viernes, 25 de marzo de 2011

Calendario de Actividades para La Palabra en Plaza

Como parte del compromiso en promover la literatura puertorriqueña aquí y en todos los rincones del globo los invito a compartir con diversos autores contemporáneos en La Palabra en Plaza. Este evento marca un inicio rico en matices para todos los gustos pero, sobre todo, con mucha, mucha literatura.

ENTREVISTA A AUTORES POR NELSON ESTEBAN VERA SANTIAGO (Autores: Luis Negrón y Yolanda Arroyo Pizarro)
Responsable: Nelson E. Vera Santiago
Día: Lunes 25 de abril de 2011 de 5:00 pm a 6:30 pm. (1.5 horas)





LECTURA PRESENTACION YARA Y OTRAS HISTORIAS DE PATRICIA SCHAEFER RODER
Responsable: Nelson E. Vera Santiago
Día: Jueves 28 de abril de 2011 de 10:00 am a 11:00 am. (1 hora)



ENTREVISTA A AUTORES POR NELSON ESTEBAN VERA SANTIAGO (Autores: Alexandra Pagán y Francisco García Moreno)
Responsable: Nelson E. Vera Santiago
Día: Domingo 1ero de mayo de 2011 de 10:00 am a 11:00 am. (1 hora)

jueves, 24 de marzo de 2011

Reconsideración

Hace unos días el Juez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Federico Hernández Denton, destacaba la labor de las Ramas de gobierno en cuanto a la creación de salas especializadas para trabajar casos de violencia doméstica. Su discurso era abarcador, generoso para con la ciudadanía que día a día se desvive ante los titulares desgarradores que poco a poco salpican con sangre.

Señaló el jurista que el “trabajo en la Rama Judicial es dirimir las controversias que presentan una amalgama de litigantes en nuestros tribunales, pero esa labor siempre debe ir acompañada de un enfoque humanista y de sensibilidad que guíe nuestro proceso deliberativo y adjudicativo.”

Parecía ser una contestación contundente ante los recientes casos morbosos en donde la violencia doméstica alcanzaba incluso a las víctimas más tiernas, los niños (incluso los que estaban por nacer). La noticia de las salas especializadas daba un tono de esperanza ante litigios complejos y ante situaciones donde lo macabro alcanzaba nuevos niveles en esta crisis social.

No obstante, hoy emergió con un peso desastroso la sentencia de Pueblo v. Flores Flores, CC-2007-148. En esta pieza el Tribunal Supremo se dividió tres a tres en torno a la aplicabilidad de la Ley para la prevención e intervención con la violencia doméstica, Ley Núm. 54 de 15 de agosto de 1989, 8 LPRA sec. 601-664, a una situación en donde la víctima sostenía una relación extramarital.

Vale recalcar que a pesar de que la Sentencia afloró en la esfera pública por virtud de que la controversia llegó al Tribunal Supremo. O sea, el cuestionamiento en torno a la aplicabilidad de la Ley contra la violencia doméstica tuvo que llegar hasta el foro de última instancia; tristemente hay que reconocer que se debe cuestionar seriamente el por qué un caso de esta índole tiene que subir tantos peldaños. ¿Le bastó a la parte agredida el Tribunal de Primera Instancia y luego el de Apelaciones? ¿Cuál es el deterioro emocional de la agredida al saber la noticia de la infructuosidad de los recursos que buscan defenderla ante los tribunales? No una, sino tres veces: ¿Cómo sostendrá su dignidad al decirle “Sra. X, lamento informarle que el TPI desestimó la acusación” y luego rematarle con “Sra. X, el Tribunal de apelaciones también entiende que no se puede acusar” y, como si fuera poco, ver su nombre publicado como un mero objeto de data jurídica en una Sentencia que le informa que no tiene remedio bajo la legislación contra la violencia doméstica?

Cónsono con lo anterior es el hecho de que la interpretación deshumanizada de la víctima ha llevado a etiquetarla en la esfera pública como la “adúltera”, “la otra” o “el caso del hombre que le dio a la chilla”. Este desarrollo de epítetos no surge por virtud de la conducta insignificante de la víctima, sino más bien por la necesidad enfermiza de observar bajo que sellito jurídico se le puede referir a la agredida.

Sin más, bajo un discurso que raya demasiado en la redundancia, la opinión de conformidad parece ser un análisis demasiado centrado en las técnicas de hermenéutica y en la limitación de la ley penal en todos sus ángulos, como si los estatutos que dan la protección ante los peligros sociales fuesen escritos maniatados.

En pausa queda la verdadera sensación de justicia ante un análisis tan centrado en el concepto de la “familia”. ¿Y la vida? ¿No es la Ley contra la violencia doméstica un estatuto que protege, en última instancia, la vida misma? ¿Por qué limitarlo a la familia? Valdría argumentar que la familia fue uno de los propósitos para la aprobación del estatuto, no la razón única e inequívoca del mismo.

A mi parecer, queda en el tintero el observar la ley contra la violencia doméstica como un estatuto que protege la vida, la sociedad, la esperanza de llevar a cabo un amor sin puños, sin bofetadas, sin gritería. Se queda pidiendo pon el hecho de que la versión original del estatuto se limitaba a los contextos familiares y fue el legislador quien expandió el abanico de posibilidades de aplicación cuando añadió la frase “o la persona con quien sostuviere o haya sostenido una relación consensual”. De esta forma, la Asamblea Legislativa extendió una protección no sólo a aquellas personas que estaban casadas o que convivían, sino a toda persona que fuese violentada dentro de una “relación consensual” o sea un vínculo consentido entre dos personas, aun no siendo este el matrimonial. No obstante, la pieza va más allá y protege a aquellas personas que son agredidas luego de la relación consensual o sea la víctima es resguardada tanto de la violencia presente como la de la futura. Sin duda, esta pieza es (o ahora “era”) de vanguardia.

La Curia va más allá de meramente negar la aplicación de un estatuto a unos hechos, sino que aprovecha para recordarle a todo el pueblo que a pesar de que la ley le aplica a los novios, no se le puede a extender a los “novios” (con comillas, sin dejar a un lado la metáfora posmoderna de las comillas como simulación de los cuernos).

Hoy el Tribunal Supremo ha ejecutado una función drástica para el país. No es el hecho de emitir una opinión justa y sonada en Derecho sino que lo trágico es el haber decidido simplemente no decidir.

Por una justicia más clara y accesible, por un país sin violencia, por menos muertes y agresiones, por un tribunal in comillas:

Respetuosamente solicito a este Tribunal que, en virtud del Artículo II, Sección 1 de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico el cual prescribe la inviolabilidad de la dignidad del ser humano, RECONSIDERE la determinación esbozada en la Sentencia del 24 de marzo de 2011, Pueblo v. Flores Flores, CC-2007-148.

sábado, 12 de marzo de 2011

Medidas Estéticas: Hacia la cultura de la condena y la inmisericordia

Esta semana emerge la noticia de que el Gobernador, Luis G. Fortuño, presentó un proyecto para un nuevo Código Penal sin considerar que hace sólo alrededor de 6 años se rindió uno de los mayores esfuerzos por atemperar el Derecho Penal en la Isla.


“Puerto Rico necesita un código que le dé garras al sistema de justicia, para sacar a los criminales de las calles y devolverle a nuestras comunidades la seguridad que tanto ansían”, dijo el primer mandatario. ¿Garras? ¿Es el sistema justicia el único que se dedica a procesar a los criminales? ¿Qué clase de animal es este que necesita más elementos de ataque? ¿Le pondrán colmillos con la próxima legislación?

Muchos lo aplaudirán aludiendo a un sinnúmero de razones y convicciones que sólo propenden a una justificación mental. Sin embargo, este podría ser el acto ejecutivo que probablemente haga más daño en todo este cuatrienio. Descaradamente, se avecina otra legislación “fast track”, de emergencia, apurada y sin sopesar lo delicado que se encuentra el estado de derecho en Puerto Rico.

Que la criminalidad es rampante. Que los asesinatos superan el número de otros años. Qué la impunidad es la orden del día. Etc., Etc., Etc.

Aseveraciones como las señaladas y otras tantas pueden surgir en estos tiempos de incertidumbre y crisis social. No obstante, es palmario que la radicación de un nuevo cuerpo legal es un ejercicio innecesario y, más aun, constituye una pérdida de dinero y tiempo.

I. Contextos: La reformulación del Derecho Penal en el 2004

La historia que nos ocupa podría decirse que comenzó con la Resolución del Senado 203 (R.S. 203) del primero de marzo del 2001. En aquella fecha el país contaba con un Código Penal que databa de 1974 y apenas salía de una de las políticas más destructoras de la historia puertorriqueña: La mano dura contra el crimen.

La Isla había estado sumida en una ola criminal que teñía de rojo las calles a la vez que trababa al pueblo con una hipnosis severa de que se estaba haciendo todo lo posible pero el crimen era demasiado vicioso para ser controlado por el Estado. Las tasas de escalamientos, agresiones, violencia doméstica, asesinatos y demás actos antijurídicos llegaron a sembrar terror en pueblos donde ni en décadas se había registrado un aumento del crimen.

La R.S. 203 organizó lo que en su momento fue una de las iniciativas más abarcadoras de la historia jurídica de los pasados 30 años. En esencia, ordenar a la Comisión de lo Jurídico en el Senado la revisión del Código de 1974, las leyes especiales y demás disposiciones penales con el fin de atemperarlo a las circunstancias sociales del Puerto Rico de aquel entonces.

Ambiciosamente se estudiaron más de una docena de jurisdicciones, leyes penales del extranjero, estudios sociológicos, estadísticas, tratados de Derecho y estudios sobre las proporciones de las penas. El producto de aquella iniciativa redundó en una serie de conclusiones que marcaron un logro en materia legislativa. Se encontró que en Puerto Rico las penas no se cumplían del todo, que había una disparidad anormal entre la conducta punible y las penas, así como una dura percepción del sujeto de derecho. En puridad, el Código Penal del 1974 enfatizaba en la peligrosidad de la persona, o sea, caía en el moralismo no positivista de antaño que trazaba una línea fina (pero brillante) entre la gente “buena” y la gente “mala”.

Estas consideraciones derrotaban las fibras más sensibles del concepto de la justicia, llevando a un nivel legal una percepción que propendía al discrimen y a la desigualdad. La gente mala nacía mala, pero sólo era casualidad el que fuesen engendrados y criados en los lugares más pobres y socialmente inestables de Puerto Rico. Además, aquel tipo de enfoque jurídico producía una anomalía procesal con la tan famosa “Felony Murder Rule”, relacionada intrínsecamente con el delito de asesinato. Esta normativa hacía responsable penalmente a una persona por aquella muerte que fuese producida por la cadena de actos que desató el sujeto. De esta forma, en la situación en que una persona asaltase un establecimiento, si la policía llegaba e intercambiaba disparos, hiriendo de vez al cajero, la culpa no era del agente que lisió al despachador sino que esta responsabilidad se le imputaba al delincuente. Esto simplemente era injusto, laceraba los principios equitativos de la administración de la justicia: la dignidad de todo ser humano, incluyendo la de aquellos que caían en el desvío de la criminalidad.

Con esto en mira, la legislatura optó por darle un vuelco a este abismo que sólo proyectaba la aplicación de penas desmedidas sin la consideración a la rehabilitación de la persona. A su vez, esta noción era como llover sobre mojado ya que los diversos mecanismos post convicción hacían que las penas no se cumplieran del todo. Curiosamente el Estado era responsable de capturar por un lado y soltar por el otro.

Así, el Código Penal del 2004 recogió la gesta de un estudio que buscaba definir con claridad que lo que se castiga son los hechos no la naturaleza de la persona. Además, elaboró un sistema de penas que fueron acordes a los actos prescritos en el cuerpo legal. En fin, se atemperó a una realidad y a un proyecto concreto de justicia social. Ciertamente hubo un respiro. Curiosamente la ola criminal sufrió un cambio.

II. Precisión legislativa vs. Elementos profilácticos

El llamado a una reforma del Código Penal peca de imprecisa en estos instantes. Ante una evidente falta de acción y un plan incompleto para contrarrestar la ola criminal, el remedio que se ofrece es solamente estético.

“Parece que muchas de las medidas van a ser cosméticas y pretenden dar la impresión al pueblo de que se está haciendo algo contra la criminalidad, pero se olvidan que esto se logra combatiendo las causas que la generan y no los códigos penales”, señaló Julio Fontanet en uno de los rotativos nacionales.

Además de lo expresado por el ex-presidente del Colegio de Abogados valdría puntualizar que la mayoría de los casos tienen faltas gravísimas en su aspecto procesal mas no en materia sustantiva, que es donde tiene su importancia el Código Penal. De esta forma nos topamos a diario con casos que se caen con los llamados “tecnicismos”. Harta ya ver a la gente pegar el grito por las absoluciones y los sobreseimientos en los procesos sin conocer que la mayoría de las faltas son producto de una malísima investigación inicial. En vez de atacar los problemas estructurales de los organismos investigativos del país, el gobierno opta por seguir practicando su política de miedo. El aumentar las penas sólo sirve como disuasivo sicológico, con esta enmienda se espera que la persona reconozca que por “x” delito tendrá una exorbitante cuantía de años de reclusión. Con un simple ejercicio silogístico la persona comienza a tener miedo de las consecuencias del acto pero, ¿es en realidad este tipo de persona el que delinca? ¿Qué pasa con la prevención? ¿Tan difícil es desarrollar una política pública que atienda este brote de coraje y rabia que inunda al pueblo?

Por otro lado, la mayoría de la actividad criminal no considera la pena hasta iniciado el procedimiento, sufragando de esta forma un sentimiento de impunidad que sólo se ve afectado cuando la cruda realidad de verse recluido aflora en su vida. Poquísimos andan evaluando cuánto le echarían de cárcel por “x” o “y” delito. Muchos otros se enfrentan a la cruda realidad de que para vivir en un país con una tasa de desempleo tan alta hace que el desvío se convierta en una opción económica. No obstante, este análisis no deja soslayado el hecho puramente político de que las propuestas alimentan bien la vista de los votantes al estos desarrollar un seudo-alivio al percatarse de que se suben los castigos. Se vive sin reconocer que pena y castigo no son sinónimos en nuestra estructura democrática. En esencia, se desarrolla este paternalismo que metaforiza a el gran padre, el Estado, dándole fuete a los que se portan mal. Mientras que, por otro lado, la actividad criminal opera ajena a esta noción porque “mientras no se me investigue adecuadamente, no se me procesará”. O sea, el Código Penal podrá decir lo que sea pero si no hay un mecanismo de implementación no sirve para nada.

Vale también recalcar que el entrenamiento que se le está dando a la policía es equivalente a un simple cursillo sobre el sistema judicial. La idea de llenar las calles de guardias es mucho más saludable a la imagen política que la buena preparación de la unidad que opera con el crimen en primera instancia. De esta forma el pueblo se topa con oficiales que no saben los elementos del procedimiento criminal, la recopilación de evidencia y muchas otras prácticas de crucial importancia para la elaboración de un caso completo. No me sorprendió el escuchar a uno de los cadetes de la policía en el 2010 (cuando fueron ordenados a realizar una cadena humana para cortar los suministros de víveres a los estudiantes en huelga) confesar que no le gustaba estudiar las materias de investigación forense y que adoraba que los exámenes fuesen “take home” porque así le pagaba a abogados para que los contestarán.

¿De qué vale entonces tener tanto policía? ¿Qué se pierde con imponer unos estándares decentes de investigación? Sin embargo, hay hambre de más: más guardias, más armas, más equipo, más gente presa. Al final del día, pocos se preguntan ¿y qué?

A los efectos, se sustituye la conciencia de justicia por un voyerismo profano hacia el castigo del otro, es entonces que el derecho penal se utiliza para meter mucha gente a la cárcel sin importar si son verdaderamente los responsables del delito. Llena los ojos el percatarse de que ahora si una persona comete el delito de asesinato múltiples veces, recibirá 99 años por el delito y este se sumará otros 99 más por cada otra víctima. Esta medida sería excelente si todos tuviésemos la longevidad de Matusalén. ¿De qué sirve todo esto entonces? ¿No es lo mismo que se establezca una pena 99 años sino de 297? ¿Por qué se aplica este tipo de medidas? Pues, porque da gusto, porque siempre necesitamos un sujeto que sufra el castigo, porque las cosas deben ser como los establecimientos de comida rápida, con combo agrandado. Se vuelve a pecar de lo mismo, las gríngolas impiden entender que vale más la prevención que la reclusión.

En vez de tratar los problemas desde la raíz nos topamos con que desvisten un santo para vestir otro. Los casos seguirán anulándose, los policías seguirán tratando de admitir más gente a sus filas en vez de reclamar mejores cursos, mejores adiestramientos (incluyendo el adentrarse en materias como sicología, sociología, terapia, artes, manejo de riesgos y prevención) y mejores programas de desarrollo personal.

Un nuevo Código Penal es sólo una apuesta política a las gradas. Un ejercicio de la plétora partidista. Si por un instante se pensara en mejorar la condición social del pueblo en vez de ganar la campanita política, esto hace años hubiese mejorado. Pero no, vamos a darle una invitación a todo el mundo para que apueste a la mediocridad, a la cultura paternalista y céntrica del castigo, la condena y la inmisericordia. Legislar se ha vuelto un ejercicio sobre las impresiones, lo estético, lo burlesco, pero en fin, para eso estamos, para darnos golpes de pecho, lucirnos y posar.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Sección de Crítica de Libros: El mercader de libros de Francisco García Moreno

(foto tomada de universia.pr)

El mercader de libros

Francisco García Moreno
Editorial Preámbulo
130 páginas

Luego de un periodo de escritura largo y silencioso, Francisco García Moreno desata un verbo mesurado y sutil en su más reciente publicación, El mercader de libros. Esta colección está comprendida por 19 relatos que exploran la construcción tradicional del cuento hispanoamericano.

El autor es nada más y nada menos que el Dr. Francisco García Moreno, nacido en España, catedrático del Departamento de Estudios Hispánicos en el Recinto Universitario de Mayagüez, y quien por años ha impartido el curso de redacción narrativa.

El mercader de libros abre con un el cuento que bautiza al texto. Este relato trabaja logradamente el misterioso concepto de la noción viajera de la literatura. García Moreno desarrolla al mercader como un personaje espiado por la voz narrativa el cual carga con un baúl que curiosamente aparenta dar vida a la literatura. Son muchas las referencias al Quijote así como la elaboración de la ficción a un nivel sicológico, siguiendo la pauta borgiana. Esta pieza sienta las bases para lo que se observará en el resto de los relatos, o sea, un manejo cordial de la palabra, sin mucho rebuscamiento pero con la intensidad necesaria, figuras que reflejan a otros grandes relatos hispanoamericanos y personajes que evocan la simpatía atípica.

Por otro lado, El mercader de libros, desata narraciones de temática novel. Bajo esta noción se observa el cuento “Los oficios necesarios”, en donde lo principal es el refranero castellano, muy utilizado en la cultura española y la puertorriqueña. Otro ejemplar moderno y sicológico se encuentra en el relato “Las escaleras mecánicas” una apuesta a los cineófilos.

Sin negar una tradición netamente ibérica, el autor trabaja cuentos que lucen el corte extremeño, así se presenta por ejemplo el cuento “En la calle Excusá vive Farruco” donde lo morisco se representa con sensualidad e intriga. Otra pieza similar lo es la narración nominada “Carta súplica del reo de muerte Alfonso de Alyseda a Su Majestad Imperial don Felipe Segundo en donde se narra cuyo fue y de sus fortunas y adversidades hasta acabar en las prisiones del Santo Oficio de la ciudad de Llerena” en donde se explora el relato histórico, valiéndose tanto del lenguaje y la forma. No concluiríamos bien esta agrupación sin mencionar el cuento titulado “Le llamaron Francisco de Asís”, relato autobiográfico que presenta una niñez española un tanto perturbadora y llena de elementos morbosos.

Además, García Moreno trabaja muy bien el realismo mágico en el cuento “A todos nos ha crecido alguna vez un árbol en las manos”, el cual el título habla por sí solo. Se une a esto el relato “Amor de maceta” el cual de forma inverosímil y hasta absurda vuelve a tocar el tema de las plantas.

El mercader de libros es un texto que gusta por su buen manejo del lenguaje, sus excelentes ilustraciones y fotografías, y también por su construcción un tanto lúdica por la impresión en forma de “landscape”. Por su contenido al estilo de Cortázar, su sensación de narración al estilo hispanoamericano y su rica variedad lingüística, se lo recomiendo a los amantes de la narrativa corta. Este libro, sin duda alguna, se sitúa entre las mejores colecciones del 2011.

jueves, 3 de marzo de 2011

Problemitas, problemitas, problemitas…

(Tomado de grockit.com)

Hablar de la UPR ahora es “cool”. Es una manera de demostrarle a los demás que tu puedes hablar de lo que está “in”. Por obra de los medios, seguramente lo que diga cualquier persona recobrará algo de interés no porque sea correcto, interesante o acertado, sino porque meramente es de la UPR y hay que problematizarla hasta que nos emborrachemos de suposiciones y preguntas. Y no se tome a mal, hay que hablar, hay que discutir, hay que escribir; no obstante, no se puede hacer por el mero hecho de hacer, hay que tomar postura y abalanzarse con esmero hacia una solución lógica y retórica, no sólo discursiva o estética.


Esta semana afloró en uno de los rotativos nacionales una columna titulada “La UPR es el problema”. Como la canción de Ricardo Arjona, trillada hasta la saciedad, el problema parece ser la inhabilidad de identificar el problema. O mejor dicho, la cuestión es el tratar de desenfocar las controversias actuales y querer darles esa significación puertorriquenísima de que nuestro presente es culpa de un pasado que se asemeja al relevo de batuta (la cansada doctrina de que somos vagos porque los taínos eran vagos etc., etc.).

Al hacer lectura de esta columna nos topamos inevitablemente con dos elementos: el distanciamiento y la antítesis. El artículo comienza con una separación del sujeto y el problema mediante el “se” pasivo e impersonal. “Se continúa arguyendo…”; “Se alega…”; “Se piensa…”; “Se cree…” etc., etc., etc. Queda claro, ab initio, que el autor no tiene nada que ver con el asunto (que tampoco tiene interés en intervenir constructivamente al mismo) y que disfruta de la visión del tercero enajenado en la torre de marfil. Así, poco a poco esboza que el problema universitario se va transformando en una cuestión de “gubernamentalidad puertorriqueña” (el issue generalizado de todas las controversias sociales de P.R.).

En el caso de las antítesis, el artículo apunta que el argumento del conflicto versa sobre el financiamiento y, más aun, el regresar al “financiamiento público de antaño”. ¿Qué rayos es eso del “financiamiento público de antaño”? ¡Sabrá Dios! ¿Cuál es el nuevo financiamiento entonces? No conozco otro mecanismo de fisco para la UPR que no sea el que tenía constituido por ley desde los momentos de su creación.

El artículo retoma el camino de lo que “se arguye” y denota que el problema universitario proviene de la política económica y fiscal que ha ido mermando el Fondo General del Estado Libre Asociado. No podemos dudar que esta perspectiva sea acertada por cuanto ese ha sido el modus operandi del gobierno de Puerto Rico en los últimos dos años: recorta aquí, quita allá, disloca acá. Sin embargo, ¿dónde es que este artículo desenfoca la problemática con la UPR?

El autor señala que la cuestión universitaria se ha atendido con un discurso anacrónico y “sin contenido alguno” por parte de los propios actores del conflicto. E aquí la barranca de la confusión. O sea, ¿la lucha por una educación de primera a un costo módico con la cual el Estado fomentaría la salida del estancamiento del sector menos privilegiado del país es un discurso vetusto e inservible? Partir de una premisa tan simplista como la expuesta en la columna arrojaría que los universitarios- que viven en carne propia el problema de su institución- no tienen la herramienta discursiva adecuada para trabajar con la presente crisis. Pensar así muestra una falta de interés y conocimiento sobre el asunto que, más allá de la ignorancia, raya en la morbosidad. Este tipo de paternalismo disfrazado de análisis financiero produce ecuaciones como: los maestros no tienen el discurso para atender los problemas magisteriales, los pescadores no tienen el enfoque adecuado para lidiar con los problemas de la pesca, y así sucesivamente, alabando la intervención de terceros, corrigiendo como el buen padre de familia, mentando la soga en la casa del ahorcado.

Este tipo de retórica, más que acunarse con los pronunciamientos gubernamentales de turno, prostituyen lo que todo ciudadano debería hacer: El aportar a la discusión para solucionar el conflicto de una de las instituciones más antiguas y más beneficiosas para Puerto Rico. El abordar el asunto según los fundamentos del artículo de marras es darle la razón a los dictámenes puramente políticos que llenan a la Junta de Síndicos de administradores comerciales carentes de una lógica académica, es ratificar los sellos de goma politiqueros que asumen puestos con el fin de dragar el fisco universitario, en fin, llevaría a la ruina total de la UPR.

Además: ¿Cómo es posible que se pretenda indicar que el problema de la Universidad de Puerto Rico ha sido su desligamiento con el país? Darle un espaldarazo a esta propuesta sería el pecar con lo que el propio artículo critica, lo anacrónico y lo irreal.

La Universidad de Puerto Rico es una de las entidades de mayor participación ciudadana en comparación con otras instituciones estatales en otros países. Es parte de nuestra cultura el aceptar que hay algo más allá de la escuela superior. Contrario a Australia o al propio EE.UU. (la referencia por excelencia según algunos), los jóvenes puertorriqueños optan mayormente por proseguir estudios con el fin de desarrollarse económicamente, social e incluso familiar. En las conexiones sanguíneas, de afinidad o amistad siempre nos toparemos con alguien que haya decidido estudiar luego de su cuarto año, y más aun, que haya tomado la decisión de estudiar en la UPR.

¿Cómo tapar el sol con un dedo? P.R. es una esmeralda de 100 x 35 en medio del Caribe, con 11 recintos distribuidos en su mapa: Aunque sea para ir a un pub, hay una interacción con gente enlazada a la UPR. Esto sin dejar a un lado el hecho de que hay un grupo de ciudadanos que trabaja en la UPR y que benefician a sus dependientes, o sea que la UPR llega a tocar incluso a aquellos que ni siquiera se proyectan a pertenecer a ella. Quien haya leído un libro de Mayra Santos Febres o de Luis Rafael Sánchez, interactúa, en parte, con la UPR. Lo mismo sucede al escuchar las opiniones radiales de José Alameda, Inés Quiles e incluso del Prof. Carlos Díaz Olivo. Hay una vinculación con la universidad, negarlo es ignorar la realidad.

(Tomado de jungnewyork.com)

Por otro lado, el acusar a la institución de ser una fábrica de personas enfiladas a una sociedad de consumo bajo el manto de Jaime Benítez a la vez que se habla de un supuesto enajenamiento con la naturaleza del país es otra contradicción. Hacer ese tipo de apuestas es dejar a un lado la labor de maestros, enfermeras y otros servidores públicos que mediante una educación de primer orden se dieron a la tarea de trabajar con una sociedad enfrascada en la miseria en tiempos pasados. Primordialmente, esa pobreza vino acentuada por el yugo económico de la metrópolis española y luego la americana. Es más, la primera se caracterizó por su constante negativa de dar una universidad a la Isla con el fin de mejorar su condición económica y social. En puridad, el análisis del artículo peca al creer que la historia puertorriqueña comenzó en el 1952.

Lo anterior se une al concepto de la Universidad como centro de hipnosis política sumada a una cultura consumista y occidentalizada. No se cómo estas palabras caben en una misma oración sin tropezar entre sí. No obstante, reenfoco en el hecho de que esta aseveración no representa la realidad de la historia universitaria. Veamos.

La UPR siempre ha sido un centro de cuestionamiento político, de problematización y crítica social. No existe tal cosa como un ser civilizado y obediente (colonial, que se sabe la Ley Foraker, la Jones y la 600 al dedillo) que se pare de frente a los estudiantes que desde la corriente del pensar comenzaron uno de los procesos de resistencia más significativos de la historia de Puerto Rico. Tampoco es pertinente el calificar de occidental a una educación que cada vez experimenta una inclinación más profunda hacia lo puertorriqueño en su contexto antillano. Esto es pretender sustituir la realidad, la historia, la materialidad de la universidad e incluso del pueblo. Seguir este tipo de discurso sólo propende a que caigamos en la carnada dudosa de sustituir las propias fibras sociales e históricas por la opinión del autor. Esto sin duda es irrespetuoso.

Certificar que “la educación universitaria estimuló la obediencia como credencial de ciudadanía y la productividad (vía el individualismo y la competencia) como propulsor de “bienestar”, debilitándose la solidaridad social y las capacidad colectivas del puertorriqueño” es cometer uno de los atentados más torcidos en el presente debate universitario. Esto se suma a la dislocada noción de que la universidad contribuyó a que le quitaran al jíbaro su felicidad pueblerina. Dudo mucho que hubiese una intención capitalista en la mente de Don Enrique Laguerre cuando, recién graduado de la UPR, regresó a su humilde pueblo a impartir clases en una comunidad que sufría por la carencia de una educación adecuada. Como lo atestigua el pasado ejemplo y cientos de otros más, el ceder ante una opinión trillada que busca deconstruir la visión de una institución que por años ha redefinido los parámetros del pensar borincano es caer en la política barata. Aceptar las aseveraciones del artículo sería una afrenta a la sinceridad.

Más aun, el autor indica que la UPR fue la que nos educó para administrar nuestra pobreza. Nos topamos entonces con el fenómeno de la sustitución, del reenfoque y la desviación. El artículo le echa la culpa a la UPR de lo que el propio gobierno ha fomentado, más aun, lo que la propia cultura del consumismo y la política del mantengo han entronizado.

A modo de conclusión, se pregunta cuánto más tendrá la ciudadanía que escuchar la retórica de la falta de fondos y cuándo se propondrá algo diferente para fortalecer la autonomía política y las capacidades de los ciudadanos.

Las contestaciones son sencillas: El discurso de falta de fondos no cesará porque es una realidad-agravada en parte por la Ley 7- y, en segundo lugar, los universitarios si han hecho propuestas que buscan la autonomía política y la capacidad ciudadana. Si a estas alturas un artículo como el que discutimos hace este tipo de preguntas es porque está tan alejado de la sociedad, tan ensimismado y separado de la realidad (incluso la realidad histórica) que su único propósito es plasmar un sentimiento abyecto hacia la UPR y el País. ¿Vergonzoso no creen?

lunes, 28 de febrero de 2011

Ficciología en Facebook

Por obra de la persuasión del colega H, Ficciología se lanza a nuevas fronteras.


Esta vez, igual que en Las Dos Fridas, una vena que sale del corazón de este blog vitalizará un espacio en la red Facebook (la cual llevará el mismo nombre).

Para leerla, observarla o cerciorarse de que nunca en su vida entrarán a semejante perfil:

1) Entren a su cuenta en facebook.com

2) Escriban Ficciologia (sin tilde) en el motor de búsqueda

3) Pestañee

4) Oprima el botón de like, comparta o deje un comentario

Para mayor certeza, pueden dejarse llevar por el nuevo logo, nuestro fiel seguidor: Freud.

viernes, 25 de febrero de 2011

La contemporaneidad de la literatura negra en Puerto Rico (2009-2010)*

Lejos de ser un tema que resuene de antaño, como una canción semi-olvidada, el tópico de lo negro en la literatura puertorriqueña ha tomado un auge, vitalidad y pertinencia que no puede ser soslayado por la crítica isleña. En palabras certeras, nuestro tiempo es de una literatura de negros, por negros y, confiadamente, para los descendientes de los negros.


Entre las publicaciones más recientes hay que destacar ciertos textos que certifican, a la vez que conmemoran, esa pizca de africanismo que corre por nuestras venas y que será hoy y por siempre el dolorcito de muelas en el espíritu burgués, clasista y blanco que busca con breves latidos seguir dominando la escena literaria en estas latitudes.

Esta literatura ha pasado por un proceso de exposición fecunda ante lo que algunos podrán calificar como el vencimiento de la otredad editorial para así llegar al Puerto Rico como puente literario de las Américas hispanoparlantes y cede de la negritud como fenómeno literario.

Nuestra exposición comienza con ciertos ejemplares que, por su vibrante caracterización de lo negro, han dejado una huella definitiva en la historia editorial del país.

El año 2009 inició con el pie derecho (si le da la gana: el izquierdo) con dos textos que determinaron las pautas para la discusión de la negritud. Surgió en aquel entonces la publicación de la veterana narradora Mayra Santos Febres, Fe en disfraz, un texto que se balancea entre las temáticas del erotismo interracial y el cuestionamiento del yo tanto en raza como en género.

Santos logró desencadenar la perspectiva de la piel como texto y voz narrativa, tanto en los personajes que elaboran el romance (si se puede llamar así) en el tiempo actual vis a vis aquellos que viven una sexualidad en el pasado. La autora de Cualquier miércoles soy tuya rebusca en las fibras de su escritura qué significan los cuerpos y el deseo desde un enfoque que detalla lo narrativo/literario.

La segunda publicación tiene el carácter de lo histórico/crítico y ha develado un mundo de letras y discursos que, con atrevimiento y en buen sentido, nos parece que debe ser investigado a mayor profundidad. Hablamos de Literatura puertorriqueña negra del siglo XIX escrita por negros de Roberto Ramos Perea.

Esta publicación presenta a un nutrido grupo de escritores que el editor, a buen juicio, reclasifica como intelectuales. Esta empresa ha rescatado del olvido a quienes lucharon desde el pensamiento y las letras por perdurar en la historia. Entre los ilustrados que se destacan en esta publicación, se encuentran:

Eleuterio Derkes, Manuel Alonso Pizarro, José Ramos y Brans, Eleuterio Lugo, Carlos Casanova, José González Quiara, Tomás Carrión Maduro, José Celso Barbosa, José Elías Levis, Arturo Más Miranda, Eduardo Conde, Luis Felipe Dessus, Enrique Lefebre, Jorge Alonso Fernández y al excelso maestro Arturo Schomber.

Haciendo eco de lo sugerido en la sección de Crítica de Libros en Radio Universidad de Puerto Rico, este texto es lectura obligatoria.

Al mencionar estos dos libros como fundamentales para la literatura negra en el 2009 no se resta el hecho de que surgieron varias publicaciones de mucho mérito en ese año pero que por cuestiones de tiempo y espacio no puedo resaltar en este escrito. No obstante, es menesteroso hacer síntesis y a tal razón saltamos a varios escritores que afloraron en el 2010 y dieron un giro al discurso de marras. La lista comienza con un magnífico ejemplar a cargo de Yvonne Denis Rosario que lleva por título Capá Prieto.



Esta obra se abraza con la de Ramos Perea en tanto rescata a los negros que fueron subyugados a una historia eclipsada y dispuesta al abandono. Denis utiliza una narración de corte protagónico donde la voz de los propios personajes es a la vez el lente con el cual se retratarán unas excelentes viñetas que incluyen a los negros que lucharon en Boca de Cangrejos, el Maestro Rafael Cordero y Adolfina Villanueva.

Capá Prieto ha circulado en Latinoamérica, España y Estados Unidos (en la cual ya sufrió una benigna traducción en aras de ser disfrutada por la comunidad negra del otro lado del charco). El libro, a pesar de ser corto, se presenta como una formidable lectura para aquellos que sean duchos en el tema. Empleando la ahora famosa técnica de eslabonar los relatos, la autora demuestra una sensibilidad única a la vez que entrega a los personajes con vida propia cual si estuviese retratándolos en sus espacios temporales y emocionales. Denis Rosario cultivó una construcción del verbo de forma limpia, una narrativa que bailaba un bolero entre historia y ficción, sin demasiados rebuscamientos pero con lo suficiente para levantar potentes figuras negras de Puerto Rico.

Por otro lado y en otro sentido, lo negro perdura con Yolanda Arroyo Pizarro y su novela Caparazones, en la cual dos mujeres se debaten en el día a día de una relación lésbica en la que se confunden visiones, trabajo, intimidad, pero sobre todo los propios caparazones, esas corazas que recubren, protegen y ocultan. Arroyo lanza una metáfora que la une al elemento de la piel trabajado por Santos Febres en Fe en disfraz y es además un proyecto que solidifica su éxito en el 2007 con la colección Ojos de Luna (la cual si trabajó directamente la negritud). A pesar de que la construcción narrativa no delata el discurso del negro en puridad, lo que distingue a la obra es su propia gestora. Yolanda Arroyo Pizarro se ha convertido en una de las voces cantantes de la prosa: Una escritora negra, audaz, de verbo certero y sin mordazas.

Dentro de esta lista del 2010 se sitúa uno de los mejores libros de narrativa que ya surca a lo internacional. Hablamos de Mundo Cruel de Luis Negrón, un texto que no describe directamente la negritud pero que adorna su narrativa con una sensación caribeña que no puede ser trazada sino al concepto de lo negro. Esta vez, los personajes denotan una musicalidad que se puede percibir a través de sus vivencias y que remonta al discurso de Rodríguez Julia en su crónica El entierro de Cortijo. A toda luz, Mundo Cruel se entrona como el mejor libro de literatura gay en los anaqueles de las librerías puertorriqueñas, presentando un rostro sandunguero y triste de la puertorriqueñidad, con personajes que sobreviven y se desviven, y que a nuestro entender cargan con la negritud en sus venas.

En similar cadencia se encuentra Palo de Lluvia de Xavier Valcárcel, un libro que trabaja de forma indirecta la negritud utilizando dos elementos: el objeto y el locativo literario. A saber, este poemario distingue sus versos entre la madera y el agua (que en su mayoría la constituye el mar). Valcárcel nos muestra una poesía con vicios de ontología, donde el ser, el concepto del yo y la espacialidad se confunden en la voz poética con crudeza. De esta forma, esta poesía adopta en algunos instantes un tono en el cual los cuerpos se desgarran, donde los ojos contemplan el mar y donde la voz se adueña definitivamente del litoral (espacio del negro y de su musicalidad).

Estas publicaciones sirven de base para confirmar que nuestra literatura es una de negros la cual ha generado una genealogía que se extiende desde el informe del Mariscal O’Reilly, La Cuarterona de Tapia y los dramas de Derkes. Y que a su vez, esta trayectoria ha continuado en los versos palesianos, la vanguardia que adoptó el cimarronismo como expresión de libertad y en la Julia de Burgos quien, en conjunto con Clara Lair, saboreó lo negro en sus versos. Quedaría incompleta esta breve e injusta nominación (que para nada se debe entender como limitativa y taxativa), si se dejase a un lado Rodríguez Julia y Luis Rafael Sánchez como testigos de ese sonido a grifería que se esparce en las entrelíneas de nuestras ediciones.

Resta decir, o mejor, dar fe, de que lo negro no perdura sino que existe. Nunca se ha perdido, no es pasado, ni historia: Está aquí, entre nosotros y los escritores puertorriqueños lo confirman.

*Originalmente publicado en http://www.laacera.com/posts/nelson-e-vera-santiago/2011/02/la-contemporaneidad-de-la-literatura-negra-en-puerto-rico-2009-

martes, 22 de febrero de 2011

Crítica de Libros: Volumen 79 de la Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, Núm. 4



Vol. 79, Núm. 4 de la Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico
Varios
238 páginas
Revista Jurídica de la Escuela de Derecho de la UPR


            La Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico es la principal publicación jurídica en nuestras latitudes y su alcance se extiende a una vasta comunidad de lectores tanto en Estados Unidos como en el mundo hispanoamericano. Este año, luego de la huelga, la Revista publica un número que repasa el acontecer jurídico al cumplirse los cinco años de vigencia del Código Penal de Puerto Rico.
            Recientemente la discusión en las esferas públicas ha incluido diversos temas sobre Derecho Penal, a saber: Los arrestos por desobediencia civil en la UPR, la creciente ola de asesinatos en la Isla y los rumores de una posible enmienda al Código Penal. Es por estos elementos que el lanzamiento de este número se presenta como una formidable apuesta hacia la orientación del ciudadano común y el jurista en torno a estos tópicos.
Tres son los artículos que más llaman la atención en esta tirada. Primeramente nos topamos con la visión de lo que se conoce como “delito” tanto en su definición jurídica como en sus fines teóricos en un artículo que ofrece la perspectiva del laureado penalista chileno Juan Pablo Mañalich Rafo. El escrito, titulado “El concepto del delito bajo el Código Penal de Puerto Rico”, ofrece una visión capaz de orientar al curioso sobre qué es delito en Puerto Rico y por qué.
En segundo lugar, el artículo de la Dra. Dora Nevares, bautizado como “Las penas en el nuevo Código Penal: a cinco años de su vigencia”, ofrece una visión estructural del cuerpo legal que más impacto tiene en la ciudadanía puertorriqueña. El mérito de este trabajo no sólo subyace en la excelente explicación de las acciones punibles en la Isla, sino en el hecho de que su autora fue la principal gestora del Código Penal.
Como tercer ejemplo nace el escrito “Autores y cooperadores” del Profesor de la Pace University Law School, Luis Chiesa. Este artículo trabaja de manera científica y explicativa la decisión del caso Pueblo v. Sustache, uno de los acontecimientos más estremecedores de la pasada década en la cual un miembro de la Policía de Puerto Rico disparó contra el ciudadano Miguel Cáceres Cruz. Sin duda este escrito presenta una interesante perspectiva en torno a las dificultades jurídicas que se presentaron a la hora de decidir este controversial caso.
La Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico ha compilado una colección de derecho penal accesible no tan solo al especialista sino a todo aquel que desee orientarse sobre uno de los temas más controversiales actualmente. Se lo recomiendo a los abogados, sociólogos, sicólogos y al ciudadano particular a echar un vistazo a cómo funciona el Derecho Penal en tiempos en que la criminalidad, la insensibilidad y la incertidumbre preponderan en la idiosincrasia puertorriqueña.

Festival de Palabra 2011

La palabra en Plaza 2011

Todo está en marcha…
Espéranos (Expect Us)

viernes, 18 de febrero de 2011

Contestación a Iván Chaar López

Apelando a la comunicación y, más aun, a un proceso de dialéctica producto de la invitación del colega Iván Chaar López, me apresto a realizar un pequeño ejercicio en torno a su escrito Seguimos, publicado en su espacio virtual, Multitud Enred(ada). Iván, con aprecio,…elaboremos un espacio de discusión:


La huelga en la Universidad de Puerto Rico (UPR) ha producido un sinnúmero de discursos que mayormente redundan en la convalidación o no del fenómeno de la huelga. Sin lugar a dudas, vale la pena sentarse a analizar los pro’ y contras de este movimiento, tal cual lo hace Chaar López. No obstante, a pesar de que su conclusión es un tanto acertada, en cuanto conglomera el pensar de muchos de los estudiantes que se encuentran en una situación que implica difíciles decisiones, algunos fundamentos para sostener la misma son, en cierta medida, focalmente dislocados.

La Ley del Fondo Especial para Becas de la Universidad de Puerto Rico, P. del S. 1895, firmada por el primer ejecutivo el 30 de noviembre de 2010

La llamada Ley de Becas fue uno de los intentos de disuasión por parte de los políticos para detener el apoyo de un nutrido grupo de estudiantes a la vez que cimentaba el juego político del Presidente del Senado. Una granadita: Eso fue lo que simbolizó esta medida, la cual era en esencia un mecanismo para medir la disposición política de Luis G. Fortuño. El P. del S. 1895 fue el barómetro político con el cual se determinó, para bien o para mal, que el asunto en la UPR se ha convertido en uno de los catalíticos que determinarán las elecciones del 2012.

Sin querer queriendo, los estudiantes se vieron en medio de un vórtice de propuestas y tirijalas entre los líderes de la mayoría partidista mientras debatían si la huelga ponía o no la acreditación en juego. Al final del tramo, el Gobernador firmó la ley, no por presiones departe del estudiantado (cosa que certifica Chaar López) sino por el costó político que conllevaba el negarla.

A razón de lo expuesto, vale la pena formularse: ¿En huelga o no, se hubiese firmado el P.del S. 1895? La contestación es en lo afirmativo.

El proyecto no estaba determinado a las consecuencias de un movimiento de paralización, era un planteamiento de política pública, de discurso para las masas que se sientan a ver las noticias a las 6 (o la Comay), en puridad, era una cuestión de mejorar imágenes y limpiar un poco las manchas post Ley 7 y post Huelga (Primera Parte).

Hubiese o no huelga, dando por sentado que la radicación del Proyecto se dio en un contexto donde no existía tal paralización, iba a ser firmado por el miedo a una reacción popular. La intransigencia palmaria fue eclipsada porque forzosamente se tenía que llegar a un estado de neutralidad ideológica (aparente) en la imagen del Primer Ejecutivo (Me habían llegado rumores de que el Gobernador se había opuesto tenazmente al proyecto, pero varios asesores intercedieron).

Según lo expuesto, sin quitar méritos a la apuesta de Chaar López, la Huelga y la Ley de Becas, analógicamente, son: Vehículos que transitan por el mismo camino pero que no llegaron a un mismo fin porque no eran conducidos por los mismos intereses.

“Trial & Error” y el problema de los $$$

Como segundo punto, Chaar López apunta que el proceso de la huelga fue en cierta medida un ejercicio de experimentación. Principalmente, para “probar tácticas y retar límites”. Sin embargo, este proceso, claramente positivista, se enfrenta inevitablemente a uno de los argumentos que esbozan algunos compañeros, el cual puede resumirse en: ¿En realidad hubo una huelga?

O sea, a pesar de la existencia de un voto de huelga (que muchos han dicho que nos lo pasaron a la mala) la materialización de ese elemento nunca llegó formalizarse. Siguiendo esa línea, la cual necesita corroborarse por estar atisbada de controversias fácticas, el problema del llamado “trial & error” que cita Chaar López puede ser más el producto de la no-huelga: De una huelga natimuerta que se vio forzada a los métodos no tradicionales y que inevitablemente detonó en la confrontación como mecanismo del ejercicio político.

Sin embargo, la crudeza de lo antes expuesto no debe ser tomado como cierto totalmente, ya que si empleamos un poco la experiencia y las discusiones en los plenos, lo que tenemos en nuestras manos fue la “nueva huelga”: Una huelga que no trancó portones, que no se acuarteló y que en cada momento se presentó como una alternativa combativa (en todo el sentido de la frase) y que llamaba al careo con el intruso (la Policía de Puerto Rico). Inevitablemente, no puedo hacer un juicio de esto, ya que para algunos la huelga nunca se dio mientras para otros se dio de otra forma. Esto se lo dejo a quienes deseen pelarse los ojos pensando en esto. Empero, mi postura va más hacia al llamado “Trial & Error”.

Concluyo que ese fenómeno de la experimentación existió incluso desde antes de que se llevara a cabo esta Segunda Huelga (No-Huelga o Nueva Huelga). Ese evaluar de estrategias y límites siempre ha estado ahí, pero los recientes conflictos sirvieron de lupa; forzaron a prestar nuestra atención ante el tanteo del estudiantado. Tanteo necesario, que primordialmente surgió como consecuencia de las acciones de la administración (por soldar los portones, por meter la policía a los fueros, de noche y con un shock and awe de dimensiones absurdas, momento que presencié junto a Chaar López y que nos indignó muchísimo).

La filigrana de los argumentos presenta que tanto Chaar como este servidor, creemos que el proceso de experimentación no es ni malo y ni absurdo, sino necesario. Sin embargo, la cuestión que se muestra latente subyace en lo que Chaar denomina el problema de los espacios de discusión y en el intento de cuantificar los procesos de pensamiento. Esto, más que un problema característico de la Huelga, es un problema discursivo. ¿Quién le va a quitar lo económico al grupo de marxistas que ejemplifican la desigualdad en jerga económica? O sea, ¿esto es un problema por los chavos o es más un problema por el espacio de pensamiento universal? Sin lugar a dudas es una cuestión dual y lleva a replantearnos los fines de la lucha. Se pelea por el problema económico o por el problema de represión del pensamiento, o en el mejor de los casos, por los dos. No obstante: ¿Son opciones a escoger o son indisolubles? Forzoso es concluir que algunos luchan por ese espacio de justicia social y económica mientras otros lo hacen por salvar el pensamiento y que en una marcha no se distinguen con facilidad. Sin embargo, trazando esto a la huelga: ¿no es eso lo que unió al estudiantado? ¿No habían intelectuales tirando piedras? ¿No había combatientes que se preocupaban por la libertad de pensamiento en un estado de ponderación y aplicación del discurso? En todo caso, considero que había ejemplos de ambos.

A pesar de lo anterior, subyace el problema de que el discurso mediático se circunscribe a lo económico y esto es lo que a Chaar López le preocupa. O sea: ¿Dónde se quedaron los programas en pausa? ¿Qué pasó con la retórica de no se puede estudiar en un recinto sitiado?

Por mi parte, la preocupación del colega es genuina y creo que la metáfora de darle “play” a los programas en pausa recoge muy bien esa problemática que en gran medida fue soslayada. Sin embargo, no creo que este asunto haya aflorado tanto en el estudiantado (no creo que las piedras llevaran escrito “saquen a Hispánicos de la pausa”), más bien, a quienes trastocó este fenómeno fue a los claustrales (no sin dejar a un lado a un nutrido grupo de estudiantes que dieron la pelea) y yace ahí la esencia de la subida a escena de la Asociación de Profesores Universitarios. ¿Por qué no acapararon mediáticamente en contra del asalto al pensar? Quizás Chaar López tiene la contestación o por lo menos la profesó al publicar el ensayo del profesor Quintero Herencia en Multitud Enred(ada).

En cierta medida, hay que adjuntar a esto el hecho de que lamentablemente la cuestión con los medios y su visión comercializada del asunto en la UPR es producto de la maldita cultura capitalista que deja a un lado la preocupación que debe generar la puñalada al conocimiento. Jodidamente, la cobertura apunta al dinero porque el que ve desde su hogar el conflicto se identifica más con no tener un peso a no tener un espacio para discutir y pensar. Esto implica que se tiene un problema mediático, no relacionado a la huelga, sino a aquellos que transportan el mensaje de los estudiantes a los televidentes, lectores y radioescuchas, etc. He aquí mi principal crítica a la fundamentación que ofreció Chaar López: A mi entender, los medios contribuyeron al dejar a un lado una noticia que posiblemente demostrara la esencia de todo esto, o sea el problema de que en la Universidad se prohibía pensar, eso no fue un efecto de la huelga. Surge entonces mi pregunta: ¿Qué rayos le pasa a los medios que no están profundizando en el por qué de las acciones estudiantiles? ¿Tenemos que hacerle el trabajo de pensar mientras ellos se dedican a cubrir y hacer rating solamente?

Conclusión: Una nueva fundamentación/ Hacia el re-pensamiento de la Universidad y su discurso de defensa

Según fue descrito al inicio de esta vebo-diarrea, a pesar de que algunos de los fundamentos que ofrece Chaar López pueden ser re-elaborados, me inclino a darle la razón en cuanto a su conclusión. Creo que su llamado a desarrollar nuevos espacios de discusión e intercambio, promueven el resolver la necesidad que ahora mismo hace un llamado de auxilio.

Ante este marco de elaboraciones y construcciones pro UPR que expongo, le recuerdo a Chaar López que lo que está ocurriendo en el presente debate educativo (a nivel superior y quizás a un nivel supremo a este) no se circunscribirá meramente a la ratificación o no de una huelga.

Chaar López ha tenido la contestación durante todo este tiempo (Lo sabes Iván, pero me sorprende que el juego de semántica- Huelga, Boycot, Manifestaciones, etc, etc,- ha problematizado demasiado todo este asunto como para no darnos cuentas-me incluyo-) y siendo más claro, propongo un nuevo fundamento para tu apuesta a la transformación del discurso y la lucha:

No hace falta una asamblea, una huelga, no hace falta que la nombremos o no, porque la defensa del pensamiento y la discusión es atemporal y ajena a la existencia o no de los conflictos sociales (pero no indiferente), debe ser una defensa eterna. La universidad no se circunscribe a paredes, profesores, promedios y propuestas. La universidad sólo une nuestro pensar, mas no lo sitia. Creo que es hora de llevar el concepto universitario a otro nivel, a salir de la desidia y a enfrentar discursivamente. No porque haya estado ausente dicho paradigma sino porque una huelga universitaria sin la base ideológica del saber y el discutir es retórica vacía y cae en lo que en los pasados días hemos atestiguado: violencia. Todo movimiento se presencia con una teoría que lo solidifica y lo fundamente, hay que llevar a cabo ese ejercicio, porque la oposición ya lo ha hecho.

Además, indudablemente Chaar López lo había predicho ya que todo esto se convirtió en su propia propuesta-nos aparecemos de día, Pintamos, Bailamos, Marchamos, nos aparecemos de noche, algunos van a sus clases otros no, etc.- o sea, al final de la hora hay que admitir que todo esto se convirtió en la sublevación carnavalesca o su parecido.

Por mi alergia a Facebook no he podido leer, en su totalidad, las proclamas emitidas y suscritas por mis compadres Arturo Ríos, René Vargas y otros que llaman a la causa. Ante todo esto, certifico que lo menesteroso es contestar al llamado que se hizo en el ensayo ¿Seguimos?

Iván: Has tenido razón todo este tiempo. Creo que tu conclusión es acertada. ¿Seguimos? Seguro. Avísame, que en ese proyecto cuentas conmigo. Seguimos y seguiremos “por la defensa de una universidad abierta, crítica y reflexiva.”

Cordialmente,

NEVS