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lunes, 3 de enero de 2022

El batir de las olas también es violencia: El ojo de agua de Evelyn Jiménez

El ojo de agua

Evelyn Jiménez

Ediciones Callejón

257 páginas



¡Se reinicia el reloj! Las expectativas del 2022 son bastante cargadas. ¡No hay duda de ello!

Este año se comienzan las reseñas con una densa lista que estuvo pausada por los quehaceres y demás elementos que tanto caracterizaron al 2021. Se suma a esto la impaciencia que domina al pueblo. Ante ello, la lectura es bálsamo que ayuda a ese y otros males.

Hoy toca El ojo de agua de la colega departamental Evelyn Jiménez: Un libro del oeste, inundado de reflexión y crítico de la condición boricua.

El ojo de agua versa sobre esa mutación que despojó a Aguadilla del barrio Borinquen para convertirlo en la Base Ramey. La ironía salpica a la historia— como muchas veces suele— principalmente en lo que respecta al cambio de nominales. Así, estos eventos fungen como un despojo al alma misma que se traducen en una narración cruda.

Tal vez uno de los elementos más llamativos es la soltura del lenguaje del narrador partícipe con relación a los demás entes ficcionales. Es libre, fluido y netamente de aquí. En esencia, de verdad es inocentón en sus inicio y como un avión despega hasta convertirse en una voz madura y, cómo no, angustiada. Rememora a veces aquel periplo a la adultez que el Pirulo de Marqués dibujó con sencillez.

Como se dijo: Hay una metáfora de transformación, tanto de la madurez del narrador como de esas permutas que se sazonan de enigma. Por ejemplo, no tan solo trata aquí como Borinquen perdió su nombre para volverse Base Ramey; si no como por igual las Juanas se cambian a las Jane; la costa aguadillana en su amplitud se vuelve prohibida; y las verjas se erigen como impedimentos al ejercicio mismo de la felicidad .

Dentro de todo, la novela trabaja lo político como una relación simbiótica de la transición sicológica,


sexual y ética del narrador. Es interesante el tono con que el personaje principal sentencia que “Conmigo no. De nacionalista yo no tenía ni un pelo.” pág. 44. Mas, a su vez, en lo recóndito de las entrañas hay una animadversión al soldado netamente invasor. Esto recuerda un poco a The boy without a flag de Abraham Rodríguez.

La suma de particulares ficcionales es colorida: Un protagonista mocano de Rocha, un negro de Guayama, una keipisa pepiniana, un asesino tatuado que, al igual que Garcilaso el Inca, se debate en su condición de mestizo. En la obra hay también lugares que son igual de focales. La mención de las tiendas Sesto en Aguadilla es, sin duda, un sello de que la novela tiene su voz y es del Oeste de la Isla. Las constantes apariciones de los gates aguadillanos juegan confluir similar a las paradas del Santurce viejo. En fin, barrios, sectores, carreteras y otros hacen que se dibuje un mapa bastante exacto.

Vale acentuar que El ojo de agua es una novela bien violenta. Esta obra del oeste esta escrita con sangre. Hay agresiones entre amantes, entre familiares, entre las mismas putas del burdel. Todas estas pasan entonces al crisol del sensacionalismo para que El Clarín— una memoria bien criticada entre los parroquianos de la zona— muestre los vicios más nefastos del chismoserismo borincano.


La novela tiene un paso apurado, casi de despegue de avión. Al final, las cosas seguirán mutando y la narración así lo subraya cuando es sus últimas páginas se retrata el pobre abandono de la Base Ramey y que al final transforma a este espacio en la memoria de algo que dejó de ser un barrio para convertirse en una salida, un escape que el propio narrador usa para perderse y dejar a atrás un pueblo que lentamente se sumerge en la locura.

lunes, 16 de abril de 2018

De callejones y memorias: Una despedida a Elizardo Martínez


La noticia de la partida de quien, en vida, fue uno de los gestores más importantes de las letras puertorriqueñas, Elizardo Martínez, es una puñalada al corazón de la literatura puertorriqueña. Su legado, su importancia, incluso para aquellos que ignoran su labor, se ensalza con las muestras de aprecio y las notas de pésame que han abacorado las redes sociales.
Tomado de facebook.com

Muchos no sabemos qué pasó a ciencia cierta. Los detalles en torno al deceso de quien también fue amante acérrimo del béisbol, los buenos libros y su icónico sombrero tropical, son exiguos. Quedan dudas y un vacío enorme. Solo resta, para muchos, complacer ese vicio de saber los detalles del trágico evento, canjeándolo con las muestras de cariño y el ejercicio de hacer memoria.

Elizardo fue creyente de mi labor y de este espacio. Los primeros acuerdos para reseñas literarias en el antiguo tiempo concedido por Radio Universidad fueron con él y con su misión de traerme los títulos a la emisora. Luego, el compartir en el quehacer cultural se volvió una costumbre.

La obra de Elizardo llevo a que Callejón fuera sinónimo de calidad, pulcritud y novedad. Su meticulosidad libresca, afinada por si candidez y la nítida confianza que le daba a sus lectores atestiguan un arte en el manejo de una editorial.

Es por ello, que ante el paso de tan insigne amante de letras y su inigualable paso por las librerías, presentaciones y tertulias, lo único que resta es dejarle a Elizardo una grata sonrisa, tal y como él hacía.

Descansa en paz.

martes, 10 de junio de 2014

Lo obvio, lo feo y lo peligroso: Crónicas del colapso… de Emilio Pantojas García


 En los últimos 6 años prolifera el uso de las columnas de opinión y análisis para enfrentar la situación económica— que a su vez es política— de Puerto Rico.[1] El pueblo lector discurría normalmente por las páginas de los rotativos nacionales viendo la política, la sangre y los números y, más o menos, luego de algunas secciones se topaba con una entrega de los miembros académicos de nuestra sociedad. Lo cierto es que con la llegada de las revistas cibernéticas, las redes sociales y los denominados teléfonos inteligentes se multiplicó la cantidad de lectores y el acceso a este tipo de escrito. Por otro lado, y con más importancia en el campo editorial, han sido ya numerosos los nuevos “analistas” que inundan la esfera de discusión pública con escritos que se tambalean entre lo parco y lo desmedido. No cabe la menor duda de que ponerse al día en este rollo cuesta tiempo y que escoger qué leer y cómo leerlo puede tornarse en un ejercicio doloroso para el ávido de letras.[2] Ante esto aparece en los estantes la publicación Crónicas del colapso: economía, política y sociedad de Puerto Rico en el siglo veintinuno de Emilio Pantojas García como una propuesta de síntesis sin sacrificar la altura de la visión crítica y analítica que se espera de estos escritos.

     Crónicas del colapso… hace alarde de su título ya que es en realidad una colección de la gesta periodística que Pantojas García lleva desde inicios (o mediados) del 2000 hasta el presente. El libro es un tanto denso, con casi 300 páginas de periodismo de opinión que varían en extensión y enfoque. Los textos intercalan de cuando en vez un canapé analítico que precede a la división editorial en cuatro secciones, entiéndase: “El colapso”, “Economía y globalización”, “Política” y “Sociedad y cultura”. En puridad, las cuatro parcelaciones cantan a coro el mismo estribillo de “Puerto Rico está fuñío’, la cosa está apretá’” ; empero, ofrecen contestaciones al porqué de esa circunstancia.

     En “El colapso” Pantojas no descarta el clasificar a la Isla como un país tercermundista que anda por el mundo en gríngolas sin aceptar que cuando decimos “la cosa está mala” en realidad versamos sobre una profunda crisis económica y social. Esta música puede parecer “hit” pasado de moda y no culparía al lector vago(neta) de pensar que el texto peca de hablar de lo mismo; no obstante, el propósito de Pantojas García apunta hacia otro norte, el de recopilar su testimonio cronológicamente con el fin de observar el cadáver social desde un historial clínico. Ahora, el lector aguzado apreciará la síntesis de problemas sociales que hace la sección, entre estos: la llamada ingobernabilidad del país, la exagerada proliferación del crimen y su impacto a los estilos de vida borincanos, la poca acción para atajar problemas básicos de convivencia política y la cultura del fraude. Pantojas García ofrece también una piedra preciosa al final de estas páginas llamada kakistocracia que como el comején, se alimenta del tronco grueso y construye su imperio con la materia prima de sus propios excrementos. Sin duda, este ensayo es un “must”—lectura necesaria para los puristas que le “tiltea” el ojo por una mera cuestión de estilo de vocabulario —para esta generación y otras.

     La parte de “Economía y globalización” es cuantiosa, no por eso desatinada. La explicación la ofrece el propio autor al destacar que la mayoría de estos ensayos se publicaron en el mensuario Diálogo de la Universidad de Puerto Rico. En esencia, el sociólogo destaca las razones por las cuales la política económica de los pasados 40 años ha sido un carrusel que cambia de velocidad y no de médula. Según estos escritos, Puerto Rico no ha desarrollado una cultura de progreso global por estar enraizado a políticas de exención y dádivas contributivas que solo han insertado a la Isla en el mercado mundial por chance. Así, Pantojas García explica que cuando el olfato capitalista detecta una sucursal con menos gastos, mejores oportunidades de inserción al mercado global y mano de obra barata y necesitada, recoge sus maletas y ni siquiera pide la bendición al marcharse. De esta forma, Puerto Rico ha sido eje de una economía de despuntes esporádicos que una vez desprovista de x o y beneficios de incentivo federal se sume en una depresión que tiene consecuencias incluso sicológicas.[3]

     La sección de “Política” es un tanto compleja ya que abarca un abanico de temas que son el ají de nuestro día a día y, por otro lado, es donde el autor reúne algunos de sus ensayos en torno a la Universidad de Puerto Rico. De por sí, estos tópicos son ejes de diatribas de altura o bajeza en cada cafetín de esquina o reunión departamental universitaria. Hay que destacar que en instancias hay que leer más la opinión de Pantojas García en vez de su análisis de lo cual el desocupado lector no debe tener problema y de lo cual el autor está en su total derecho.[4] En torno a esta unidad me tomo la libertad de alimentar la curiosidad sin dejar a un lado que los ensayos en torno al tema de la U.P.R. reviven pasiones, obligan a comparar los eventos con la actualidad de nuestra institución— de la cual soy también empleado y con otros sombreros, estudiante —y se presentan como buen material para tesis futuras en torno al asunto.

     En el caso del acápite de “Sociedad y cultura” hay que subrayar que es el más variado del libro. Se tratan aquí cosas como la inclinación a las predicciones de los politólogos y la crítica a sus métodos, la falta de credibilidad de las emisoras que transmite en la banda de Modulación de Amplitud (AM), la recurrencia a la cultura del chisme y su nocividad al desarrollo social de Puerto Rico y hasta el debate de casarse “como Dios manda”. Si bien es una sección amplia hay algunas joyas que merecen destacarse, por ejemplo, el escrito “La caribeñidad como proyecto” renueva la discusión del refrán que canta “Cuba y Puerto Rico, de un pájaro las dos alas” y plantea una crítica al desarrollo económico de las Antillas. Por otro lado, el ensayo “Por qué Don Omar no” dejó entrever la necesidad de un análisis socio-semiótico de las estrategias empleadas en épocas de elecciones y llamó la atención a lo que considero uno de los temas neurálgicos de la contemporaneidad que deslumbra por su invisibilidad en los círculos de discusión: la brecha generacional entre electores. Lo único desalentador de esta parte del libro son las dimensiones de los escritos lo cual merece excusa al autor ya que estas publicaciones obedecieron criterios periodísticos y no los de una editorial.

     Resta decir que Crónicas del colapso… de Emilio Pantojas García es un libro logrado que continúa la tradición de la Editorial Callejón de ofrecer recopilaciones de las publicaciones periodísticas de miembros de la academia, principalmente en las áreas de las Ciencias Sociales. Así, este texto se suma a otros como La nación en vaivén de Jorge Duany. Ahora, vale decir que mi recomendación va a la población joven: Leer este texto es crucial para entender el entorno en que nos hemos criado—sí, me incluyo —y es una herramienta poderosa para insertarse en la discusión política y social. Por lo cual, que lo lea todo el mundo pero principalmente que lo lea la Generación del Colapso.

***
Próximamente se reseñarán a Arlene Carballo, Yolanda Arroyo y Manolo Núñez, y otros. Pendiente.


[1] El impulse, en gran medida, se debe al poder de las redes sociales en la web.
[2] Para este punto, vale mencionar la nueva propuestas de periódicos de lectura somera y rápida la cual también cuenta con una nutrida cepa de columnistas mayormente jóvenes y de notoriedad reciente
[3] Evidencia de esto se puede observar al analizar la cantidad de suicidios, alcoholismo, depresión y solicitudes de Beneficios de Seguro Social por estar “malo de los nervios” durante los años de cierre de las grandes fábricas del programa 936. Este elemento me consta es más fuerte en la zona rural de la Isla donde la única fuente de actividad industrial venía de dicho programa tributario federal ante la ausencia de inversión criolla en fábricas de manufactura. Así, de esta debacle ha sobrevivido una lazariana venta de servicios, negocios de consumo y la letárgica industria de la construcción, pero estos mares son para recorrerse con otra nave y no en una crítica literaria como la de marras.
[4] Vale acotar la tendencia infame de esta práctica en la radio puertorriqueña, principalmente en las emisoras que transmiten a través de la Modulación de amplitud (AM), las cuales en los últimos 6 años han desarrollado coloridos paneles de “análisis”, para muestra remonto a aquellas ediciones de programa que eran conducidos por quienes ahora fungen como senadores tanto del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático.