerto, o sea produce esa sensación de seguridad en la realidad. La mejor forma de describir esto es haciendo alusión a esas instancias en donde nos sentimos vivos porque otro nos mira, ese otro a veces es el amante, la pareja.

Un poco relacionado a esto es el poema número IX de esta sección el cual juega nítidamente con los problemas de la traducción, principalmente lo que llamaríamos aquí una traducción emocional. Ya aquí nos damos cuenta de que la voz poética anda vivita y coleando pero que vive con una ausencia de haber dejado a su Isla. Por lo cual, vive con la muerte que llevan siempre adentro los que convierten en extranjeros. No obstante, el poeta ha encontrado una nueva patria en su amante.
A raíz de esto, el poema presenta a una voz poética que comprende que el acto propio de construir una gastronomía isleña es insuficiente cuando se vive exiliado de la Isla (Ya aquí se presume que todos los presentes se han identificado con ese imaginario puertorriqueño que se ve forzado a vivir fuera de nuestras costas). Por ello indica "Pero no estoy 'aquí'". Así entre bastardillas, como para evocar que el acto de la cocina no tiene el mismo sentido cuando se está en el extranjero porque es a su vez un ejercicio de traducir lo culinario por lo meramente alimenticio. Es por esto que la voz poética sirve yuca frita sin ser entendido. "Puerto Rican food" dice el otro, y solo un puertorriqueño sabe que comer una yuca frita es un acto de cultura y lenguaje que solo otro puertorriqueño entenderá a cabalidad.

La tercera parte del poemario se llama En San Juan y evoca una ciudad capital carcomida y gastada por las pisadas. Los poemas conversan muy bien con Los pies de San Juan de Eduardo Lalo.
Hay que resaltar que el sentido de decadencia se trabaja desde el ejercicio de la memoria. Así, estos poemas son una reflexión que medita el paso del tiempo a raíz de un fenómeno que damos por sentado pero que en realidad es una burbuja en el tiempo. Con la imagen del cementerio destruido que aparece en el poema II, el cual lee “[l] os sepulcros yacentes, partidos por el rayo de los relojes mustios, parecen tecatos adormecidos” podríamos atar cabos con la poética de Paul Valerie o Charles Baudelaire, los dos titanes del movimiento decadentista francés.

Es curiosa la manera en que la voz poética observa con distanciamiento los cambios de su Isla. El cementerio, El Morro y el Cuartel de Ballajá serán un hito en el tiempo que poco a poco se adormece con los cambios del desarrollo y la criminalidad del siglo XXI. Para la voz, Puerto Rico se desdobla hacia el futuro y deja ver una nueva forma de aquello que el célebre Arcadio Díaz Quiñones llamó “El arte de bregar”. Prestemos atención a la nota acerca de la transacción de drogas que aparece en el poema V:
Un borbotón de hombres en camiseta se dispersa junto a un carro. Venta de trances. Negocios de la sangre coagulada. Figuración de los bohíques en los patios internos. Al otro lado de la Norzagaray se alquilan los pisos con vista al mar. Hay que mantener las corneas elusivas, observar por encima de las casas apiñadas en el barranco, evadir el mercado de las tribulaciones.

Subráyese la relación que practican las palabras “Negocios” y “bohíques” lo cual crea una relación histórica que no escapa la insinuación política. Puerto Rico se ve aquí como un embudo capitalista que ejecuta la compraventa de la decadencia. Sin embargo, la mirada se desgana del asunto por mor de la supervivencia y gira hacia la Norzagaray en un ejercicio hasta de respeto a lo que hoy en día se ha convertido en lo ominoso.

Estos elementos llevan a pensar que Retablo de Perpetuos de Leo Cabranes-Grant es un libro de una poética cargada de reminiscencias borincanas. En cierta medida, el trabajo de temas como el mar, la ausencia, la partida y la comida lo delatan. No obstante, es curiosa la similitud que tiene con el poemario Texting de Fernando Álvarez Pardo. Si afinamos el ojo se puede analizar esa extraña inclinación de los poemas por los sujetos dobles o, a mejor decir, el sujeto que es en realidad un doble. Poco importa perdurar la tomadura de pelo literaria a la que fue expuesto el presentador, el público y la propia poesía en estas dos presentaciones: Fernando Álvarez Pardo y Leo Cabranes-Grant son el mismo muerto que observa y siente a través de nuestros ojos de lector. Son, en realidad, dos autores y un solo escritor.