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lunes, 4 de julio de 2022

La empinada ruta del asceta hacia la libertad: La Princesa y el Oso Blanco de José Enamorado Cuesta

José Enamorado Cuesta

La princesa y el oso blanco (versos carcelarios) 1955

Editorial Tiempo Nuevo

129 páginas

 

La nota ética debe preceder cualquier acercamiento a esta lectura: Yace aquí un libro gestado por mi mentor Mario O. Ayala producto de lo que cultivó mientras fue mi director de Tesis en el 2020.

Sin embargo, puedo aclarar que los trabajos que se produjeron en ese periodo— aquella tesis como este trabajo crítico— gozan de una rigurosidad bastante marcada como exigida por ambos. Es con esos crisoles que se trae a la consideración de los lectores isleños esta edición de la poesía de José Enamorado Cuesta precedida de un estudio de Ayala y gestada bajo el sello de la editorial Tiempo Nuevo en San Juan, Puerto Rico.

¿Quién es José Enamorado Cuesta? El nombre suena tanto a seudónimo como a creación poética en sí. No obstante, Ayala esgrime que el poeta yaucano tiene una vasta producción literaria que, entre obras perdidas y otras no estudiadas, obligan a retomar un camino que trazaron predecesores como Francisco Lluch Mora; José Emilio González y, la voz contundente de los estudios literarios en el Oeste de la Isla, Josefina Rivera de Álvarez.

Esta tirada viene con un inicio editorial llamativo: Una nota del rotativo Repertorio Americano del 15 de mayo de 1954 de San José, Costa Rica, en donde se reclama por el encarcelamiento de Enamorado Cuesta según una misiva firmada por Manuel Arroyo. La carta lleva el poderoso título “Yo acuso” y culmina con una advertencia de las secuelas que repercutirán en el caso de que Costa Rica permita el avance estadounidense.

Lo anterior deja el sazón listo para lo que Ayala identifica como una conciencia política de corte internacional y un ánimo previsor que arropa la literatura del poeta. El estudio preliminar también apunta que, si bien Enamorado Cuesta cumple con las características para encapsularlo en la Generación del Treinta de Puerto Rico, su caso es sui generis y distinguible. Como bien apunta el estudio, Enamorado “participó del problemático ideario de la identidad desarrollado por la llamada Generación del Treinta”.

El yaucano fue funcionario de aduanas federal por su fluidez con el inglés; veterano de la Primera Guerra Mundial; así como combatiente, y a su vez corresponsal, durante la Guerra Civil Española. Luego de muchos años, termina como preso político sin renunciar a la exposición discursiva de los valores de la libertad plasmada con una experiencia que se nutre de lo que hay mas allá de los litorales puertorriqueños.

Se diferencia aquí el cultivo de una poesía panfletaria vis a vis una poesía político-histórica. Dice Ayala: “El poeta como sujeto, no se entera, necesariamente, de los efectos de su ejercicio, pero busca además de belleza, una comunicación con otro sujeto humano”. O sea, hay un cultivo en Enamorado Cuesta que sueña con la historia y que reconoce que su labor, si bien no necesariamente rendirá los frutos hoy, podrá ser cosecha de un mañana. En puridad, no languidece la visión del combatiente que sacrifica su hoy por la promesa de una prosperidad para los suyos que se encuentra contingente en el futuro.

Es interesante que la nota con que inicia el texto de Enamorado Cuesta es una renuncia abierta e inequívoca a la aplicación de las leyes de derecho de autor por provenir del mismo germen que combate. Asimismo, la obra tiene un prólogo que llama la atención de sus contemporáneos a la vez que denuncia que la cuestión política de Puerto Rico se encuentra enlazada a la literaria. El poeta sanciona de forma diplomática lo que nomina como un deber que se enlaza y emula el de otros literatos a nivel mundial.

El estilo se identifica por Ayala como neo-criollista y lo distingue del verso modernista que impero en Llorens y en Jesús María Lago. No se ven aquí los cromatismos de dicho estilo, mucho menos las alusiones que distinguen el modernismo intimista del externo. No hay quimeras ni piedras preciosas pero si denuncia y añoranza: Como si la voz lírica estuviera anclada a la realidad.

El ejercicio de Enamorado Cuesta es observacional. Da la sensación de que se está junto a la voz lírica, encarcelado en La Princesa, y a la vez se crea una atmosfera de denuncia que evoca lo internacional. Hay aquí un sujeto triste pero en cumplimiento y en agradecimiento. Subyace una conciencia que apunta a la labor realizada como medalla de combate.

En esencia, Enamorado Cuesta es un lector muy atinado a las corrientes. Sabe lo que es manejar las formas clásicas a la vez que denuncia desde la corriente política que lo motiva. Es una voz distinguible de Corretjer, pero a tono con esta.

El texto ruega por más aportaciones mientras reconoce una necesidad de estudiar la figura de Enamorado Cuesta. Principalmente, hay un llamado a expurgar esos textos perdidos. Al igual que el poeta, aquí hay una invitación.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Hacia dónde debe ir el fuetazo: Presentación de la antología Este juego de látigos sonrientes


           Hablar de la literatura puertorriqueña hoy día se ha convertido en un proceso de extremo cuidado. Esto no sucede por la delicadeza del tema, el cual ha producido y es eje todavía de los álgidos debates culturales que nos han caracterizado, sino por el factor de que en la contemporaneidad, la praxis literaria ha recibido grandes amenazas de ser consumida por un discurso mercantil.
            
            De lo que se discurre aquí es de un problema que ha caracterizado la producción literaria de la última década. En esencia, el resultado de una serie de estrategias para convertir a nuestro escritor endémico en un hermano menor, un facsímil del metaforizado "escritor exitoso". Este es un debate que, al parecer, se está inclinando hacia el potente magnetismo del clisé producto de los aparatos mercantiles y la llamada cultura literaria que peca igual que nuestras otras "culturas" — así con bastardillas. Así, en el Puerto Rico de hoy confundimos al escritor con el humorista, el plagiador, la estrella de televisión y el estridente participe del "reáliti". Esto nos lleva a observar la literatura como mero canjeo, un ir y venir que se mide, primordialmente, por el tráfico que se muestre en los anaqueles. Triste es ver cómo algunos autores operan con máximas simplistas que toman prestado concepciones distorsionados del marxismo y las injertan con el contemporáneo capitalismo post 9-11. Así, se pueden apuntar a algunos fenómenos vergonzosos: 1) El escritor que cree que publicar es más importante que escribir; 2) El escritor quiere ser escritor porque eso le da acceso a janguear con aquellos que ya cargan el sello de escritor; 3) El escritor anti-establishment, anti-corriente y anti-todo que escribe porque lo que quiere es establecer su propio establishment; y 4) El escritor que opera con la máxima de "mientras más libros míos la gente vea en los estantes, más van a pensar que soy escritor".
            
            Lamentablemente— hay que decirlo así— quienes más se han ido por este risco son aquellos que disque desean cultivar la prosa. Productos a su vez, una gran caterva de estos, de ciertos programas que prometen que con 100 créditos universitarios posgraduados te convertirás en Stephen King, con 200 en Corín Tellado y con otros 300 en Isabel Allende.
           
             
Ahora, en ese ámbito, la poesía puertorriqueña se ha mantenido firme en su encomienda de no soportarle mierdas a nadie y continuar con sus metamorfosis aún cuando esto propenda a tener los bolsillos llenos de versos y no de billetes. Así, el criterio comercial, el afán de reconocimiento y fama no ha afectado a la caterva de poetas tal y como ha sucedido con los prosistas. En ese tono, hoy nos toca hablar de un proyecto que se inserta en los anaqueles mediante la vieja fórmula de esfuerzo y colaboración: Este juego de látigos sonrientes.
           
            Del saque, el nominal de esta antología involucra las relaciones lúdicas a las que somos propensos los humanos. En cuanto al binomio juego y poesía el teórico Rafael Nuñez Ramos ha expresado que:
La poesía, para ser un juego, debe recuperar la dimensión material del lenguaje y volverse hacia el lado de la expresión; así le lenguaje puede ser tratado como cosa en la que es posible jugar, manipular, experimentar; pero a la vez la poesía debe preservar la capacidad de significación, pues solo ella permite incorporar la variedad del mundo, la multiplicidad de las cosas, lo que hará de la poesía un juego profundo y complejo (48).
          
             Lo acuñado por Nuñez Ramos va hilvanado a problemas clásicos o sea al arroz y a la habichuela de Platón y Aristóteles. En esencia, Platón tenía incomodidades con ambos aspectos, tanto el juego como la poesía. Huelga aquí centrar la atención a lo que Jacques Derridá critica del filósofo al timonear que el maestro de Aristóteles juega a tomarse en serio el juego. Señala el pensador francés que el problema de Platón versa en que este ve el juego como un mero accidente. Abunda además, que juego y jugar con cosas distintas, lo cual se percibe mejor en las acepciones inglesas de las palabras "game and play".

            Cónsono a esto, el teórico Huizinga ha establecido unas características de lo que llama Homo Ludens, a razón de que el “juego” y el “jugar” es:
1. Libre, o que evoca la libertad
2. Ajeno a lo “ordinario” y lo “real”
3. Distinto a la vida ordinaria en cuanto a lo locativo y al fenómeno temporal
4. Exige un orden absoluto y supremo, o sea, crea dicho orden
5. Es ajeno a los intereses materialistas, es un acto que no genera ganancia alguna
         
             Las ideas de Huizinga desarrollaron una cascada de posibilidades acerca del estudio de la
relación del juego y la sociedad humana (lo que llama ludología). No es rémora el que esta teoría social sea aplicada a la literatura. De esta forma, tenemos específicamente en la poesía un juego de libertad, fuera de la cotidianidad y que no busca un afán material, sino una asociación con el lector.
       
             Debe apuntarse aquí que Este juego de látigos sonrientes ofrece eso y más. En primer término se observa un afán de igualdad para los poetas: aquí no hay porque resaltar ciertas vacas sagradas que carguen la tirada ni que infundan un grado de aceptación social. Quien lea a esta antología aceptará que hay poetas que no formulan las listas de las academias, los ateneos y los círculos exclusivistas. Por otro lado, el texto no hace un sesgo generacional, no hay divisiones por edades, colores o epítetos. Mujeres poetizan junto a hombres; no hay sellitos de si aquel es negro, blanco o colorado; o si hubo tal o cual premio reconocimiento.

             El fluir de la colección también propende a uno de los elementos más importantes de esta década: la invitación al ruedo poético. Lo que se desea plasmar aquí es algo que ha sido pobremente discutido en las aulas universitarias y que ha pasado tal vez a tema de tertulia o de café, pero lo ciertos es que hay una ausencia demasiado dolorosa de la poesía en los centros docentes puertorriqueños. Con riesgos de síncope, nuestra generación más reciente cada vez pierde más espacio social y cultural ante un Puerto Rico que se vuelve cada vez más “Baby Boomer”. El llamado es que nuestros jóvenes necesitan poesía, requieren de esa sensibilidad y despertar de intuición que solo sabe brindar el arte en verso. Así, Este juego de látigos sonrientes se presenta como una colección fresca, de poetas de esquina cuya voz se opone al derrumbe de nuestra sociedad puertorriqueña del siglo XXI; que invita a ser contestatario; arrojado e inquieto. En puridad, no es antología para aprender generalidades de la poesía isleña, sino para abrir camino a nuevas lecturas.

           Más para mérito de los poetas que del tiempo. Esta noche comenzamos una avanzada lírica que debería extenderse a cuanto lector se pueda. Así, no se hará una crítica singularizando los vítores y loas de los autores, se invita a que hagan lectura a que nos inunden con la llama y el grito para que nuestros jóvenes tengan algo más que tecnología y crisis. Hacia ellos es que se dirige el azote, para ellos es el juego.



martes, 1 de diciembre de 2015

Mapa al corazón del hombre de Carlos Roberto Gómez Beras

Mapa al corazón del hombre
Carlos Roberto Gómez Beras
Isla Negra Editores

Este año 2015, es uno de fiesta y regocijo para la Editorial Isla Negra. Primeramente, esta iniciativa ha pasado de ser un proyecto alterno y se ha convertido en uno de los nombres más buscados en las librerías de Puerto Rico, República Dominicana, Latinoamérica y Europa.
rehabilitacionymedicinafisica.wordpress.com

Por otro lado, hoy traemos una pieza de esta casa editorial que nos parece de especial arraigo. Hablo del poemario Mapa al corazón del hombre, escrito por el fundador y principal cerebro de Editorial Isla Negra, Carlos Roberto Gómez Beras.

Mapa al corazón del hombre es un poemario de mucha madurez. De su lectura he apreciado una construcción cuidadosa y reflexiva de sus piezas. Como un enorme tapiz tejido a mano, este poemario se separa de la poética estridente de la contemporaneidad, aquella que a veces percibimos como escrita de un sopetón.

Sin restar a lo dicho, es un poemario extenso, de más de 200 páginas que se dividen en 7 secciones.
En la publicación resaltan poemas dedicados a la poesía misma, al acto del recuerdo, a la reflexión de la soledad, el paisaje, el esfuerzo y la memoria. En algunas instancias la voz se torna melancólica y descansada en otras se observa activa, en búsqueda de respuestas y en tregua con la vida.

www.youtube.com
Debemos mencionar que el cuidado de la edición de este libro es impecable. La cubierta muestra la captura de unas antiguas vías de tren cortesía del fotógrafo francés Pascal Fallot matizadas de un intenso azul, la solapa se extiende con las biografías del autor y el artista, y finalmente es seguida por la portada y una guarda color vino. Sin lugar a duda, aquellos que deseen ver un ejemplo del trabajo de Isla Negra tendrán aquí las manos llenas.

En hora buena por Mapa al corazón del hombre.  

lunes, 6 de abril de 2015

El anarquista de Javier Febo Santiago @ RadioUniversidad

Podría plantearse que el siglo veintiuno ha comenzado con ciertas características que lo destacan como un periodo de olvido. Por un lado, la creciente tecnocultura, según la denomina el Dr. Luis Felipe Díaz, ha movido al humano a convertirse en lo que ahora llamamos "usuario". Por otro lado, la pugna de las ideologías ha cesado, ya no pulsean el socialismo y el capitalismo en el coliseo mundial, rodeado de público, pancartas y anuncios.
Tomado de www.mundolibertario.org

Bajo estas ideas surge un poemario que en pleno siglo veintiuno tratar de resucitar la curiosidad por una de las ideologías políticas que dejaron su huella en el siglo pasado. Así, hoy repasamos El anarquista de Javier Febo Santiago.

Este poemario es un homenaje al discurso anarquista del siglo veinte y a las figuras que lo promovieron tanto a nivel internacional como el nacional. Febo Santiago comparte aquí las etiquetas del movimiento entre las que se encuentran: la posibilidad de la utopía política, la inconformidad del obrero, el estado como obstáculo del progreso y el salario como collar de control social.

Lo poemas no obedecen a un estilo plagado de imágenes sobrecargadas de violencia, ni mucho menos a llamados corrientes al levantamiento de las masas. En sí, es un tipo de miramiento a la belleza del deseo de libertad. Con esto Febo Santiago retrata que lo más hermosos de la anarquía no es la acción en sí, sino el deseo puro que impulsa a la misma combinado con la añoranza de que el porvenir puede ser construido con las propias manos que trabajan.

Como es característico de la poesía de Febo Santiago, en El Anarquista se balancean las extensiones de los poemas. El lenguaje tiene una preferencia por la claridad por encima de la musicalidad lo cual cae bien con la temática del poemario haciendo juego con el lenguaje parco y pausado del obrero cansado de la opresión.

Tomado de www.amazon.com
Las últimas partes del poemario ofrecen una serie de elegías a anarquistas como los nacionales Venancio Cruz, Luisa Capetillo y Alfredo Negrín; así como a los internacionales como Errico Malatesta, Mijail Bakunin y Noam Chomsky.

El anarquista de Javier Febo es una propuesta interesante, quizá un poco romántica para algunos y justiciera para otros. No obstante, es un poemario de pasiones y discusiones.




viernes, 6 de febrero de 2015

Reseña: El eco de las formas de Nicole Cecilia Delgado


La poesía puertorriqueña de los últimos cinco años sigue dando mucho de qué hablar. Principalmente la poesía de jóvenes entre los 25 a 35 años de edad quienes durante un periodo de germinación en la década del 2000 hoy despuntan fuera de publicaciones universitarias y revistas de pasillo. En este momento quiero dirigir la mirada a El eco de las formas de Nicole Cecilia Delgado.

Nicole Cecilia tiene una vasta trayectoria en la escena poética universitaria, mayormente en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Allí se dedicó a las revistas estudiantiles de la cual se rememoran Zurde y Puñal de Epifanía. No obstante, esta vez la poeta se lanza al vuelo con una publicación regida por poemas cortos y con matices que reflejan la sexualidad y la quietud.

El eco de las formas se divide en tres grandes partes. La primera, homónima del poema, resalta por trabajar el erotismo con un aire minimalista pero lo suficientemente ágil como para no sobrecargar el lenguaje. Esta es la parte más extensa de la publicación y uno de los elementos mejor trabajados es el concepto de las estridencias. Así imágenes de vidrios, espasmos, gritos y rasgaduras dominarán a algunos de los poemas.

La segunda parte se titula "belleza monstruo" y muestra un dibujo de la masculinidad a la vez que juega con poetizar el deseo femenino. Son solamente dos poemas pero la manera en que están escritos refleja un aire de modernidad en donde sobresalen los elementos urbanos y la interpelación de la voz poética.

La última parte se llama "hombre nuevo" y en esencia hace juego con las anteriores divisiones de la publicación. Aquí Nicole Cecilia Delgado juega con la anáfora para desarrollar unos versos que reflejan las exigencias de la mujer al varón y las característica que la voz poética desea en él.  No debe sorprender que el hombre sea descosido, brujo, prostituta, extinto, geométrico y de lado femenino.

Resta por decir que El eco de las formas es producto de otra encomiable labor de Editorial Erizo. La organización, calidad del papel y la excelente portada con el arte de Francesca Woodman hacen de esta publicación un excelente ejemplar de las letras jóvenes isleñas.


Para Radiouniversidad, en la sección de crítica de libros, les saluda Esteban Vera Santiago. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

El extraño tejido de Victor Fowler @ Radiouniversidad de PR

El extraño tejido
Víctor Fowler Calzada (Cuba)
Editorial Heredia

No son muchas las instancias en donde se puede conseguir un genuino libro cubano. Y por cubano no se debe malinterpretar que el autor sea cubano sino que ha sido escrito, editado e impreso en esa otra ala de la ave que somos. En esta ocasión traigo a la atención del público el poemario El extraño tejido de Víctor Fowler Calzada.

Tomado de www.afrocubaweb.com
Este poemario llegó entre las discusiones y lecturas del Festival de Poesía de La Habana de 2012. El texto de Fowler es tripartita y deja una fuerte impresión en torno a la capacidad de absorción de la mirada poética que luego se traduce al poema. En puridad Fowler devora los detalles de una Cuba múltiple que tiene sus bellezas y sus ruinas, sus noches familiares y sus soledades.

El paisaje habanero es sumamente retratado en los versos. No obstante son las miradas a lo cotidiano lo que hace del poemario un verdadero deleite. De esta forma observamos los juegos de la niñez que busca entretenerse por las calles. De otro lado se encuentran los borrachos del barrio que enfocan su alegría en el tramo que existe entre la botella y la boca. Otro elemento que resalta Fowler es la lluvia, denotando que el aguacero en La Habana es la oportunidad de observar sus contornos y de estudiar la tesitura de sus habitantes.

Tomado de havana-cultura.com
El texto recibe su nombre de la segunda parte del poemario. Aquí la voz se torna más crítica y reflexiva. Por otro lado, los temas abordados parecen allanarse más a la condición humana que a las dimensiones del paisaje. Fowler discurrirá por elementos como la memoria y su capacidad de enlazar a la familia y los amigos. Además, habla sobre los viajes y la forma en que las partidas y despedidas son una promesa que no siempre se cumple.

La última parte del poemario, titulada "La fuga", aparece como un reflexión religiosa y ética. Vale resaltar que aunque marxista acérrimo, Fowler encontró en las líneas de Lezama Lima lo que él llama "la belleza del catolicismo".  Estos elementos se mezclan nítidamente para producir una conclusión al libro que no peca ni de abrupta ni de parca.

El extraño tejido tal vez sea un libro de difícil acceso. No obstante, la obra de Fowler Calzada ha sido ampliamente difundida por el ciberespacio.

Para Radio Universidad, en la Sección de Crítica de Libros, les saluda el profesor Nelson Esteban Vera Santiago. 


martes, 11 de noviembre de 2014

Prosac de Mayda Colón en WRTU*

     La poesía sigue dando muestras de latidos fuertes en nuestras librerías. En los pasados años una veintena de vates han encontrado su espacio en publicaciones de autor o en editoriales pequeñas. Hoy apuntamos a una de ellas. Prosac de Mayda Colón es un poemario que invita a la lectura de nuestra nostalgia y la ciudad capitalina.

Foto del texto tomada de www.amazon.com
     Con un tono melancólico y reflexivo la autora detalla versos a los elementos más nimios de Río Piedras, Santurce y el Viejo San Juan. En este texto las grietas, las aceras y los huecos en la calle se combinan con el silencio de las iglesias y el vagabundeo de una voz poética que desea fundirse con las historias de la ciudad y su propia familia.

     Mayda Colón nos muestra en sus páginas un intento por detener el tiempo, combatir la inmovilidad y el olvido del Alzheimer. En varios de los poemas se percibe una genuina labor de memoria que muchas veces recrea la niñez quebrantada ante la ausencia de la madre, En otras instancias la figura femenina de la abuela ocupará el cambo y se presentará como un cuerpo arrugado similar a los caminos y las grietas de San Juan.

     Prosac también presenta el espacio urbano como el producto de la Babel políglota que se codifica y decodifica a sí misma. En otras ocasiones, el espacio citadino asemejará a la caja de Pandora abierta de par en par pero que de alguna manera ha aprendido a vivir con sus demonios.

     La publicación aparenta recibir su bautismo en la página 77 y 78. En estas la poeta explota con un
Foto de eltaller.de
suplicio a favor de la locura diciendo: "No me prohíban la tristeza...." De esta forma el poemario se lanza hacia un coloquio con el lector y es a su vez una invitación para apreciar la nostalgia.
En algunas ocasiones Prosac se aparta de este cometido y adopta un discurso crítico-social. Este elemento dista de la uniformidad que desarrolla el libro pero no le resta originalidad.

     Así, Prosac a veces le cantará a la pobreza, la desigualdad, la violencia y a la circularidad que parece consumir a Puerto Rico.

     El poemario cuenta también con una excelente selección fotográfica a cargo de Zayra Taranto lo cual deja entrever un cuidado de edición puntilloso y efectivo. Este elemento se suma a la forma horizontal o tipo "landscape" de la publicación la cual simula la mirada absorbente de quien lee a las ciudades.

*Al aire en la sección de Crítica de Libros de WRTU 89.7fm el 10 de noviembre de 2014.

martes, 28 de octubre de 2014

Texting y Retablo de perpetuos: 2 libros, 1 autor...a algo así

Presentación Texting y Retablo de perpetuos 
Librería AC
Santurce
25 de septiembre de 2014


Texting

Fernando Álvarez Pardo

La poesía puertorriqueña de la última década ha mutado en concordancia con la creciente ola de avances tecnológicos. Este acto refleja la noción de que es un género todavía palpitante a pesar de los embates que recibe constantemente de otras manifestaciones culturales. Podemos decir que se ha fortalecido y que ha acuñado nuevamente los elementos de la comunicación como foco de su intención artística. En esta línea, específicamente en la noche de hoy, nos toca develar un nuevo hito en el quehacer poético puertorriqueño con la presentación de Texting de Fernando Álvarez Pardo.

Vale iniciar esta plática diciendo que el poemario es un juego de estructura. De esta forma, comienza con el poema "Invitación" y establece el carácter de continuidad que permeará la composición de los poemas. Siendo clichoso, hay que colegir que la continuidad es algo de todos los días. Su relación con el ser humano como sensación temporal y como meditación de un estado de constante mutación hacen que la observemos como algo digno de poetizar.

En base a esto, el primer poema presenta una posible lectura que propende a considerar que los sujetos a los que hace referencia— que según la voz poética "me escuchan"— son los poemas en sí. Poemas que estudian sus propias ediciones y que son conscientes de la continuidad. Surge aquí también una imagen de continuidad, la del río, elemento que fascinó a nuestra Julia de Burgos pero que el poeta trae aquí con un sentido similar al de Heráclito cuando afirmaba: "no nos bañamos en el mismo río". Esta figura es firma del poeta y aparecerá más adelante en el poema "Devenir".
Otro tanto se puede decir del poema "Transición" el cual lee "Una hilera de árboles se aposentan en la tarde." Aquí la palabra hilera vuelve a reforzar la continuidad. Sin embargo, el final del poema señala una congelación del tiempo. (Precedido por una pausa) Es en ese momento que nos damos cuenta de que a la voz poética le afecta la paralización de la continuidad o por lo menos los efectos que hace que como ser humano pensemos que el tiempo se nos rompe y detiene. Veamos como otro ejemplo el poema "Pronóstico" en donde dice: "Continuarán las cosas sin que suenen mis labios, la brega de los días que irán desmenuzando." Ese "sin que suenen mis labios" es la gran ruptura de la continuidad, es una metáfora de la muerte, pero no la muerte física sino la muerte poética que tienen los artistas del morir (salvo, claro está, Horacio Quiroga, quien es el gran testigo de la muerte).

Es palmario que la muerte aparecerá por algún lado. De esta forma Texting juega con las premoniciones que puede hacer el lector, quien ya ha identificado la continuidad y que sabe el peligroso juego de detenerla.
Tomado de www.myfaceinforums.com

Sin embargo, la voz poética no solo ofrecerá este problema sino que escarba en el elemento ontológico del "ser sin serlo". En algunas casos va más allá y presenta al lector con un cuestionamiento acerca de la identidad. El efecto de estas consideraciones lleva a analiza a Texting como a una pandora que esconde entre los versos la "otredad". No obstante, la voz la presenta como una "otredad" reconocida. Lo que no sabes es quién reconoce y quién no. Posibilidades sobran acerca de quién puede ser ese otro: 1) El lector en el poeta 2) El poeta en el lector 3) El poeta frente al poema o 4) El poeta frente alguna otra cosa que lo obliga a cuestionar su yo.
Si fuésemos a seleccionar una de estas quizás nos inclinaríamos por la última. Este salto no es ciego ya que la prueba necesaria Texting la ofrece al mostrar la sensación de salirse de lo propia carne. Esto lo llamaríamos el auto-exilio del cuerpo.

Más o menos por aquí es que aparece la pieza "Y yo despierto" en donde la voz poética va a jugar con estos exilios de la propia carne. Apunta el poema: "...he vuelto a mis facciones como si fuera ajeno, intangible y desnudo, convencido de que hay alguien en mí que no conozco." Con esto podemos atisbar que la salida de la propia carne nos amarra nuevamente a esta otredad que persigue al poeta y que observamos previamente. Sin embargo, obliga a preguntarnos si esta otredad no se desdobla en un problema de identidad de quien ha sido exiliado de su propio cuerpo y regresa a él confundido y desubicado. Ejemplo de esto se observa en el poema "Dos en uno" cuando indica "No me parezco a mí, pero aún respondo a las sílabas usuales, y en la calle los otros me saludan como si fuera el mismo."

Puede entonces plantearse que ese exilio de la carne en Texting funciona como un "shock". Algo o alguien perturba a la voz poética de tal forma que lo saca de su propio cuerpo y cuando regresa a él lo hace de forma aturdida y confundida. Este impacto tiene que ser suficiente como para crear la sensación del detenimiento de la continuidad. Ya esbozamos que la muerte puede crear esta reacción. Entonces, esto obliga a la pregunta: ¿Qué tiene que ver la muerte con la poética de Texting más allá de ser un recurso temático? Dejémosla en el tintero.

Otro elemento interesante del poemario es la adopción de la sensación de la inutilidad del arte. Esto ya ha sido trabajado en otras literaturas, por ejemplo se desprende muy bien del prefacio de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. En el caso de Texting este elemento se puede estudiar en el poema "Compensatorio" donde la voz poética expresa: "A veces reconozco que todo es casi inútil, y mis horas se  aferran como silogismos sobre el acervo empeño de una página."

Ese sentimiento de inutilidad contrasta con el devenir del tiempo que lleva a la sensación de "perecer". No obstante, en nuestras latitudes, el sentido de perecer va ligado a la pérdida, que no es de carácter general sino que está específicamente ligada a la "partida", principalmente a la migración a los Estados Unidos. Así perecer y partida son palabras con "p" de puertorriqueño y con esta sumatoria el poeta— también con "p"— conjuga la pieza "Migratorios" la cual revela: "I know that everything I hold will perish. I belong to islands, to the trace of others, fixed into motion between the things I felt and the things I followed." Esto se repite en el poema "Big Sur" en donde la voz expone que "[l]a costa que se aleja entre la niebla como un cuerpo abandonado, despidiéndose." Esa despedida es otra pérdida que solo se puede sentir en las islas. Otro tanto, que no menciono pero señalo, se presenta en el poema "Día de los muertos". Así que el que quiera leer que lea.

Texting es un juego de comunicación poética. Un acto que remonta a los inicios del análisis poético formalista de Jakobson. Esto se ausculta en el poema "Requiem" en donde existe un juego entre receptor y emisor, pero se deja claro que el lector es un receptor simulado ya que es la voz poética la que recibe la llamada telefónica que le informa la muerte de su hermano a quien lo amarra "un coloquio final que nos enlaza." La ausencia, la despedida y el "perish" de la comunicación con el otro, con el hermano, llevan a  la voz poética a auscultar un tipo de "texting" más rudimentario, las correspondencias en papel. He aquí el final del poemario. La contestación que relaciona la muerte, la poesía y la continuidad. Tal como dijimos anteriormente, la muerte del ser querido es el "shock" que obliga al exilio de la propia carne. Hace que el poeta salga de sí y que regrese en un estado catatónico que lo obliga incluso a no reconocerse en el propio espejo. Como la mensajería moderna, el anuncio de la muerte es parte de la continuidad, Texting es llanamente la construcción poética de una continuidad violentada por lo súbito.

Para información del texto:
http://www.editorialislanegra.com/index.php?page=shop.product_details&product_id=331&flypage=flypage.tpl&pop=0&option=com_virtuemart&Itemid=7

Retablo de perpetuos 
Leo Cabranes-Grant

La poesía goza de unas libertades que permiten los saltos súbitos y las caídas en falso. Es un vehículo para hablar desde los espacios cotidianos y los no ortodoxos. Podríamos ser el otro, el ajeno, el perdido. Véase como ejemplo la reciente publicación de Estrategias de la catedral de Vanessa Droz en donde la voz poética se sitúa en la tecata que ignoramos a diario. En sí esto no es exclusivo del género poético, es algo que aparece en toda literatura, así podríamos dar un ejemplo concreto y clásico en Garcilaso de la Vega, El Inca, en donde la voz del híbrido aparece en la crónica. Sin embargo, los efectos de la crónica son muy distintos al de la poesía. La base radica en que la segunda nos permite licenciarnos de cosas.

El texto que presentamos hoy, Retablo de perpetuos de Leo Cabranes-Grant ofrece una mirada a esta capacidad de licenciarnos para ocupar espacios. Este poemario tiene una estructura tripartita que como la teoría científica presenta como su génesis el mar.

De forma turbulenta y salvaje los poemas de esta primera parte tienen saltos y torbellinos. Son poemas concretos con una forma libre que asemeja el vaivén de las olas y en algunas ocasiones la zambullida a espacios de aguas profundas que obligan a sobrevivir de los versos como si estos fuesen el mismísimo aire. Hay palabras usuales y también hay peces extraños. De esta forma el uso de neologismo cobra una mayor importancia. Por ejemplo, el término "Ahoridad" es para la voz poética lo que se posee de instante y se pierde de las manos. Es el agua misma pero no podemas dejar a un lado que el propio poema es una ahoridad. Como dice la voz poética es "Tinta/ Inestable".
Esa instantaneidad es también la ola marina que constantemente aparece en estos poemas. La ola se tiene entre las manos por un breve lapso de "ahoridad" y motiva, como en el tercer poema, a dar "el salto".

Cabranes-Grant no nombre sus piezas, meramente las numera para dar un aire de exploración a sus poemas. Así, en el poema número IV de esta parte contesta el ejercicio de la despedida y la pérdida que emula el intentar asirse de una ola. Dice la voz: "y atrás queda la isla, atrayendo centrífugos deslindes de caoba, el termal asidero de las reminiscencias." Aquí la ola se convierte también en el pueblo de la voz poética. Las reminiscencias a las que se refiere son esos detalles que el exilio impregna de una fortaleza extraña. Se desprende entonces de la poética de Cabranes-Grant que aquellos que viven en la lejanía mantienen su identidad gracias al ejercicio de hacer memoria.
O sea, esos recuerdos los presenta como un vivo ecosistema de estuario, al que hay que recordar como un intersticio, un espacio de negociaciones biológicas que ahora la voz poética transforma en negociaciones culturales de despedida y recuerdo.

Estas despedidas son el producto de cambios voluntarias. Por eso la sensación de migraciones constantes también se deja ver en este poemario. Lo revela el polimorfo verso que lee: "De tanto ir y venir entre el ser y el estar te pesa un poco menos la partida." De esta forma se evidencia que la voz poética ha adoptado la filosofía del trotamundos y que el movimiento constante lo inmuniza de las despedidas.

la segunda parte del poemario: "Tú y ello; juntamente" presenta una poética más tradicional. No habrá una libertad extrema en las estructuras, observaremos muy poco de las aguas turbulentas y cargadas de vida que se presentaban en la sección anterior.

Es importante destacar que el poderoso comienzo de esta sección no deja espacio para el respiro, dice la voz poética: "Y es que somos los ojos de los muertos. A través de nosotros aún miran las cosas." Los versos presentan una temática mucho más oscura en donde la muerte exige un entronizarse para convertir a los vivos en instrumentos de sensibilidad.

Tomado de coldgroundpoetry.blogspot.com
Más adelante el poeta presenta la idea de ser "Tu cara en doble mío". Esto se compara con la otredad familiarizada que muestra un rostro más siniestro: el del propio lector. Por ello la voz poética apunta que será "Yo detrás de tu rostro, desde adentro . Observándolo todo. Escuchándolo todo." Juntando los planteamientos se llega a la conclusión de que en estos versos se desprende la propia muerte de la figura del poeta quien ya había dictado la posesión de los vivos como instrumento de sensibilidad. Vale entonces preguntar: ¿Es esta alusión un juego con la ya superada muerte del autor? ¿Juega con nosotros el autor que revela su propia muerte pero que afirma que vive a través de la lectura que hacen los otros?

El objeto de estos poemas serán en otras instancias los cantos al tiempo. Aquí lo temporal se bifurca para dar paso a una realidad contorsionista que aparece en versos como: "En el día siguiente que ya está pasando." y "el día postrado." Tan así es el afán de división del poeta que incluso predica la bifurcación de las personas.

Atado a lo anterior, el fenómeno del doble (que podríamos cuestionar que no es un doppleganger) se enfrenta a la realidad de una conciencia.

¿Tiene que ver esto con los muertos que sienten y ven a través de los ojos de los vivos? Sí. Pero no es que un sujeto domine el cuerpo del otro sino es que en un cuerpo coexistirán dos conciencias. Por lo cual, en esta sección la voz poética promueve la simbiosis de dos entidades, una de ellas incorpórea y necesitada de una materialidad. Sin embargo, la conciencia artística quiere dejar claro que es independiente y libre a pesar de estar atada al cuerpo o vehículo. Dice la voz: "listen: no somos el uno frente al mismo. No saben calcular: sobra el espejo."

Queda la pregunta: Si la voz que poetiza es la del vate, ¿a quién pertenece el cuerpo poseso? ¿Quién es el vivo en estas lecturas? Obviamente, el lector es un instrumento de relectura de los poemas pero considero que también el otro cuerpo es el del amante.

Sumando las pistas, el vaivén que nos presenta la primera parte es un canto a la ausencia del origen, de la madre. Esta ausencia mata o por lo menos crea una voz poética que se siente muerta y que existe cuando ve las cosas a través de los ojos de otro. Ese otro que ve, que observa da vida al muerto, o sea produce esa sensación de seguridad en la realidad. La mejor forma de describir esto es haciendo alusión a esas instancias en donde nos sentimos vivos porque otro nos mira, ese otro a veces es el amante, la pareja.

Un poco relacionado a esto es el poema número IX de esta sección el cual juega nítidamente con los problemas de la traducción, principalmente lo que llamaríamos aquí una traducción emocional. Ya aquí nos damos cuenta de que la voz poética anda vivita y coleando pero que vive con una ausencia de haber dejado a su Isla. Por lo cual, vive con la muerte que llevan siempre adentro los que convierten en extranjeros. No obstante, el poeta ha encontrado una nueva patria en su amante.
A raíz de esto, el poema presenta a una voz poética que comprende que el acto propio de construir una gastronomía isleña es insuficiente cuando se vive exiliado de la Isla (Ya aquí se presume que todos los presentes se han identificado con ese imaginario puertorriqueño que se ve forzado a vivir fuera de nuestras costas). Por ello indica "Pero no estoy 'aquí'". Así entre bastardillas, como para evocar que el acto de la cocina no tiene el mismo sentido cuando se está en el extranjero porque es a su vez un ejercicio de traducir lo culinario por lo meramente alimenticio. Es por esto que la voz poética sirve yuca frita sin ser entendido. "Puerto Rican food" dice el otro, y solo un puertorriqueño sabe que comer una yuca frita es un acto de cultura y lenguaje que solo otro puertorriqueño entenderá a cabalidad.

La tercera parte del poemario se llama En San Juan y evoca una ciudad capital carcomida y gastada por las pisadas. Los poemas conversan muy bien con Los pies de San Juan de Eduardo Lalo.
Hay que resaltar que el sentido de decadencia se trabaja desde el ejercicio de la memoria. Así, estos poemas son una reflexión que medita el paso del tiempo a raíz de un fenómeno que damos por sentado pero que en realidad es una burbuja en el tiempo. Con la imagen del cementerio destruido que aparece en el poema II, el cual lee “[l] os sepulcros yacentes, partidos por el rayo de los relojes mustios, parecen tecatos adormecidos” podríamos atar cabos con la poética de Paul Valerie o Charles Baudelaire, los dos titanes del movimiento decadentista francés.

Es curiosa la manera en que la voz poética observa con distanciamiento los cambios de su Isla. El cementerio, El Morro y el Cuartel de Ballajá serán un hito en el tiempo que poco a poco se adormece con los cambios del desarrollo y la criminalidad del siglo XXI. Para la voz, Puerto Rico se desdobla hacia el futuro y deja ver una nueva forma de aquello que el célebre Arcadio Díaz Quiñones llamó “El arte de bregar”. Prestemos atención a la nota acerca de la transacción de drogas que aparece en el poema V:
Un borbotón de hombres en camiseta se dispersa junto a un carro. Venta de trances. Negocios de la sangre coagulada. Figuración de los bohíques en los patios internos. Al otro lado de la Norzagaray se alquilan los pisos con vista al mar. Hay que mantener las corneas elusivas, observar por encima de las casas apiñadas en el barranco, evadir el mercado de las tribulaciones.

Subráyese la relación que practican las palabras “Negocios” y “bohíques” lo cual crea una relación histórica que no escapa la insinuación política. Puerto Rico se ve aquí como un embudo capitalista que ejecuta la compraventa de la decadencia. Sin embargo, la mirada se desgana del asunto por mor de la supervivencia y gira hacia la Norzagaray en un ejercicio hasta de respeto a lo que hoy en día se ha convertido en lo ominoso.

Estos elementos llevan a pensar que Retablo de Perpetuos de Leo Cabranes-Grant es un libro de una poética cargada de reminiscencias borincanas. En cierta medida, el trabajo de temas como el mar, la ausencia, la partida y la comida lo delatan. No obstante, es curiosa la similitud que tiene con el poemario Texting de Fernando Álvarez Pardo. Si afinamos el ojo se puede analizar esa extraña inclinación de los poemas por los sujetos dobles o, a mejor decir, el sujeto que es en realidad un doble. Poco importa perdurar la tomadura de pelo literaria a la que fue expuesto el presentador, el público y la propia poesía en estas dos presentaciones: Fernando Álvarez Pardo y Leo Cabranes-Grant son el mismo muerto que observa y siente a través de nuestros ojos de lector. Son, en realidad, dos autores y un solo escritor.


martes, 12 de marzo de 2013

Occupy Poetry @ Cruce


Ocupar puede ser muchas cosas, pero en estos días se ha convertido en un acto poético. Sus manifestaciones y contrastes no sólo recargan el ideario popular sino que impulsan el artístico. Ocupar tiene un porqué y una teleología, por lo cual vale la pena pasar revista sobre una de las publicaciones más recientes de la editorial La secta de los perros: Sospechar de la euforia.
Este poemario es la sexta entrega del vate Guillermo Rebollo Gil y presenta en sus páginas una madurez en la voz poética del también autor de Sonero,Teoría de la conspiración y Sobre la destrucción.

(Detalle de la edición cortesía de La secta de los perros y el autor)

Como sus predecesores, el poemario es una mezcla de títulos en inglés con versos en español. Predomina una rima libre y una construcción del ritmo con una fuerte presencia del llamado “sonido urbano”. Por otro lado, si bien es cierto lo que indica Juan Gelpí con respecto al “cuerpo a cuerpo con los precursores” –en específico Vallejo, Che Melendes y Ramos Otero– hay que apuntar que este elemento se ha convertido en la tendencia de Rebollo Gil.

En su pasada entrega (Sobre la destrucción) existía un diálogo intenso con la obra de Clemente Soto Vélez y algunos autores estadounidenses, lo cual dejaba una sensación de intertextualidad y juego histórico en los versos. En el caso de Sospechar de la euforia, observamos en el poema “Genealogía de la sospecha”:

si lo más hermoso que es un poema es su
carga a cuestas, felizmente monto mis lecturas
en una carreta rumbo a la hoguera
y reto a Che Meléndes
a tumbar las columnas de humo de mi biblioteca.

Hay que subrayar también que Rebollo desata en Sospechar de la euforiauna dislocación de la ortografía que lo delata como lector de ee cummings. Su estilo de vanguardia es una composición de juegos con signos de puntuación (que a veces deja escapar en aras de una fluidez muy lograda), ausencia de mayúsculas y un vocabulario cultural cromático. Tal y como se apunta en el prólogo, la voz de Rebollo Gil nada felizmente por el llamado “street wise” boricua, el inglés y otras formas de hablar que confluyen en la urbe. En torno a lo anterior, apuntamos al poema “There is no political component to be devoured”, en donde el poeta hace un coloquio con Barack Obama:

lo que quiere decir es bienvenido, aché pa’ ti,
sr. presidente
y mucho cuidado en la luz
que los mártires están que gritan…


Queda por mencionar el aspecto lúdico que predomina en esta entrega. Si se analiza la producción de Rebollo desde Veinte hasta Sobre la destrucciónse observará, primeramente, la madurez de la voz en cuanto a recursos líricos, lecturas y vocabulario. No obstante, hasta La carencia presentaba en los versos un aire de poesía confesional donde el poeta referenciaba su vida familiar e incluso hasta su calvicie.

Luego, en Sobre la destrucción –poemario que también nace en medio de experiencias sociopolíticas en la Universidad de Puerto Rico– se puede auscultar un aire de atrevimiento al juego con la política neoliberal y las luchas sociales, ejemplo de ello es “dear luis, you are who i break my head against”. Ahora, Sospechar de la euforia alcanza un nivel de soltura mayor en donde el discurso se torna atrevido, irónico y, sobre todo, juguetón.

Dicho concepto se dispara a los ojos del lector desde el inicio con una portada que tiene una dualidad: por un lado puede ser una clara referencia a la contratación de la administración del Aeropuerto Luis Muñoz Marín (evento que seguramente no pasó desapercibido a Rebollo Gil) y por otro es una enorme metáfora sobre la fugacidad de la poesía y su constante llamamiento al binomio de juego compuesto por el lector y el poeta.


 (Tomado de www.spottedbylocals.com)

Ahora, el elemento que predomina y que considero más loable de toda la publicación es el tono reflexivo de la poesía como parte de los movimientos sociales y políticos del Puerto Rico del nuevo milenio. Rebollo Gil ha dado forma a un discurso variado y multidireccional donde convergen jóvenes y mayores para ocupar calles, universidades, aeropuertos y asambleas legislativas. Sospechar de la euforia es en esencia una reflexión de las emociones y la belleza que nace en contra de las macanas y los discursos hegemónicos.

No cabe duda de que Rebollo Gil es una de las voces jóvenes con capacidad de ocupar los locativos más diversos –los accesos controlados de urbanización de repente se tornan en accesos controlados en pro del grito de justicia– y que esta habilidad de callar, observar y anotar en el moleskine redunda en una poética dispuesta al juego, al grito y la canción. 

sábado, 24 de marzo de 2012

"El círculo perfecto" @ Revista Cruce: Reseña sobre el poeta Alberto Martínez

Aquí va otra colaboración con la Revista Cruce en la cual se reseña Contige he aprendido a conocer la noche del poeta Alberto Martínez Márquez.




Para el documento completo vaya a: http://revistacruce.com/letras/el-circulo-perfecto.html


La noche ha sido tan poética y mística a través de los tiempos que su constitución y formas, sus elementos y oportunidades, su misterio y su invitación, han llenado páginas con versos en ambos lados del mundo. De estos, algunos patéticos y otros, simplemente impactantes. No obstante, sin entrar en evaluaciones de cuáles versos son buenos y cuáles no, lo cierto es que la noche sigue siendo aliciente para que algún desairado amor prescriba su condición en el papel con el fin de mostrar al lector que la oscuridad, las estrellas y la luna son los ingredientes predilectos para un buen suspiro.
La imaginación del lector al apreciar aquellas líneas que atestiguan: “Puedo escribir los versos más tristes está noche. / Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada, / y tiritan, azules, los astros, a lo lejos»” puede producir un refuerzo al enamoramiento, un vicio de mirar a los astros a ver si tiritan o, a veces, una decepción grande con Neruda. Pero, si de algo vamos a ser juiciosos es de que la noche deja su presencia, un grado de subjetividad en el lector, así como al objeto de lectura y las circunstancias que le rodean. Como dijimos una vez entre amigos, no es lo mismo escribir o leer de noche que de día.
            Ese lapso del planeta se siente predilecto para guardar secretos, ocultar cosas y sobre todo a los juegos literarios. Así lo plasma San Juan de la Cruz al rociar con tinta y decir: “En la noche dichosa, / en secreto, que nadie me veía,/ ni yo miraba cosa,/sin otra luz ni guía/o la que en el corazón ardía.” Por eso, no por menos se debe dejar de mencionar que la noche aviva algunos sentidos, entre ellos el gusto, a lo cual incita Asunción Silva: “¿De las noches más dulces te acuerdas, todavía?”.
            Dicho lo dicho. ¿Se ha dejado de venerar la noche por los poetas? Dudoso. ¿Se ha dejado de escribir sobre este maravilloso estado del planeta? Para nada.
Así las cosas traigo ante sus ojos la reciente publicación de Arco de Plata Editores: Contigo he aprendido a conocer la noche de Alberto Martínez Márquez. Un poemario corto, de versos amorosos y lujuriosos donde la huella de San Juan de la Cruz yace con más latencia que la de Asunción Silva y la de Neruda. Y que me permita el autor la comparación –si no le gusta pues allá abajo hay una zona donde se ponen comentarios–, la hago porque el elemento de la búsqueda es una constante en este poemario, o sea hay un continuo movimiento entre el yo y el otro, entre los estados de pensamiento y la noche, que llevan a un lectura múltiple. El texto no es uno sino una recopilación de varias proyectos que se expanden entre la década de 1990, luego de 2004 a 2009 y, por último, de 2009 a 2010. O sea, desde ese punto fijo del texto podemos observar gran parte de la carrera literaria del autor.
Alberto Martínez Márquez, poeta que ha sido uno de los contrapesos más grandes de las letras isleñas –y digo esto con todo el buen sentido ya que en él se reúnen el gestor cultural contestatario, el poeta ávido y participativo, y el profesor literalmente a tiempo completo– no niega su tradición con esta publicación. Si bien su poemario Las formas del vértigo fue uno de los lanzamientos más sólidos en la carrera del poeta, en donde predominaban las fórmulas complejas donde los maestros del dadaísmo y la poesía brasileña asomaban el rostro a diestra y siniestra, su temática era muy variada. Hay que reconocer que el poemario era tres libros en uno, cosa que vuelve aparecer en Contigo he aprendido a conocer la noche.
¿Y que de la noche? Bueno, en aquella publicación– Las formas del vértigo– en el poema “Nocturno”, había plasmado Martínez:
agua seca
colinda
con esta piel vetusta y quieta

llenando los poros
con tumbas perfumadas 

algún tambor húmedo
alarga
sutilmente
su dúctil lengua alucinada
por el duro borde
del tiempo.

No hay duda de que la noche es tema recurrente para el poeta. En aquel poemario Martínez Márquez nos había dado un libro que resaltaba por su versatilidad, pero ahora nos da uno que brilla por la manera en que las figuras se desenlazan en una misma circunstancia, o sea la noche.
En Contigo he aprendido a conocer la noche hay un acercamiento a una voz poética mucho más melancólica que poco a poco va conociéndose hasta encontrar la figura de la amada (la cual me inclino a pensar que podría ser incluso la poesía misma). Predominan las alusiones a las circunferencias en clara evocación a dos posibilidades: Primeramente, al Ouroboros tradicional –no el de Nietzsche– el cual simboliza los ciclos del renacer o el hacerse nuevo continuamente. Segundo, el elemento de la perfección, la cual se aprecia en las corrientes primerizas de la matemática y la geometría.
Ahora, hablar de la circularidad y el eterno retorno no es tema ajeno a las letras hispánicas. No obstante, su peculiaridad se ha visto enmarca como ausencia de progreso, o sea la repetición ad infinitum de las cosas. En esa línea, apunta Carmen Escudero Martínez en Didáctica de la literatura que esas figuras redondas se usan para “conformar una idea de reiteración cuyo diagrama más acertado sería el del círculo, que supone el movimiento propio de lo temporal encerrado de tal forma que, por más tiempo que avance, siempre se encontrará repitiendo idéntico proceso.” A lo cual colegimos que, sin desmerecer el argumento, la aplicación de la figura a la poesía de Martínez Márquez denota otra cosa.
El ejemplo por antonomasia se encuentra en el poema “No llegaste a mi vida”, donde expone el poeta:
no llegaste a mi vida
ni yo arribé a la tuya
sino que veníamos caminando
desde lados contrarios
y nos topamos de frente
para reconstruir el círculo
que habíamos olvidado

Como se puede apreciar en este ejemplar, existe la circularidad no como mera repetición sino como conceptualización de lo perfecto. La voz poética se siente completa tras el encuentro. Para Martínez el amor es regenerativo y el retorno a la noche (elemento cíclico) lo que hace es embeber más la poesía de elementos que funcionan como una constante para fortalecer su existencia. Pero la noche no es todo, en otro poema en que refiere directamente a la amada, Martínez dibuja la siguiente metáfora: “eres/ la medida/ de mi mundo”, dando esa noción matemática a la metáfora e intuyendo que su mundo puede ser medido. Así, en cuanto a la amada, se aprecia que no sólo ejecuta el encuentro del poeta consigo mismo sino que lo ayuda a darle más perfección a su mundo hasta llegar a medirlo – Medir un mundo de carácter subjetivo, es tarea para la perfección poética, no la geométrica–.
Otro ejemplo que vale subrayar se encuentra en el poema “Lenguaje del círculo” en donde el autor esboza en un poema concreto que:
el deseo
siempre            siempre
es el deseo                   es el deseo
siempre            siempre
el deseo

Según lo expuesto, este poemario es una gran confesión en donde los ingredientes son la poesía, la noche y el amor, los cuales se fusionan para darle un sentido de perfección a la voz poética. Figuran en él elementos elípticos que ayudan a intuir que el poeta ha encontrado en la noche algún secreto para la puridad, evoca con ello esa hermosa alusión al círculo perfecto. Para el autor, en la noche no hay principio ni fin, es una circunferencia que evoca lo ilimitado, en donde se puede encontrar consigo mismo y donde puede amar y desear en un eterno constante. En esencia, el amor se vuelve círculo: o sea se alcanza a sí mismo y se renueva constantemente, se acaba el alpha y el omega y sólo existe la continuidad.
Contigo he aprendido a conocer la noche, es un poemario que encierra tres tiempos de una misma vida. Alberto Martínez Márquez nos promete mucho en sus páginas y al leerlo cumple las expectativas. Sin duda este es uno de sus más logrados poemarios